Tras el G20, China y Estados Unidos en su encrucijada por dominar el mundo

Madrid. Es probable que si no se hubiera alcanzado el acuerdo de tregua entre China y EEUU  tras la finalización de la pasada cumbre del G20, para posponer la subida de los aranceles comerciales del 10 por ciento actual al 25 por ciento sobre productos chinos importados por Washington por valor de 200.000 millones de dólares durante noventa días, se diría a día de hoy que esa cita, celebrada en Buenos Aires, bajo el título Construyendo consenso para un desarrollo justo y sostenible, fue todo un fracaso.

Sin embargo, las desavenencias entre las dos grandes potencias mundiales no cesan y ahora con la detención el pasado 1 de diciembre en Vancouver (Canadá) de la directora financiera de la compañía china Huawei TechnologiesMeng Wanzhou, cuya extradición es solicitada por EEUU bajo sospecha de que la funcionaria violó las sanciones comerciales impuestas por Washington contra Irán sólo ha servido para comenzar una nueva “guerra” con importantes consecuencias.

De hecho, el Ministerio de Asuntos Exteriores de China confirmó esta semana la detención de dos canadienses, el empresario Michael Spavor y el exdiplomático Michael Kovrig, como sospechosos de estar implicados en actividades que ponen en riesgo la seguridad nacional.

Tanto la detención del empresario Michael Spavor, que trabajó con Corea del Norte, llega días después del arresto del exdiplomático canadiense Michael Kovrig, que trabaja para el think tank’ International Crisis Group, en el marco de la disputa que mantienen  Pekín con Ottawa por la detención de una directiva de la empresa tecnológica Huawei, que reclama EEUU.

Lo que está claro es que la “guerra tecnológica”, donde el caso de la detención de la vicepresidenta de Huawei muestra la creciente tensión entre EEUU y China por liderar el futuro del desarrollo económico y estratégico.

Por otra parte, el documento elaborado tras la reunión de Buenos Aires incluye 31 puntos relacionados sobre el comercio internacional, el cambio climático y la protección del medio ambiente, el cambio tecnológico y la lucha contra la corrupción, además de algunos más sobre educación, salud, igualdad de género y protección laboral.

Este memorando recuerda también los 10 años del foro y su importancia como mecanismo para construir consensos y mejorar las reglas internacionales necesarias para hacer frente a los cambios mundiales, así como reformas Organización Mundial de Comercio (OMC).

Cristine Lagarde, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), aludió a la necesidad de que los líderes de Estados Unidos y de China acordaran una tregua en la lucha comercial que sostienen, en virtud de los perjuicios que la carrera por aumentar los aranceles de los dos gigantes económicos está produciendo a terceros en todo el mundo. 

Construyendo un consenso para un desarrollo justo y sostenible aboga también por promover la mejora de los mercados laborales y por el refuerzo de los sistemas de protección social, y pide que se perfeccionen las estrategias que contribuyan a erradicar el trabajo infantil, el tráfico de personas y la esclavitud moderna.

En suma, un compromiso para desarrollar el acuerdo de París para el cambio climático, del que Estados Unidos ratifica su retiro, la consecución de sistemas de energía más limpios y la firme decisión de abordar las causas de los desplazamientos de refugiados y las necesidades humanitarias, la desnutrición, y otros aspectos relacionados con la salud de las personas como el sobrepeso y la obesidad infantil y de acabar con el SIDA, la tuberculosis y la malaria.

Por su parte, el ministro chino de Comercio, Zhong Shan, manifestó hace unos meses en respuesta a las acusaciones del presidente Trump que las leyes chinas no exigen transferencia de tecnología, aunque reconoció que la compra de tecnología y patentes a las empresas es una práctica habitual en el mercado, lo que convierte esta exigencia en un punto innegociable, al menos de forma oficial.

El entonces presidente norteamericano, Barack Obama, y el chino, Xi Jinping acordaron reducir los ataques cibernéticos en 2015, pero con la imposición de los aranceles comerciales en julio de 2018 aquéllos se recrudecieron, pero el hecho de que los ataques sean obra del gobierno chino, según la agencia de noticias McClatchy, da mejores opciones a los EE.UU. para negociar su reducción o su desaparición total.

Ahora queda por ver hasta qué punto será beneficioso para EEUU el anuncio en el acuerdo de que China se ha comprometido a comprar una importante cantidad de productos agrícolas, sin determinar tiempos ni cantidad y que ya ha causado el alza de precios del mercado de la soja y grandes expectativas.

De igual forma, la posible apertura del mercado chino a los proveedores norteamericanos de servicios, entre los que están los financieros cuya introducción en el mercado chino llevan años exigiendo los estadounidenses, puede ser susceptible de negociación.

Pese a las tensiones que se cernían sobre las conversaciones durante las dos jornadas de la cumbre del G20la guerra comercial entre China y Estados Unidos, la presencia del príncipe heredero de Arabia Saudita, implicado en el asesinato de un periodista saudí,  y la tensión con Rusia por la escalada militar en Ucrania – se ha conseguido elaborar un documento consensuado, aunque incluya las salvedades necesarias para la adhesión de Estados Unidos.

China se ha convertido en la segunda potencia mundial gracias a la fuerza económica de sus exportaciones, pero además el “gigante asiático” busca dar un salto cualitativo. Es decir, necesita innovar y ponerse a la cabeza del desarrollo tecnológico y para ello el plan Made in China 2025” puede inquietar a EEUU.

El objetivo de China es convertirse en uno de los mayores fabricantes de manufacturas avanzadas en 2025 y liderar el mundo en 2049, coincidiendo con el centenario de la proclamación de la República Popular China.

Donald Trump, por su parte, cree que los avances tecnológicos chinos se basan, en muchos casos, en el robo de propiedad intelectual, y, en opinión de expertos, no es que el presidente estadounidense acuse a “hackers” chinos de rebuscar en los servidores de empresas extranjeras, que también, sino que ve injusto el sistema que el “gigante asiático” utiliza para permitir el acceso de las compañías foráneas en el mercado interno, y que en muchas ocasiones fuerza la transferencia tecnológica.

De hecho, hay empresas europeas que critican la falta de reciprocidad, o sea, empresas como Huawei se han extendido por el mundo y han podido competir en igualdad de condiciones con sus homólogas extranjeras, en el lado contrario hay muchas dificultades para entrar en China.

En definitiva, como señala Xulio Ríos, director del Observatorio de la Política China, las rivalidades sino-americanas tienen otros frentes abiertos, empezando por las misiones navales de respuesta a las ambiciones territoriales chinas en el entorno del mar de China Meridional, donde en la reciente cumbre de APEC, Papúa Nueva Guinea y Australia recibieron el apoyo de EEUU para instalar una base naval en la isla Manus, en el mar de Bismarck. La presión militar y estratégica también seguirá al alza y la desconfianza mutua acelerará el deterioro de las relaciones bilaterales.

Juan de Castro Pita

Juan de Castro Pita

ex consultor de Naciones Unidas

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