Trump y Kim, una cita histórica que provocará grandes cambios en la península coreana

Madrid. El encuentro entre Donald Trump y Kim Jong-un va a suponer que en la península coreana se produzca un cambio político “espectacular” nunca visto desde la división del país en dos Coreas, en 1948, al terminar la Segunda Guerra Mundial, que colonizaba Japón desde 1910, una situación que va a marcar una nueva realidad geoestratégica en la región con amplias repercusiones en la comunidad internacional.

Tanto Trump como Kim han sido protagonistas de grandes batallas mediáticas con triunfos dispares, pero en esta ocasión es el líder norcoreano el más beneficiado y también el mejor colocado para no sólo obtener un importante éxito político sino para que con su cambio de estrategia la península coreana se transforme y dé un giro nunca visto desde 1948.

Mientras, Trump quiere seguir imponiendo al mundo su política, su nuevo orden mundial, que está arrinconando cada vez más a Estados Unidos, ya no sólo tras romper el acuerdo nuclear firmado en 2015 con Irán, que venía cumpliendo con lo pactado, sino también con decisiones graves y polémicas como la abrir la Embajada de EEUU en Jerusalén, que incendiará aún más la crisis de Oriente Medio.

Además, los roces con México y Canadá sobre la vigencia del Tratado de Libre Comercio que mantiene con estos países, la guerra comercial con China y la Unión Europea (UE), entre otros asuntos, sólo le están sirviendo a Trump un respaldo de sus propios votantes, pero dejando a Estados Unidos en una situación compleja y difícil que origina desconfianza y hartazgo de Europa y gran parte de la comunidad internacional.

El terremoto político que está originando Trump también se ha trasladado al nordeste asiático, pero con la diferencia que ahora Kim Jong-un está transmitiendo más confianza a raíz de lo que viene haciendo y con una cita histórica entre Estados Unidos y Corea del Norte que nunca antes se había producido.

La radicalidad geopolítica de Trump está convulsionando al mundo, y ahora parecer ser que Trump quiere recuperar su credibilidad perdida en la comunidad internacional asegurándose un éxito político con Corea del Norte.

Ya no es sólo lo ocurrido con Irán, sino toda la relación con la UE desde que llegó a la Casa Blanca y la guerra comercial con China que tampoco favorece al mundo o cuando anunció la salida de EEUU del Acuerdo de París sobre el Clima, además de retirarse también del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP), pero mientras siga con su “enfermiza obsesión” de acabar con todo el legado de Obama, lo que va a suceder es que va a terminar haciendo añicos todo lo que hasta ahora ha funcionado dentro de una aparente estabilidad internacional.

Es absurdo pretender que EEUU rompiendo el pacto con Irán vayan a fortalecerse los acuerdos de la cita histórica con Corea del Norte, cuyo régimen sigue mostrando gran interés en el encuentro pero también considerando que lo realizado por Washington con Teherán crea desconfianza para después ver que Donald Trump cumple con lo pactado.

Y al mismo tiempo sería una grave equivocación pensar que Pyongyang esta “débil” y aceptará cualquier sugerencia que venga de EEUU, pues no hay que olvidar que China está detrás y Pekín no sólo quiere un gran acuerdo nuclear, que ahora Kim Jong-un está dispuesto a cumplir, sino estabilidad en la región y progreso económico para los norcoreanos.

El éxito de la cumbre entre Trump y Kim depende más del presidente estadounidense, pues lo vaivenes o cierta ciclotimia de la política norcoreana en los últimos meses se han vuelto normales con un claro objetivo ya planteado en varias ocasiones por el régimen norcoreano, de ahí que si los “duros” asesores de Trump persisten en radicales contraofertas a Pyongyang el fracaso será exclusivamente de Estados Unidos y no olvidemos que por medio está el asunto de la defensa en la península coreana y Japón, con grandes inversiones armamentísticas, pero claro, si se termina la amenaza nuclear entonces qué hacemos con tanta venta de armamento.

No obstante, Trump quiere ahora usar a Corea del Norte para paliar sus problemas internos, como los escándalos que le rodean en EEUU en un momento en el que el fiscal especial Robert Mueller quiere interrogarle en relación con la llamada trama rusa, además de lo sucedido con Irán, y todo lo enfoca en un hipotético éxito de la cumbre con Pyongyang, en la que Kim Jong-un ve como su estrategia política es cada vez más eficaz e incluso contempla que al presidente estadounidense no le interesa un fracaso de este encuentro histórico.

Todo se verá el próximo 12 de junio, una jornada completa para que Kim y Trump, sin condiciones previas, lleguen a acuerdos que tendrán sus influencias en la región y en la comunidad internacional.

La reunión se celebrará en Singapur, país que mantiene relaciones tanto con Washington como con Pyongyang, con sus embajadas respectivas, y además un lugar elegido en otras cumbres de alto nivel, como la sucedida en 2015 entre los líderes chino, Xi Jinping, y el entonces taiwanés, Ma Ying-jeou, cuyo encuentro fue histórico al ser el primero desde que Taiwán  proclamara su independencia de Pekín en 1949.

Santiago Castillo

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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