Tratado Unión Europea-Japón: regalo de fin de año

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Madrid. Desde el piso 35 del Hotel de Tokio la visión de los tres pasos elevados de autopistas, entrecruzándose a diversas alturas y retorciéndose hacia sus destinos imposibles de imaginar, se me aparecían como los innumerables tratados de los últimos años entre bloques de poder económico, potencias belicistas globales y nuevas naciones surgidas del subdesarrollo. Imposibles de enumerar.

En concreto, la lista de tratados y acuerdos comerciales entre bloques de países o bilaterales de nación a nación, es mareante. La OMT, el GAT, la OCD, la APEC, la ASEAN, el MERCOSUR, el CETA, el ASEM… El Sr. Trump pinchó esta burbuja de tratados por bloques al abandonar el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) y,  por el contrario, los tratados bilaterales germinaron como hongos.

 Japón, como tercera potencia mundial, empezó a tomar posiciones con respecto a los dos bloques que más le afecta como aliados, el Asiático-Pacífico y el Europeo. América, por supuesto. En Asia-Pacífico lideró inmediatamente un TPP sin EEUU. En Europa el mismo Shinzo Abe, directamente y por teléfono, el pasado 8 de diciembre confirmó con Jean-Claude Juncker echar a andar los preparativos concretos del Pacto de Libre Comercio UE- JAPON para que surta efectos reales desde el 2019. Llevaban trabajando en ello demasiados meses, y ya no podían dilatarlo más.

Además, saltaron hechos que obligaban a cambiar las estrategias de los grandes poderes a velocidad de ciclogénesis explosiva. Ahora ya era urgente asegurar una zona de comercio libre y justo entre partes que jueguen con las mismas reglas y con su claro cumplimiento. ¿Se esconde en este pacto alguna prevención velada? La gran nueva superpotencia asiática  ingresó en la OMC en 2001, efectivo cien por cien en  deberes y derechos a los 15 años. Ya. Puede ser la última gota para acelerar este pacto. El mayor firmado por la UE y que copa el 40 por ciento del comercio global. Se imponía la confirmación de esa zona de comercio en voluntaria libertad y aceptada trasparencia reflejado, según los expertos, en las dos características de su formulación: el sistema de arbitraje que impone en los posibles conflictos futuros, muy del estilo japonés de diálogo (aunque todavía queden flecos por acordar), y la insistencia en el estricto seguimiento ético de normas y reglas con sabor a derecho romano. Buenas condiciones para su universalización.

Para España es una gran noticia. Se irán relajando las tarifas arancelarias entre Europa y Japón casi hasta el cien por cien en muy pocos años, se unificarán regulaciones y normas. Y, sobre todo, se benefician capítulos de exportaciones españolas de los más propicios y deseados por España desde siempre: productos de agricultura, ganadería, pesca y farmacéuticos. Desde los vinos y quesos a la agricultura ecológica o los antibióticos. Todos han estado esperando mejores oportunidades, aunque parezca exagerado, desde 1868 cuando se reanudaron las relaciones comerciales España Japón después de más de 300 años de estúpido divorcio.

Japón no será el mayor mercado asiático en volumen, pero sí el de más relevancia en cuanto a obsesión por lo mejor; la gran calidad se cotiza sin restricciones ni interrupciones.

Nunca será mejor bienvenida la marca “España Excelencia” apoyada en sus productos si saltamos del bajo precio a la máxima calidad.

Pedro Gallo

Pedro Gallo

Sociólogo y empresario especialista en relaciones hispano japonesas, con más de 14 años viviendo en Japón

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