Corea del Norte elimina en su Constitución la reunificación pero no incluye al Sur como un Estado «hostil»

El líder de Corea del Norte, Kim Kong-un. | Kremlin.ru, Wikimedia
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Madrid. Cuando en octubre de 2024 Corea del Norte modificó algunos detalles sobre la enmienda constitucional que pensaba realizar definía al Sur como un «Estado hostil», en una primera modificación de su carta magna que eliminaba todo lo relacionado a una posible reunificación de las dos Coreas, pero ahora la Constitución revisada ha eliminado toda referencia a la reunificación con su vecina del Sur, pero, sin embargo, no ha incluido el adjetivo «hostil» que declara a Corea del Sur como su enemigo, un significativo avance hacia un hipotético mayor entendimiento entre Pyongyang y Seúl.

Según el nuevo documento, revisado este pasado 6 de mayo de 2026, define ahora su territorio como el comprendido entre China y Rusia al norte y Corea del Sur al sur, junto con sus aguas y espacio aéreo, eliminando todas las menciones de reunificación que aparecían en versiones previas.

De esta forma, se disipa en la Constitución norcoreana revisada términos como enemistad u hostilidad entre las dos Coreas como se habían producido en anteriores ocasiones. Una realidad política que puede servir para rebajar tensiones y crear un dinamismo de mayor confianza entre los dos países que siguen divididos tras la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial, en 1945, que colonizaba la península coreana desde 1910.

De hecho, Kim Jong-un para reforzar su propia imagen de poder, de reafirmación a su estricto régimen y de máximo control dentro de Corea del Norte calificó en marzo pasado a Corea del Sur como un «Estado hostil» durante una de las sesiones de la Asamblea Popular Suprema, una descalificación más dirigida a nivel doméstico que a su vecina del Sur, pues nunca Pyongyang va a tener un presidente de Corea del Sur, Lee Jae-myung, dispuesto a estrechar todo vínculo posible con el Norte en aras de una paz definitiva, en especial propuestas en abrir canales de mejora y entendimiento con el régimen norcoreano. Kim Jong-un solo le interesa consolidar su régimen y la dinastía de los Kim con el asunto nuclear como arma prioritaria, dado que el programa nuclear es definido como su «escudo nuclear» y la garantía de su supervivencia.

La revisión constitucional refuerza el poder del también presidente del Comité de Asuntos de Estado norcoreano, puesto ocupado por Kim Jong-un al que define como «jefe de Estado» y lo sitúa por encima de la Asamblea Popular Suprema en el orden institucional por primera vez, eliminando así la facultad del Parlamento de mera formalidad para destituirlo.

Corea del Norte adoptó por primera vez su Constitución en 1948 y la enmendó, cinco veces, antes de introducir la Constitución socialista en 1972. Tras otras 12 enmiendas, volvió a revisar el documento en marzo de este año, eliminando el término «socialista» del título, dado que la República Popular Democrática de Corea se define a sí misma constitucionalmente como un estado socialista bajo el control único del Partido de los Trabajadores de Corea. Sin embargo, su modelo es singular, basado en la ideología Juche (autosuficiencia nacionalista) y un sistema dinástico, diferenciándose del socialismo marxista-leninista tradicional.

En suma, es destacable que la Constitución ahora no identifica a Corea del Sur como un «enemigo principal», contradiciendo la suposición ampliamente extendida de que lo haría, tras la descripción previa de Seúl como enemigo por parte del líder Kin Jong-un. No obstante, Corea del Norte se reserva el derecho a defender su territorio, aunque no lo precisa con exactitud, para futuras reclamaciones territoriales que mantiene con Seúl, como puede ser las zonas marítimas en disputa que incluyen la Línea de Límite Norte en el mar Amarillo. Una omisión que podría interpretarse como una manera de calmar cualquier conflicto bilateral con Corea del Sur, a la vez que proyecta la doctrina de «dos estados hostiles» con la que Kim Jong-un busca polarizar a su sociedad y mantener y proteger el poder.

La propia revisión constitucional puede resultar positiva al establecer fundamentos para una “coexistencia pacífica” entre las dos Coreas, dado que al desaparecer la palabra “hostil” hacia Corea del Sur se originarían más mecanismos hacía una confianza inexistente pero clave para que los dos Estados puedan desarrollar un acercamiento político-económico-social.

