Una guerra comercial que no favorece a nadie

Madrid. La política exterior de Donald Trump ha estado asociada a una constante ciclotimia que le ha supuesto importantes problemas, mientras que a nivel doméstico la creación de medio millón de empleos le puede catapultar de nuevo a la Casa Blanca, pero la guerra comercial con China afecta a todos en un mundo cada vez más globalizante y dependiente.

A la espera de lograr una tercera cumbre con el líder norcoreano, Kim Jong-un, que compense su desastrosa política exteriorTrump acentúa ahora su enfrentamiento comercial con China, anda metido en su “guerra” particular con Irán, saltándose todos los acuerdos previamente firmados por su predecesor Barack Obama, y su también particular punto de vista sobre Cuba y Venezuela, pero realmente la batalla comercial con el ”gigante asiático” va a pasar factura a todos.

China cada vez es más protagonista en este mundo global y con su influencia sin límites, dada la errática política exterior de Trump, que parece que gobierna EEUU como si fueran sus propias empresas, pero que, según estadísticas oficiales, puede seguir otros cuatros años en la Presidencia estadounidense, de ahí que esta guerra comercial con Pekín, con frecuentes subidas de aranceles a las exportaciones de China a Estados Unidos por valor de 200.000 millones de dólares, sea otro obstáculo más para traer el sosiego que reclama la comunidad internacional y, en especial, los mercados, que son los que marcan el termómetro de la economía mundial.

No obstante, el presidente chino, Xi Jinping, ha respondido con una subida de aranceles a las exportaciones estadounidenses por valor de 60.000 millones de dólares, una batalla que debería terminar en unas negociaciones para un pacto comercial entre Washington y Pekín, pero Trump está prácticamente en campaña electoral y necesita ganar esta contienda económica a los chinos para salir airoso en una realidad que hace daño a todo el mundo, dado que con los comicios previstos para 2020 se trata de obtener los más posibles votos de zonas muy industrializadas de Estados Unidos.

A la Unión Europea (UE) le inquieta esta guerra comercial, pero además ahora Trump está enfadado con Bruselas porque no le gusta que el organismo comunitario pueda crear su propia política de Defensa al margen de la OTAN, es decir, el presidente estadounidense, que va dejando que China sea cada vez más dominadora de este mundo global, origina situaciones con sus políticas que dan más alas al “gigante asiático” para mentalizarse de que puede -más pronto que tarde- “reinar” en solitario en el mundo.

Es obvio que con un PIB de más de 20 billones de dólares en 2018, Estados Unidos sigue siendo el país más rico en términos absolutos, aunque China es el líder desde 2016 por Paridad de Poder Adquisitivo (PPA), que, según el Fondo Monetario Internacional (FMI), es el mejor criterio para comparar las economías nacionales, pero además en esta guerra comercial se está viendo como ese histórico ciclo económicamente expansivo de EEUU comienza a consumirse lentamente en beneficio de Pekín.

Así pues, viendo las cosas como están, veremos qué conclusiones se sacan de la cumbre del G20 en Tokio a finales de junio, donde Donald Trump, Vladímir Putin y Xi Jinping se reunirán para hablar de economía o de política o de lo que realmente interese tal como se vayan desarrollando los acontecimientos que definen posturas donde cada cual ve sus intereses de forma más unilateral que global.

Y si digo de política, pese a ser una reunión económica, me baso en que rompiendo Trump los acuerdos con Irán, que tiene el apoyo de la UE, habrá otros conflictos que no son baladí como la situación en Oriente Medio o todo lo relacionado con el golfo Pérsico dado que Arabia Saudí ya no sólo se está armando hasta los dientes, sino que acaba de denunciar un ataque en el Estrecho de Ormuz a dos petroleros de su país, que acusa a patrullas iraníes de estar detrás de estas operaciones, que siembran más incertidumbre y elevan el coste del crudo a precios brutales que pagamos todos.

Una inestabilidad con enormes repercusiones económicas y con un portaaviones y varios buques estadounidenses en esa zona. Una inestabilidad comercial a nivel mundial que también engendra una agitación en todos los mercados que dañan la confianza bursátil y alejan inversiones que contribuyen a la mejora económica mundial.

En definitiva, la guerra comercial entre China y EEUU continúa su escalada, pero no hay otra solución, salvo ir a mayores catástrofes económicas insalvables con perjuicios infinitos para todos, que el entendimiento entre Xi Jinping y Donald Trump sea totalmente obligatorio y además lo saben ambas partes.

Santiago Castillo

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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