Power of Siberia 2 (y IV): ¿Una evocación política a la ruta comercial de los imperios ruso y Qing?

Madrid. La remota península de Yamal, situada en el noroeste de Siberia y bañada por el mar de Kara, es una de las regiones más estratégicas de Rusia por razones energéticas, geopolíticas y de infraestructura. Bajo el permafrost -suelo permanentemente congelado- alberga algunos de los yacimientos de gas más grandes del mundo, que representan para el país más del 20 % de las reservas totales de estos hidrocarburos. Es, en suma, un pilar del suministro de combustible ruso y uno de los polos energéticos más importantes del Ártico.
El nombre «Yamal» proviene del idioma de los nenets, un pueblo de tradiciones ancestrales de pastores nómadas que migran con sus renos por la tundra. Significa «fin del mundo», lo cual es bastante apropiado por su localización y condiciones extremas. Durante el verano, que suele ser muy corto y frío, el deshielo parcial forma pantanos, lagos y ríos, pero la vegetación es escasa, poco más que musgos, líquenes y pequeñas hierbas.
La explotación de esta área es reciente, si bien en los años 80 la antigua URSS consideró Yamal como una reserva estratégica de gas para el futuro, una vez agotados los campos del oeste de Siberia. Sin embargo, ya entonces se iniciaron algunos proyectos de infraestructura y estudios, pero el colapso de la Unión Soviética en 1991 detuvo casi todos los desarrollos. Un nuevo golpe llegó con la crisis económica rusa de esa década, que terminó por paralizar los proyectos de Yamal. Solo a finales de los 90, la empresa estatal rusa Gazprom retomó la planificación.
Desde 2013, Gazprom ha desarrollado en esta zona el megaproyecto Yamal LNG, en colaboración con la también energética rusa Novatek, la francesa TotalEnergies y las chinas CNPC y CNOOC, entre otros, lo que ha permitido exportar gas licuado directamente a Europa y Asia, incluso durante el invierno.
Yamal se ha convertido en un centro logístico ártico, con el puerto de Sabetta como su «puerta al mundo», al estar diseñado para operar todo el año gracias a una flota de rompehielos con cargamentos de gas natural licuado a través de la Ruta del Mar del Norte, un trayecto más corto que el que pasa por el canal de Suez para conectar Rusia con Asia. Aunque Rusia ambiciona que Yamal sea el epicentro energético del Ártico, combinando extracción, transporte y procesamiento de gas, las sanciones internacionales por la guerra de Ucrania y las dificultades logísticas pueden ralentizar su crecimiento.
El trazado del «Power of Siberia 2» conectará dos mundos: las superficies septentrionales de hielos perpetuos de Rusia con las llanuras agrícolas del norte de China. Desde los campos de Yamal el proyecto atraviesa Siberia occidental y la zona sur-central de esta región. En la sección oriental, se prevén pasos bordeando el macizo del lago Baikal, un cuerpo de agua de origen tectónico, famoso por ser el más profundo y antiguo del mundo, y por contener el 20 % del agua dulce no congelada del planeta. Después, la infraestructura se encamina al sur hacia la frontera con Mongolia.
En este punto, el gas se canalizaría por el este del país, entrando por la ciudad de Kyakhta, justo en la frontera ruso-mongol. Desde Mongolia el gas penetraría en el norte de China, probablemente a regiones industriales como Mongolia Interior, Hebei o Pekín, impulsando el desarrollo energético local. El plan definitivo todavía depende de acuerdos técnicos y medioambientales y de estudios de viabilidad. En realidad, las rutas publicadas son en parte estimaciones.
El trazado recuerda a las antiguas rutas de comercio siberiano-mongolas, como la Ruta del Té y de los Caballos, que unía Irkutsk, en el sureste de Rusia, con Pekín a través de Kyakhta y Ulán Bator, la capital de Mongolia. De hecho, este paso fronterizo, por donde se prevé que entre el gasoducto a Mongolia, era el mismo punto de intercambio comercial entre el Imperio ruso y el Imperio chino durante los siglos XVIII y XIX.
