Taiwán, una isla entre la belleza y la alta tecnología

Panorámica de Taipei
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Taipéi. La República China de Taiwán celebra el 106 aniversario de su fundación como uno los diez mejores destinos para viajar, según el Índice de Competitividad de Viajes y Turismo, publicado por el Foro Económico Mundial, y la lista de Lonely Planet, favorecida por los sectores turístico y tecnológico.

Creada en 1911, con el estadista e ideólogo político Sun Yat-sen como primer presidente, la isla acoge a 23 millones de personas, de los que algo menos de medio millón  es de origen malayos-polinesios, mientras que la gran mayoría del resto proviene de la emigración china. Más de una décima parte de la población -en torno a 2,6 millones- vive en su capital, Taipéi.

Su belleza natural ofrece un rico paisaje adornado con majestuosos picos, cuencas, llanuras, colinas y otras formaciones naturales, como el Lago del Sol y la Luna, que con un perímetro de 33 kilómetros -la mayor extensión de agua del país- es el centro geográfico de la isla, o los magníficos y escarpados acantilados en la Garganta de Taroko, además de áreas recreativas forestales y parques nacionales.

El trópico de Cáncer, presente, ofrece un clima templado que favorece la existencia de una gran variedad de ecosistemas naturales. Tiene el privilegio de conservar algunas especies raras o en peligro de extinción, como el salmón y el oso negro de Formosa, el mono de roca y el faisán de Swinhoe.

Lago del Sol y la Luna

Con una extensión total de 36.000 kilómetros cuadrados (más pequeña que Extremadura, pero más grande que Cataluña, por mencionar dos referencias geográficas españolas), dos terceras partes de la isla son montañosas. Cinco cordilleras la atraviesan de norte a sur. Su pico más alto es el Yu Shan -3.952 metros-, ubicado en el costado suroeste de la Cordillera Central en el que se puede ver nieve en medio de este clima tropical.

La cabeza de la reina, en el cabo de Yehliu, al norte, en los alrededores de la urbe de Wanli, es la imagen icónica de Taiwán, parte de otras formaciones rocosas que conforman un paisaje geológico de alto valor, dentro del parque de Yehliu, una pequeña península que se adentra en el océano donde los múltiples visitantes y la tradición popular han ido bautizando las diferentes y espectaculares piedras, muchas de las cuales contienen fósiles que permiten estudiar el aspecto que tenían algunas criaturas que habitaron Taiwán en otros tiempos remotos, con evocadores nombres como nidos de abeja, rocas hongo, jengibre o rocas vela.

La libertad religiosa permite que convivan más de 12.000 templos, que incluyen iglesias, mezquitas y sinagogas que representan al taoísmo, budismo, protestantismo y catolicismo, donde rezar, meditar o rendir culto a los ancestros. Las ceremonias taoístas y budistas comparten espacio para que sus fieles practiquen la adoración y realicen ofrendas mientras el incienso humea abriéndose paso entre el silencio o los cánticos en forma de hilos blancos que se elevan hacia el cielo.

La ciudad de Tainan -la más antigua del país- ejerció de capital entre los siglos XVII y XIX, durante la dinastía Qing. Bañada su costa por el mar de la China Meridional, tiene pequeñas islas pobladas por aborígenes, como la Isla Orquídea, además de conservar gran número de edificios históricos. El clima tropical favorece el crecimiento de orquídeas, arrozales y azúcar.

Ahora Taipéi es el centro político, social, económico y cultural, y desde su edificio más famoso, el rascacielos 101, nos muestra sus grandes avenidas rectilíneas y un sobrio y ordenado urbanismo. Se habla el chino mandarín, pero nos podemos hacer entender perfectamente en inglés, que es idioma obligatorio junto al materno en los colegios.

Entre sus múltiples rincones y lugares que no deben dejar de visitarse, no puede faltar el Museo Nacional, que exhibe la mayor colección de arte chino del mundo. Un recorrido por 5.000 años de historia a través de 650.000 piezas -pinturas de todas las dinastías, así como numerosas piezas de marfil, alfarería y bronce, entre otros- que pertenecieron al Palacio del Emperador, en la Ciudad Prohibida de Pekín, y que fueron sacadas por Chiang Kai-shek y sus seguidores cuando su gobierno se trasladó en 1949 tras la toma del poder de Mao.

El edificio 101, inaugurado en 2005, cuyo nombre alude al sistema binario del lenguaje informático, tiene 509 metros de altura y es el décimo edificio más alto del mundo. Está dotado de una alta seguridad por encontrarse en una de las regiones más castigadas por terremotos y huracanes. Es a la vez estable y estático con su forma de caña de bambú, donde cada planta semeja un nudo.

Tras un largo paseo disfrutando de sus numerosos parques, que son aprovechados para practicar ejercicio o celebrar un picnic sin molestar ni ahuyentar a las especies autóctonas de aves y peces, se puede degustar una gran variedad de frutas, bellamente cortadas en un recipiente en el que no debe faltar la fruta de las esencias, también llamada fruta de la pasión.

La Taipéi nocturna, que se puede disfrutar desde alguna discoteca ubicada en rascacielos mientras se degusta una copa, es como una placa base gigante en la que miles de procesadores y chips dan luz y sentido al mundo tecnológico más avanzado.

La creación de alta tecnología es el puntal de la economía del país, que produce nueve de cada diez ordenadores portátiles, es de los primeros fabricantes del mundo de microprocesadores y segundo productor mundial de tecnología informática, como los componentes claves de los teléfonos y cámaras digitales. En menos de medio siglo ha pasado de ser una economía agrícola a una potencia mundial en alta tecnología, lo que le coloca en el grupo llamado ‘’tigres asiáticos’’, junto a Hong Kong, Singapur y Corea del Sur.

Pone en el mercado el setenta por ciento de la producción mundial de circuitos integrados y también está a la cabeza en fabricación de leds, pantallas y discos ópticos. Gran parte de la producción de tecnología se concentra, como si de un Silicon Valley californiano se tratara, en el parque informático al este de Taipéi, con una extensión de 650 hectáreas, en el que abundan sedes de grandes multinacionales informáticas.

Taiwán ocupa una de las primeras posiciones a escala mundial en la fabricación de teléfonos móviles, lo que se refleja en una población a un móvil pegada, a veces enfermiza, al igual que en gran parte del resto del mundo.

Pero, por encima de todo, el pueblo hace posible la estancia soñada, gente que brinda al visitante su encanto y hostilidad cordial. Un Fuenteovejuna de habitantes que se exigen a sí mismos exquisita limpieza, cordialidad y un cuidado medioambiental en el que hasta la recogida de basura se anuncia con el Para Elisa de Beethoven, cuando se aproximan los camiones por los diferentes distritos de la capital.

Diego Caballo

Diego Caballo

Periodista y escritor

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