Una revisión constitucional a medida del «mariscal» Kim que introduce una cláusula que otorga al líder el control directo de las armas nucleares que omite la reunificación con Corea del Sur. Ahora, ya con esta revisión constitucional, Kim tiene el control de las fuerzas nucleares de Corea del Norte como un «Estado responsable con armas nucleares». Sin embargo, lo más llamativo radica que en esa reforma o revisión, depende como se otorgue la modificación de la carta magna, elimina las referencias a los logros de su abuelo y fundador del Estado, Kim Il-sung, y de su padre y antecesor, Kim Jong-il, de acuerdo con las últimas medidas de Kim para reforzar su protagonismo y poder, que quiere traspasar a su hija Kim Ju-ae, de 12 o 13 años, como sucesora de su padre, aunque la «dulce» Kim Yo-jong, de unos 38-40 años, la hermana menor del líder Kim Jong-un, que en su momento fue considerada como la heredera de su hermano, no hay noticias sobre si aceptará a su «jovencita» sobrina como máxima líder del país y como tampoco sabemos el pensamiento político -no el juche-, de los miembros de las Fuerzas Armadas pero la revisión constitucional es un paso más para consolidar en el poder a los Kim. O sea, desaparecen los términos «reunificación pacífica» y «gran unidad nacional».

Todo hace indicar que peleas familiares para suceder a Kim no se contemplan y más en el país más hermético del mundo, aunque también hay analistas que dentro de las Fuerzas Armadas señalan que no hay una unanimidad total de que la joven Kim Ju-ae ejerza el mismo poder que su padre, dado que el Ejército nunca ha sido liderado por una mujer, pero lo que sí está claro que si es la decisión de Kim Jong-un, las Fuerzas Armadas obedecerán al «mariscal» al margen del género, aunque tampoco se observan discrepancias públicas, pero hasta que alcanzase la mayoría de edad la hermana de Kim sería la que asumiese el poder, en caso de que lo dejará el actual líder o por fallecimiento, aunque todo son conjeturas en un régimen herméticamente cerrado.

En definitiva, una revisión constitucional que debería traer una paz definitiva en la península coreana, en la que aún sigue vigente un armisticio tras el final de la guerra (1950-1953), pero nunca se estampó un tratado de paz que daría pie a originar, crear y armonizar una confianza entre los dos países, pero para ello régimen tendría que llevar a cabo un cambio drástico y una inmensa inversión económica, y aunque la reunificación es un objetivo lejano, cada vez más utópica, al menos ambas Coreas podrían coexistir y beneficiarse, en especial el Norte, creando mecanismos de confianza que por ahora Pyongyang desecha.

La unificación de la península coreana ha ido perdiendo apoyo en Corea del Sur. En marzo de 2025 un 31 por ciento de los surcoreanos consideraba prioritario la unificación de las dos Coreas, aunque el porcentaje más bajo radica entre los jóvenes que la ven innecesaria y costosa. Los surcoreanos pasan cada vez más de su vecina del Norte, por lo que una solución a la reunificación de lo que fue el país antes de su división, tras la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial en 1945, se desarrollaría en elaborar una política de confianza con una serie de elementos, claves, que sustituirían a la hipotética unificación de las dos Coreas.

La reunificación cada vez más difícil, pero sí un acercamiento supondría una mejora social y económica al Norte, pero esta posibilidad con la dinastía de los Kim por ahora es imposible. El país sigue en guerra y sus «enemigos» no ceden, además el desarrollo nuclear no se detiene. Eso sí, un paso vital para esa «confianza política” radica que el Norte y Sur firmaran un tratado de paz duradero tras el armisticio que ambas partes estamparon el 23 de julio de 1953 en la Zona Desmilitarizada de Panmunjom (ZDM).

La confianza es un paso importante. Ya no sólo para una hipotética reunificación de ambas Coreas, sino para un mayor acercamiento, pues tras la firma de un tratado de paz, que ahora no existe, esa confianza traería en la frontera entre el Norte y el Sur, repleta de densas vallas de alambre de púas y cientos de puestos de guardia, una nueva situación de normalidad para que ambas partes fueran dando un margen de confianza, algo también impensable, o que cruzar la frontera fuera similar a la de Alemania con sus otros nueve países fronterizos, o que pudieran verse los programas de la TV surcoreana y que el Internet tuviera libertad total en toda Corea del Norte. Kim Jong-un puede estar tranquilo que nadie le va a usurpar el poder ni tampoco ningún país le va a invadir.

En conclusión, se mantiene el régimen de Kim. La reunificación está lejos, pero Pyongyang teme que si el Internet penetra en los norcoreanos y se despiertan diciendo este mundo no es real la infraestructura política norcoreana se debilitaría, de ahí que, en sustitución de una ya improbable reunificación, surgiera una confianza, aunque fuera tímida, entre las dos Coreas para ir almacenando un nuevo «estado» que no pusiera en peligro al régimen de Kim Jong-un y al mismo tiempo acumulara una nueva realidad política y viera como su pueblo mejora en todos los aspectos, pero sin realizar los cambios necesarios y luchando contra la realidad que impera fuera de sus fronteras afrontar esta situación resultaría muy difícil. Además, Corea del Norte no tiene que ver nada con la extinta Alemania Democrática, a pesar de la forma en que se hizo la reunificación del Este y Oeste alemán, pero se pueden mantener los dos Estados coreanos con esta previsible «confianza política» en la zona fronteriza de las dos Coreas. De hecho, Corea del Sur mantiene su política de «coexistencia pacífica» pese a las enmiendas constitucionales de Corea del Norte.

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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