Kyakhta es uno de los lugares más fascinantes de la historia del comercio euroasiático. Su papel fue clave durante más de dos siglos y el hecho de que el Power of Siberia 2 vuelva a pasar por allí tiene un enorme simbolismo histórico. Esta ciudad del sur de Siberia se encuentra justo frente a Maimaicheng, enclave chino que fue un asentamiento comercial en la época.
Tras el Tratado de Kyakhta (1727) entre el Imperio ruso y la dinastía Qing, se estableció oficialmente la frontera entre ambos imperios y Kyakhta fue designada como zona exclusiva de comercio autorizado entre Rusia y China, para controlar y gravar el intercambio. Desde entonces, Kyakhta, donde residían los mercaderes rusos, y Maimaicheng, habitado por comerciantes chinos, formaron un auténtico emporio euroasiático, comparable a los grandes nodos de la Ruta de la Seda.
Era el corazón de la Ruta del Té y de los Caballos. Desde China salían caravanas cargadas de té, seda, porcelana y especias. Desde Rusia llegaban pieles, metales, textiles y productos europeos, especialmente tras la apertura de San Petersburgo y el comercio marítimo con Europa occidental.
Kyakhta, ubicada en un territorio amplio y accesible, fácil de atravesar a caballo, se convirtió en una de las ciudades más ricas de Siberia en el siglo XIX, con palacetes de mercaderes, almacenes y caravasares, posadas donde las caravanas de mercaderes podían descansar y dormir, alimentar y resguardar a los animales -camellos y caballos, principalmente-, reabastecerse de agua, comida y suministros, así como comerciar y reunirse con otros viajeros.
Además, gozaba de un clima templado dentro de Siberia, más apto para el comercio que las regiones frías del norte. Su posición en una zona de frontera natural también permitía controlar el flujo comercial fácilmente mediante aduanas y fortificaciones.
Desde Kyakhta, las caravanas que llegaban procedentes de Pekín continuaban hacia Irkutsk y el río Lena, que conectaba con el Océano Ártico y el interior ruso, integrándose con las rutas hacia Moscú y San Petersburgo. En total, la ruta cubría unos 5.000-6.000 kilómetros, una distancia similar a la del gasoducto Power of Siberia 2.
La travesía duraba de nueve meses a un año y se transportaban las mercancías en caravanas de camellos o trineos, según la estación. Era una ruta más segura que las del desierto de Gobi o Asia Central, y más directa que las travesías marítimas por el sur, que estaban controladas por potencias europeas, y tenía buenas fuentes de agua y pastos para los animales de carga, condición esencial para caravanas.
Gracias a todo esto, Kyakhta se convirtió en un centro de cultura y lengua mixta ruso-china-mongola, y, al igual que Samarcanda en la Ruta de la Seda, funcionó como un importante nodo terrestre de paso. Llegó a competir con Vladivostok, que se desarrolló como puerto marítimo y pujaba por el control del comercio ruso en la región del Lejano Oriente.
Sin embargo, el auge del ferrocarril Transiberiano a finales del siglo XIX y las nuevas rutas marítimas que transportaban té por barco desde Cantón, hicieron que Kyakhta perdiera su relevancia comercial. Pese a ello, la ciudad conserva todavía su historia, con edificios neoclásicos de comerciantes y un museo del comercio del té.
Hoy, con el proyecto del gasoducto Power of Siberia 2, el antiguo corredor de caravanas vuelve a cobrar importancia -ahora no para té y seda, sino para energía-. Rusia y China vuelven a unir sus economías a través del mismo vínculo histórico. Es la herencia de un pasado compartido que valida el proyecto del gasoducto, un simbolismo que a Rusia le sirve para enfatizar que esta «vuelta hacia Asia» no es algo nuevo.







