Xi Jinping refuerza su poder en China

Xi Jinping, presidente de China
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Madrid. Se cumplen las predicciones en China: Xi Jinping va camino de convertirse en el nuevo Gran Timonel, a imagen y semejanza de Mao Zedong. El pasado 19 de enero, el Comité Central del Partido Comunista de China decidió incluir las tesis de su presidente en la Constitución de la República Popular, un hecho en el que en ocasiones anteriores fueron también incluidas las tesis de otros dirigentes supremos.

En la década de los 90 del siglo pasado, las ideas de Deng Xiaoping ya fueron incluidas y también lo fueron las de Jiang Zemin y las de Hu Jintao, los predecesores inmediatos de Xi, pero de manera distinta a como se han incluido las de éste: de Jiang y Hu se incluyeron sus reflexiones, sin aludir a su autoría, la inclusión de las de Deng sí van acompañadas del nombre de su autor, pero como teoría, que en una escala jerárquica son de menos importancia que las de Mao y ahora las de Xi, cuyo rubro es pensamiento. De lo que fácilmente se deduce la equiparación, lo que lo convierte en el primer líder vivo desde Mao Zedong en recibir tal honor

De acuerdo con lo que Willy Lam, profesor y experto de la Universidad China de Hong Kong, expresaba hace ya meses, Xi ascendía a la misma categoría de Mao. La razón es que los 2.300 delegados del PCCh (Partido Comunista de China) – reunidos con ocasión del XIX Congreso celebrado en octubre pasado – que representan a 90 millones de personas, lo han entronizado por unanimidad a partir de varios criterios, el principal de los cuales es probablemente la exigencia por parte del Politburó, que preside el propio Xi, de una lealtad incondicional de sus miembros.

Antes de finalizar su primer mandato de cinco años como Presidente del PCCh y, en consecuencia, como líder supremo de la República Popular, Xi ya había hecho acopio del poder de manera poco frecuente en los últimos 25 años al dirigir comités e instituciones que le daban el mando del Ejército popular, de la economía, de la seguridad nacional, de la tecnología de la información, al tiempo que se deshacía de posibles rivales, acusados de corrupción, y tomaba el control de la sociedad civil al detener a buen número de activistas y endurecer la vigilancia del uso de Internet.

En la práctica política, la exigencia de lealtad incondicional significa que quien contradiga el Pensamiento de Xi Jinping sobre el socialismo con características chinas para una nueva era, como se denomina su ideología, habrá caído en herejía.

Por otra parte, en opinión de Lam, el haber alcanzado esta privilegiada posición facilita a Xi, llegado el momento, la estratagema de convertir a otros dirigentes, entre los que se cuenta el primer ministro Li Keqiang, en cabezas de turco en caso de que la economía no mantenga su ritmo de ascensión creciente.

Además, para distraer la atención de los que perdieron sus trabajos o sus inversiones en bolsa, el culto a la personalidad que se está creando en torno a él debe mantenerse, ya que el fundamento de la legitimidad del mandato del partido radica en el compromiso de éste por proporcionar a los ciudadanos un nivel de vida cada vez más alto.

Así, según apunta Hu Xingdou, del Instituto de Tecnología de Pekín, la ralentización económica es, además de un problema económico, un problema político y social.

Para abundar aún más en la entronización del emperador Xi, existe aún un indicio de su intención de permanencia en la más alta magistratura del poder de China. Desde la muerte de Mao era tradicional que el Comité Permanente del Politburó (CPP) que preside Xi, al concluir su primer mandato de cinco años, diera a conocer la persona designada como su sucesor, quien habría de asumir su función al término del segundo mandato de aquél. Xi aún no lo ha hecho y aunque puede hacerlo en los próximos meses, pocos aseguran que lo hará.

Los siete miembros del CPP, cinco de ellos salidos del reciente congreso, oscilan entre los 60 y los 67 años de edad, por lo que en 2022 serán o demasiado viejos o carentes de experiencia y liderazgo para gobernar.

Por otra parte, Hu Chunhua y Sun Zenghai, de apenas 50 años cuando fueron designados como miembros del Politburó en el XVIII Congreso y considerados potenciales sucesores para 2022, han desaparecido de la primera línea de mando, el primero por haber sido expulsado y el segundo por no haber sido reelegido al Politburó actual.

De este modo, Xi Jinping tiene visos de mantenerse en la cúspide del poder en China hasta el año 2022 por lo que podrá organizar la celebración del centenario del Partido Comunista en 2021 e incluso influir en la celebración del centenario de la revolución de 1949.

Tal como señala el experto de la ASEAN Xuan Loc Doan, es muy probable que los hechos se desarrollen así, lo que no es tan probable es que esto sea bueno para China.

Juan de Castro Pita

Juan de Castro Pita

ex consultor de Naciones Unidas

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