Turbulencias entre Japón y Corea del Sur en medio de otra “guerra comercial” (y III)

Madrid- Tal vez la propia bipolarización existente entre las dos sociedades radique en dejar de lado el pasado y lograr una uniformidad más productiva entre ambas partes, dado que la historia no se borra pero las nuevas generaciones marcarán el presente y futuro de las relaciones entre Corea y Japón, obligados a entenderse y superar nacionalismos individuales y colectivos que no solucionan los problemas.

Eso sí, la mayor diferencia entre los dos países radica en la conducción, donde en Japón se va por la izquierda y en Corea por la derecha, pero la clave está en ver si la propia aversión entre los dos vecinos también dan para una mayor amistad entre las dos sociedades, mezclando caracteres comunitarios e individualistas en ambos casos.

También el sistema educativo es casi lo mismo, entre los dos países, donde la  educación elemental y secundaria es bastante pareja, pero eso sí, ahora ha estallado esta “guerra comercial” y frenar la expansión de las multinacionales no sirve para nada.

Históricamente todavía hay una serie indicios con distintas interpretaciones entre coreanos y japoneses que perviven pero que al mismo tiempo son dos naciones que desde el punto de vista económico no les queda otra que entenderse, cuyas relaciones se han visto enturbiadas por las distintas disputas con el pasado.

Pese a todo, los vínculos políticos y económicos entre Japón y Corea del Sur no solo favorecen a la seguridad de ambas naciones asiáticas sino también al subsistema regional del noreste de Asia, y al sistema global, además de favorecer a sus respectivas economías. Dos vecinos cercanos y aliados de Estados Unidos, que mantienen bases militares en ambos países, que no ha dejado indiferente a Donald Trump que se ha ofrecido para solventar la crisis entre los dos países.

China y Japón dieron por normalizadas sus relaciones tras varios años convulsos con la visita de Shinzo Abe a Pekín en noviembre de 2018, que sirvió para suavizar las tensiones entre los dos países por el asunto de las islas Senkaku/Diaoyu, controladas por Tokio y reivindicadas por el “gigante asiático”, pero que ambas partes reclaman.

Para Japón, existe la percepción de que China sigue una política de control y expansionismo en la zona, aunque para los surcoreanos la ven como un socio económico como un gran mercado, pero la crisis a raíz de la instalación de los misiles estadounidenses THAAD en Corea del Sur enfadó mucho a Pekín que desencadenó un boicot encubierto a productos y establecimientos surcoreanos en el “gigante asiático” que perjudicó a las relaciones  comerciales entre ambos países y que al mismo tiempo sirvió a los surcoreanos para conocer mejor a los chinos.

China es el principal socio comercial de Corea del Sur y el segundo mayor destino mundial de las inversiones surcoreanas, pero dentro de esta nueva “guerra comercial” entre japoneses y surcoreanos se puede intuir que Tokio vea con cierto recelo que Seúl dé más prioridad a sus relaciones con Pekín que a los nipones, según distintos analistas de la política asiática.

China y Japón, la segunda y tercera economía mundial, tienen cada vez más interdependencia la una de la otra. Por un lado, China necesita la tecnología japonesa y el valor añadido de una economía madura y, por otro, Japón requiere de un mercado chino ávido de consumismo y de una mano de obra con la que abaratar los productos japoneses y convertirlos en más competitivos. Es decir, los conflictos bélicos se antojan, por ahora, como “imposibles”.

Eso sí, Tokio ve a China como la principal preocupación en materia de seguridad en la zona, incluso, según expertos, por delante de Corea del Norte, dado que el expansionismo chino en las aguas del mar de China Oriental sobre las islas Senkaku (japonés) y Diaoyu (chino), forma parte de uno de sus litigios territoriales más tensos entre las dos naciones.

Por todo ello, esta guerra entre Corea del Sur y Japón tiene más tintes nacionalistas que económicos y sabiendo ambas partes que el perjuicio sería enorme. De hecho, chinos, japoneses y surcoreanos tienen un objetivo común para favorecer a sus propios intereses y en varias ocasiones en los últimos años se han reunido sus respectivas autoridades en Seúl para establecer las bases de un Tratado de Libre Comercio (TLC) trilateral, que supondría uno de los mayores bloques comerciales del mundo.

Japón y Corea quieren mejorar sus relaciones, pero la historia entre las dos naciones no es fácil borrarla, pues además de las exigencias de Tokio para que Seúl retire las estatuas de las “esclavas sexuales” frente a su embajada en la capital surcoreana y en el consulado nipón en la ciudad de Busan, pervive aún la disputa por la soberanía de las islas Dokdo/Takeshima, gobernadas por Seúl, pero reclamadas por Tokio.

El asunto de las esclavas sexuales ha creado siempre muchos problemas entre Corea y Japón, país que pidió disculpas oficiales por el reclutamiento de estas llamadas también “mujeres de confort”, donde al menos unas 200.000 niñas, adolescentes y jóvenes, más de la mitad de ellas coreanas, fueron reclutadas a la fuerza para promocionar servicios sexuales a los soldados japoneses antes y durante la Segunda Guerra Mundial, aunque las distintas compensaciones a las víctimas no han terminado de cuajar en Corea del Sur, mientras Tokio alega que ya reparó los daños ocasionados.

El primer ministro japonés, Shinzo Abe, acaba de ganar unas elecciones legislativas parciales, ya ha terminado su campaña política, en la que se tocaron sentimientos, ahora, junto al presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, es el momento idóneo y determinante de que ambos resuelvan este contencioso político-económico que la historia entre las dos naciones no logra enterrar definitivamente en aras de una mayor confianza y resoluciones prácticas para dos países llenos de modernidad, vanguardismo y tecnológicamente imparables en este nuevo mundo global.

Santiago Castillo

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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