Taiwán: La estrategia de Lai Ching-te, ¿un esfuerzo baldío? (y IV)

Madrid. Tras el fracaso de las consultas revocatorias, Lai Ching-te formuló las tres principales líneas de acción que marcarán el futuro de su mandato en Taiwán: una seguridad más fuerte, un mejor desarrollo económico y una atención social más amplia. No obstante, todo ello seguirá mediatizado por la compleja gestión, en primer lugar, de la relación con Estados Unidos bajo Donald Trump.
Recientemente, varias circunstancias han demostrado que, actualmente, en el poder ejecutivo, en la Casa Blanca y en el Pentágono, frente a China, las prioridades taiwanesas e incluso las del Pacífico Occidental afirmadas por Barack Obama en 2011 podrían verse socavadas. En junio, aparentemente para no irritar a China, Washington canceló en el último minuto una reunión en el Pentágono entre Elbridge Colby, el tercer funcionario de mayor rango del Ministerio de Defensa, y el ministro de Defensa taiwanés, Wellington Koo. De manera similar, a fines de julio, según un informe del ‘Financial Times’, la administración Trump, cediendo ante las protestas chinas, negó al presidente Lai Ching-te la visa de tránsito habitual a través de Nueva York, quien se vio obligado a cancelar su viaje. Otro informe, esta vez del ‘Washington Post’, desvelaba que el presidente Trump se negó a aprobar más de 400 millones de dólares en ayuda militar a Taiwán en medio de conversaciones con China para un acuerdo y una posible cumbre bilateral.
El valor económico de los bienes transportados anualmente a través del Estrecho y las aguas cercanas supera los 2,5 billones de dólares, por lo que si estalla una guerra en la zona, tendría un impacto devastador en la economía mundial. Por otra parte, Taiwán desempeña un papel clave en la cadena de suministro global, no sólo en la industria de semiconductores, sino también en las industrias de tecnología de la información y las comunicaciones y de componentes electrónicos. Nadie pone en cuestión la posición estratégica de Taiwán. Al menos, de momento.
China aprieta a EEUU: ¿Dará resultado?
El ministro de Exteriores chino Wang Yi ha trasladado a su homólogo Marco Rubio de EEUU la habitual exigencia de que las relaciones entre China y Estados Unidos se mantengan estables y mutuamente beneficiosas. Para ello, Estados Unidos debe respetar los intereses fundamentales de China, especialmente en lo que respecta a la cuestión de Taiwán. En esa línea, le trasladó su protesta por las visitas de congresistas y las interacciones militares con Taiwán. Debe haber límites y líneas rojas claros, declaró Wang Yi.
El ministro de Defensa chino, Dong Jun, también mantuvo una videoconferencia reciente con el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, enfatizando la misma idea.
Mientras procura mantener a buen recaudo los apoyos de EEUU a Taiwán, Beijing estudia ampliar el «Modelo Kinmen» para afirmar un control efectivo sobre las aguas y el espacio aéreo circundantes de Taiwán, avanzando gradualmente hacia la «reunificación administrativa» y construyendo al mismo tiempo la capacidad de imponer un bloqueo total sin desencadenar un conflicto militar directo.
A nivel global, China intenta aprovechar los realineamientos geopolíticos y la menguante influencia de Estados Unidos para incorporar cláusulas explícitas de Una sola China y avanzar en acuerdos internacionales que proporcionen una cobertura diplomática más amplia a su estrategia de reunificación.
El reemplazo de la Ley Antisecesión de 2005 por una «Ley de Reunificación Nacional» integral que permita realineamientos políticos posteriores a la reunificación, avanzaría en la catalogación de los derechos de los ciudadanos taiwaneses y la codificación de penas más severas para las actividades contra la República Popular China a fin de maximizar la disuasión.
¿Y Trump?
Las presidencias de Lai Ching-te y Donald Trump se enfrentan a la posibilidad de redefinir los términos de la ecuación política entre ambos lados del Estrecho: la trayectoria independentista de Taiwán se está afianzando cada vez más tras tres mandatos consecutivos de soberanismo en el poder, pero el regreso de Trump reaviva la perspectiva de un gran acuerdo que defina toda una época con Beijing.
Trump prioriza los acuerdos por sobre la ideología; la mayor autoridad presidencial eclipsa la resistencia del Congreso y de los principales halcones frente a China; y un equilibrio de poder cambiante en el Indopacífico estimula debates sobre el «abandono de Taiwán» en Washington.
El agotamiento estratégico de Estados Unidos plantea incómodas preguntas sobre la disposición de Washington a arriesgarse a un conflicto directo con China por Taiwán. La narrativa de escepticismo ante la Administración Trump y la presentación de Washington como poco confiable parece avanzar en medio del desconcierto general.
Hasta ahora, EEUU no ha mencionado ningún «escepticismo hacia Lai», un término utilizado para describir las dudas sobre el liderazgo taiwanés, pero intereses mayores desde la perspectiva de Washington podrían echar por tierra sus esfuerzos por atraerse la complicidad de la Casa Blanca.
¿A las puertas de un gran cambio?
El supuesto impulso de Beijing para un cambio de postura de Estados Unidos sobre Taiwán -de «no apoyar» a «oponerse» a la independencia- podría surgir de la reunión entre Trump y Xi prevista para finales de este año (cumbre APEC) o de la visita de Estado a China prevista para 2026.
El aparente acercamiento ha reavivado las alarmas sobre el papel de Taiwán. Trump podría contemplar concesiones en la cuestión taiwanesa a cambio de beneficios comerciales o tecnológicos con China. El hipotético acuerdo se concretaría, por ejemplo, a cambio de un mayor acceso al mercado chino en ciertos sectores anteriormente cerrados a la inversión extranjera (seguridad nacional, cultura, entretenimiento y medios de comunicación, servicios jurídicos, energía nuclear).
Taiwán quedaría reducido a una mera moneda de cambio, con su estatus simplemente subordinado a la búsqueda de beneficios a corto plazo de Trump.
El principal condicionante para la Casa Blanca es la fuerte dependencia de Estados Unidos de la industria de semiconductores fabricados en la isla, que se enmarca en el dominio mundial de los chips de muy alta gama fabricados por TSMC. Esta dependencia restringe la libertad de Trump para descartar a Taiwán, sobre todo porque la negociación socavaría los cimientos de la competitividad económica y la seguridad nacional de Estados Unidos. Por eso mismo, acelera el paso para trasladar a suelo propio el proceso de fabricación en medio de acusaciones de que Taiwán «robó» esta industria a EEUU.
Sea como fuere, las estrategias de Trump están aumentando la vulnerabilidad de Taiwán. Puede mitigar los efectos ampliando las alianzas con otros países, estableciendo grupos taiwaneses en mercados emergentes y protegiendo la competitividad comercial y tecnológica de alto valor añadido de Taiwán. Pero esto solo ofrecería una compensación parcial.
Mientras la Casa Blanca siga considerando cada negociación como un trato a cambio de buena voluntad, Taiwán corre el riesgo de ser tratado por Trump como moneda de cambio en un acuerdo histórico con Xi Jinping que espera tenga peso en su búsqueda del Premio Nobel de la Paz.







