La cumbre Joe Biden-Xi Jinping: Dureza en los desacuerdos, mejora en la comunicación

Xi Jinping junto a Joe Biden en Los Ángeles, EEUU, en 2012. | David Starkopf / Office of Mayor Antonio R. Villaraigosa

Washington. El presidente de EEUU, Joe Biden, y el presidente de la República Popular China, Xi Jinping, mantuvieron su primera cumbre el 16 de noviembre. Fue virtual y duró más de tres horas. Los jefes de estado de las dos mayores economías mundiales habían hablado telefónicamente el 9 de septiembre. Afortunadamente para las relaciones bilaterales, Biden se reunió en persona con Xi y otros miembros de la cúpula política china en numerosas ocasiones cuando ejerció de vicepresidente de Barack Obama entre 2008 y 2016.

Xi inició el intercambio al referirse a Biden como un «viejo amigo», expresión que ya empleó en verano. Biden ha reiterado que conoce bien a Xi pero que no es su amigo. Subrayó a la prensa que ambas potencias deben cooperar para que la tensión en la relación bilateral no se convierta en un conflicto abierto.

Fuentes de ambos países describieron las conversaciones como «directas y francas». Abordaron un amplio abanico de temas: Corea del Norte, Afganistán, Irán, comercio y tecnología, energía, clima, asuntos militares y Covid-19. Ambos lados habían adoptado una postura verbal relativamente confrontativa en los días previos a la cumbre. Xi añadió que los que propugnan la independencia de Taiwán y los que les apoyan en EEUU «están jugando con fuego». Biden reiteró la política de «Una China», mediante la cual se reconoce a Pekín y no a Taipei, pero se «opuso a intentos unilaterales de alterar el ‘statu quo'».

La fuerza aérea china ha realizado numerosas incursiones en el espacio aéreo de Taiwán en los últimos meses. Una reciente visita de cuatro senadores y dos congresistas republicanos a Taiwán suscitó quejas y condenas muy duras de China. Pekín teme que dichos legisladores republicanos estén presionando a la administración Biden a abandonar la denominada política de ambigüedad estratégica y comprometerse explícitamente a la defensa de Taiwán ante un hipotético ataque de China.

La ambigüedad estratégica se deriva del Taiwan Relations Act (TRA) de 1979. El TRA establece que EEUU debe suministrar a Taiwán el armamento necesario para su autodefensa, pero no estipula que intervenga si es invadida por China. Dicha ley tiene como objetivo disuadir que Taiwán declare su independencia, así como una anexión por la fuerza de la República Popular. El TRA sentencia que el Congreso y el presidente decidirían qué acción tomarían si China intenta invadir la isla, que considera parte de su territorio. La Casa Blanca negó que considere abandonar la política de ambigüedad estratégica.

Biden y su gobierno, por otra parte, no van a ceder a las exigencias de Xi de reducir o eliminar los aranceles sobre 350.000 millones de dólares de exportaciones chinas aún en vigor. El presidente de EEUU no puede hacer concesiones a China en estos momentos. El último sondeo de Reuters/Ipsos muestra que un 46 % de la población aprueba la gestión de Biden, un aumento respecto a sus mínimos de octubre pero una cota baja. Después de la retirada precipitada de Afganistán la percepción de competencia de Biden en política exterior está en entredicho. Por esto desde Washington se reafirman posturas de dureza combinadas con el deseo de cooperar con Pekín para que la competencia entre ambas potencias discurra según normas y cauces multilaterales.

Xi, por su parte, también debe sacar pecho. Los Juegos Olímpicos de Invierno se celebrarán en Pekín del 4 al 20 de febrero. En 2018 se enmendó la Constitución china, de manera que Xi podría ser presidente el resto de su vida. Pero en 2022 se celebrará el Congreso del Partido Comunista de China (PCCh), que debe refrendarlo como secretario general del partido y presidente de la Comisión Militar. Aunque un tercer mandato de Xi está garantizado, debe cuidar las formas. Desde Deng Xiaoping se ha seguido la práctica de que ningún líder permanezca en el poder más de diez años, tiempo que sobrepasará Xi. Además, Xi está inaugurando una nueva era. Desde 1921, el PPCh ha aprobado sólo dos resoluciones sobre su historia. La tercera se ha ratificado en el reciente pleno del Comité Central del Partido, durante el cual se proclamó de manera oficial la entrada de China en la era de Xi Jinping.

Además de Taiwán, los contenciosos en la relación bilateral son numerosos: la construcción de bases militares y aspiración de control de 90 % del mar de China meridional, la situación de los uigures en Xinjiang, la represión de las libertades de Hong Kong y la acelerada modernización y expansión de las fuerzas armadas chinas. En el ámbito económico, no hay aproximación en relación con las subvenciones de China a sus empresas de alta tecnología, la forzada entrega de tecnología de empresas occidentales a sus socios chinos y la vulneración de la normativa internacional sobre propiedad intelectual. Washington también reprocha a Pekín que no está cumpliendo completamente con los objetivos de compra de productos agrícolas, energéticos y de manufacturas de EEUU a los que se comprometió en el acuerdo comercial de «Fase 1» de enero de 2020.

A pesar de la tensión y todos los frentes abiertos, hay elementos para pensar que la relación no se deteriorará. Los analistas militares opinan que China aún no es capaz de abrumar las defensas de Taiwán. Las consideraciones de política interna reseñadas de ambos líderes les obligan a proyectar dureza. Pero más allá de la belicosidad verbal se producen avances. Aunque sin concreción de medidas, en la cumbre COP26 EEUU y China se pusieron de acuerdo en fomentar la cooperación contra el cambio climático durante la próxima década.

Las reuniones presenciales y virtuales están incorporando instrumentos de comunicación entre ambos países. Su objetivo es evitar que un incidente pueda provocar una espiral de escalación. Salvando las distancias, son sistemas parecidos al «teléfono rojo» que se instaló después de la crisis de los misiles soviéticos en Cuba de 1962 para que Washington y Moscú no se precipitaran a una guerra por ausencia de información sobre las intenciones de su adversario.

Ambos líderes, Joe Biden y Xi Jinping, compiten por imponer la narrativa de la relación bilateral. Pekín insiste en reivindicar un trato de igual entre ambas potencias. Biden aboga por una competencia gestionada con instrumentos de comunicación y que se ciña a la legalidad internacional. Aunque no se produzcan concesiones por ahora, ambos líderes como mínimo han rebajado la temperatura de la tensión.

Alexandre Muns

Dr. Alexandre Muns Rubiol Professor, OBS & EAE Business School y exasesor del presidente del Banco Mundial

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