Las sanciones castigan a Corea del Norte: cierra su Embajada en España y otros países

Embajada de Corea del Norte en Madrid
Embajada de Corea del Norte en Madrid.
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Madrid. Las sanciones internacionales que desde hace años viene padeciendo Corea del Norte a causa de su programa nuclear y lanzamiento de misiles han mermado a la economía norcoreana, lo que afecta a la obtención de divisas y, unido al cierre fronterizo durante tres años por el coronavirus, ha catapultado a Pyongyang a tomar medidas drásticas como el cierre de su Embajada en España, además de otras Legaciones como las de Angola y Uganda, históricas en sus relaciones diplomáticas, el consulado en Hong Kong y con la posibilidad de clausurar más representaciones en África, Asia y América Latina.

El endurecimiento de las sanciones contra Corea del Norte salpicó por completo al desarrollo de su comercio, que se vio muy afectado con China cuando estalló la pandemia. Tras la apertura fronteriza, las operaciones de trenes de abastecimiento de productos esenciales volvieron a activarse, pero aun así las sanciones han debilitado su economía, la cual también se vio tímidamente favorecida con el levantamiento en agosto pasado de ese estricto aislamiento por el virus, al permitir que sus nacionales en el exterior regresaran al país.

Pero pese a que ya se han reanudado los vuelos entre China, principal socio comercial, y Corea del Norte, cuyo régimen quiere volver a relanzar los programas turísticos y las operaciones y otras actividades que venía desarrollando antes de la pandemia, el cierre de embajadas por falta de divisas supone un giro importante en sus relaciones con otros países. Pyongyang mantiene que se debe todo a una mejora en la eficacia de sus operaciones diplomáticas, dado que mantiene relaciones formales con 159 países pero con misión diplomática en 53, tres consulados y otras tres oficinas de representación, según distintas fuentes, pero el posible cierre supone la clausura de al menos de un 25 por ciento de las misiones internacionales norcoreanas.

Las sanciones prohíben cualquier exportación e importación de Corea del Norte de equipos y materiales que puedan ser usados para construir armas, mientras que también impiden las exportaciones norcoreanas de carbón, una fuente principal de divisas fuertes para el régimen de Kim Jong-un. Las sanciones comprenden el embargo de armas, la inmovilización de bienes y la prohibición de viaje de las personas que participen en el programa nuclear de Corea del Norte. Corea del Norte tiene una economía planificada, mientras que las relaciones económicas con el extranjero son mínimas.

No obstante, posee un importante valor de recursos minerales en materias primas que sirven para fabricar coches, aviones, pantallas planas o teléfonos móviles a escala mundial, al tener un subsuelo rico pero muy condicionado a su economía planificada y en especial a las actuales sanciones que pesan sobre el régimen de Pyongyang y que le bloquean cualquier mínima reforma económica para desarrollar el país en otra dimensión más global que redunde en beneficio de infraestructuras y crecimiento.

Ahora, cuando la polarización de la geopolítica internacional vive una enorme crisis global, ya no solo con la guerra de Ucrania, sino con el actual conflicto en Oriente Medio, una zona en la que Corea del Norte ya se ha pronunciado contra Israel y coincidiendo con los postulados de Rusia, país que recibe toneladas de munición y armamento para apoyar la invasión rusa en Ucrania. El líder Kim Jong-un ha manifestado su apoyo a Hamas, una forma de encontrar su propio protagonismo internacional, pues no olvidemos que su abuelo y fundador del país, Kim Il-sung, se enfrentó a Israel en la guerra de Yom Kipur, en octubre de 1973, formando parte de la coalición árabe frente a los israelíes. De momento, a nivel diplomático en compensación a cierre de embajadas, Pyongyang espera que Japón, tal como anunció recientemente en la ONU su primer ministro, Fumio Kishida, quiere normalizar sus relaciones con Corea del Norte, pero por ahora a nivel de legación habrá que esperar.

Tras este cierre de la Legación norcoreana en Madrid, será la Embajada de Italia, en Roma, la encargada de resolver los asuntos diplomáticos con España. Corea del Norte y España establecieron relaciones diplomáticas en 2001, si bien no fue hasta 2013 cuando Pyongyang abrió una embajada en Madrid. El primer embajador norcoreano en España fue Kim Hyok Chol, quien en 2017 fue declarado «persona non grata» en respuesta a las pruebas nucleares y los lanzamientos de misiles de Pyongyang y quedó la representación diplomática en So Yuk-sun, encargado de negocios.

En 2019, un grupo activista y disidente norcoreano, llamado «Free Joseon» (Libre Corea), asaltó la Embajada de Corea del Norte en Madrid y robó ordenadores y documentos. En el asalto, en el que participaron una decena de personas, se retuvo durante horas al personal de la Legación y se dejó maniatado el encargado de negocios. Dos de los asaltantes, Adrian Hong y el exmarine estadounidense Christopher Ahn, están en busca y captura en España desde entonces. Pero lo que sí podemos considerar es que el asalto a la Embajada norcoreana en Madrid recrudeció viejos tiempos de la Guerra Fría, que aún sigue vigente en la península coreana, dado que las dos Coreas siguen sin firmar un tratado de paz y solo el armisticio de 1953 que puso fin a la guerra coreana.

Corea del Norte tiene una enorme dependencia de China, que le proporciona anualmente, entre otras ayudas, arroz, petróleo y carbón, le facilita prácticamente el 90 por ciento del combustible que consume el país (más de 500.000 toneladas), pero el régimen norcoreano sigue destinando alrededor de un 16 por ciento del PIB a las Fuerzas Armadas, más de un 1,2 millones de soldados y unas altas cifras de inversiones para mantener un programa nuclear, vital para la supervivencia del régimen, pero una hipotética guerra en la península coreana no se va a producir. La “guerra fría” sigue ahí con beneficios dispares.

Corea del Norte tiene su principal fuente de ingresos en las exportaciones como minerales, productos metalúrgicos, manufacturas (incluyendo armamento, ahora a Rusia e incluso Pyongyang ha suministrado material radiactivo a Irán), textiles y productos agrícolas y pesqueros.

En definitiva, el levantamiento de las sanciones irá ligado al desmantelamiento de las instalaciones nucleares, el cual necesita al menos unos diez años para su total eliminación, de ahí la necesidad de un paulatino levantamiento para crear confianza al régimen pero sobre todo para enderezar su economía, que está paralizada por las sanciones. Pensar que Corea del Norte pueda usar su armamento nuclear en pleno siglo XXI para atacar a cualquier país vecino sin consecuencias, por muy peligroso que pueda ser su desarrollo nuclear, resulta quimérico e imposible. Y si este cierre de embajadas tiene un mayor acercamiento a Pekín y Moscú, sus mejores aliados, lo iremos viendo en los próximos meses.

Todo parece indicar que de nuevo Alejandro Cao de Benós mantendrá el cargo de delegado especial del comité de Relaciones Exteriores con Países Extranjeros tras el cierre de la Embajada de Corea del Norte en España, y será la Legación norcoreana en Italia la encargada de resolver los asuntos diplomáticos con España.

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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