La economía surcoreana se recompone (I): Tras la crisis política y apoyada en sus pujantes exportaciones

Madrid. La economía de Corea del Sur va recuperando la normalidad tras la efímera declaración de la ley marcial impuesta por el expresidente Yoon Suk-yeol en diciembre de 2024. Ha pasado algo más de un año desde aquel bochornoso episodio y se puede afirmar que el país comienza a mostrar señales de crecimiento sostenido.
Este 2025 comenzó con una marcada agitación política a raíz de aquel decreto que alegaba que era necesario para «eliminar fuerzas antiestatales» y proteger el país de supuestas amenazas internas y de Corea del Norte, si bien a posteriori fue considerado inconstitucional. Las abruptas turbulencias que provocó se notaron inmediatamente en la evolución de los mercados financieros y cambiarios y en la economía del país. El won coreano cayó a mínimos de varios años frente al dólar estadounidense, mientras que el índice bursátil de referencia, el Korea Composite Stock Price Index (KOSPI), se desplomó.
Por su parte, el PIB se contrajo un 0,2 % en el primer trimestre de este año, acusando el deterioro de la confianza de los consumidores tras la crisis política. Este revés se dejó notar en gran medida en la caída de la demanda del sector servicios, especialmente en el entretenimiento y la hostelería. Y, para colmo, los aranceles introducidos por el presidente estadounidense, Donald Trump, tensaron aún más la economía surcoreana, muy dependiente de las exportaciones.
La desaceleración llevó a que importantes instituciones económicas, incluido el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco de Corea (BOK), redujeran casi a la mitad sus previsiones de crecimiento para 2025, hasta alrededor del 0,8 %.
Sin embargo, en el segundo trimestre la economía surcoreana volvió a registrar un crecimiento del 0,6 %, gracias al pujante ritmo de las exportaciones, que cobró todavía más brío en el tercer trimestre -subieron un 1,5 % por la sólida demanda de semiconductores relacionados con la Inteligencia Artificial (IA) y de automóviles-, cuando la tasa de crecimiento del PIB se ubicó entre las más altas de los principales países del mundo, con un 1,16 %. O sea, fue la expansión más rápida en aproximadamente un año y medio, azuzada por la aceleración del consumo privado, que aumentó un 1,3 % entre julio y septiembre, cosechando el mayor avance desde finales de 2022. Una mayor confianza del consumidor suele traducirse en un aumento del gasto, un motor clave del crecimiento para cualquier economía.
Y esa tónica continúa. El Índice Compuesto de Confianza del Consumidor (CCSI), publicado por el Banco de Corea el pasado 25 de noviembre, subió 2,6 puntos respecto al mes anterior, situándose en 112,4. Esto representó la primera mejora de este tipo en un período de tres meses y marcó el mejor comportamiento desde la lectura de 113,9 de noviembre de 2017.
En esta mejoría han influido varios factores que han conseguido también restaurar la confianza de los inversores -solo hay que observar la revalorización del KOSPI en 2025, superior al 70 %-. La respuesta fiscal del Gobierno, combinada con la gran fortaleza de las exportaciones del país, ha reactivado el impulso económico desde que el presidente Lee Jae-myung asumió el cargo en junio. La nueva administración aplicó rápidamente un segundo presupuesto suplementario, amplió el gasto público e introdujo medidas de gran escala para estimular el consumo de los surcoreanos.
En particular, algunos expertos han atribuido gran parte del repunte de la economía al programa gubernamental de «cupones de consumo», que proporcionó transferencias directas de efectivo -103 dólares a todos los ciudadanos en julio, seguido de 70 dólares a aproximadamente el 90 % de la población en septiembre-.
También hay que reseñar el espaldarazo que supuso el que Seúl y Washington cerraran los detalles del paquete de inversión de 350.000 millones de dólares de Corea en Estados Unidos a cambio de que la Administración americana reduzca los aranceles «recíprocos» del 25 % al 15 %, en el marco de su acuerdo comercial concluido durante la reunión del presidente Lee con Trump en la cumbre de la APEC en la ciudad surcoreana de Gyeonggi. Esto, sin duda, eliminó una fuente significativa de incertidumbre sobre las perspectivas de las exportaciones del país, una palanca indispensable para el progreso de Corea del Sur que proporcionará más potencial al crecimiento en 2026.
El FMI ha señalado que la economía surcoreana ha entrado en una fase de recuperación y espera mejoras de mayor calado en 2026. El banco japonés Nomura Securities, confiando en el ‘efecto riqueza’ que restablecerá el auge del consumo, ha elevado su pronóstico para la tasa de crecimiento del PIB de Corea para el año que comienza, del 1,9 % previo al 2,3 %, claramente por encima del 1,8 % del propio FMI y del 2,2 % de la OCDE.
No han sido los únicos en dar este paso. Otros grandes bancos de inversión globales como Barclays, Bank of America o Citigroup han revisado al alza sus perspectivas de crecimiento económico para Corea del Sur de cara a 2026, proyectando que la cuarta economía más grande de Asia crecería un 1,9 % sobre la base de que las exportaciones del país se mantendrán sólidas.
En este escenario, las empresas locales han tomado la iniciativa con ambiciosos planes de inversión. Samsung Electronics anunció que la empresa y sus filiales destinarán la cifra récord de unos 310.660 millones de dólares a sus operaciones en todo el país durante los próximos cinco años. El plan contempla inversión en centros de datos de IA, investigación y desarrollo, así como una nueva línea de producción de chips en Pyeongtaek, en la provincia de Gyeonggi, norte del país, que comenzará a funcionar a gran escala en 2028, con el objetivo de cubrir la creciente demanda ante el boom de la IA.
Hyundai Motor Group, por su parte, se comprometió a invertir 125,2 billones de wones en el mismo período, destinando fondos a robótica, conducción autónoma y la creación de plantas de producción dedicadas a vehículos eléctricos.
El conglomerado multinacional surcoreano LG anunció que invertirá alrededor de 100 billones de wones en los próximos cinco años, dedicando el 60 % al desarrollo tecnológico y la expansión de los segmentos de materiales, componentes y equipos.
Asimismo, el Grupo SK, también un conglomerado multinacional surcoreano, el tercero más grande del país (un chaebol), reiteró su promesa anterior de invertir unos 128 billones de wones hasta 2028, al argumentar el incremento en la demanda de chips de memoria y las rápidas mejoras en los procesos impulsan la necesidad de inversión.
En general, hay un consenso razonable de que 2026 será un año de reactivación moderada para Corea del Sur, tras un 2025 complicado. Y todo ello sin olvidarse de China, que es el socio comercial más importante de Corea del Sur. Gran parte de las exportaciones surcoreanas -especialmente productos industriales, semiconductores, bienes intermedios y manufacturas de alto valor- van dirigidas al gigante asiático, con el que comparten cadenas de valor integradas: muchas empresas coreanas producen componentes o bienes intermedios que luego se ensamblan o usan dentro de China, o que compiten en mercados regionales de China.
Corea del Sur también importa de China materias primas, componentes, productos manufacturados de menor coste y bienes de consumo, lo que representa un complemento importante para su industria y mercado interno. En otras palabras, la relación comercial Corea del Sur-China sigue siendo central para la economía surcoreana y tendrá una importancia capital en la evolución de la economía del país en 2026.







