Taiwán tensa las relaciones entre China y Estados Unidos

Portaviones Liaoning
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Madrid. Cuando aún no ha tomado posesión Donald Trump como nuevo presidente de Estados Unidos, lo que hará el próximo 20 de enero, el mundo ha empezado a ver todo lo que se avecina con el nuevo inquilino de la Casa Blanca, que al margen de su tensa primera rueda de prensa en seis meses, el enfrentamiento entre China y Estados Unidos ha ido subiendo de tono, sobre todo con el asunto de Taiwán y las relaciones comerciales que quiere imponer Washington a Pekín.

Mientras la presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen, viaja por Centroamérica, zona donde se encuentra la mayor parte de países con los que mantiene relaciones diplomáticas de la isla, para potenciar a su país y mostrar su hegemonía respecto a la República Popular China, cuyo gobierno protestó por la reunión que Tsai mantuvo con cargos electos estadounidenses en su escala en Houston de camino a su viaje centroamericano, Pekín elevó aún más la tensión cuando esta semana desplegó su portaaviones “Liaoning” en el estrecho de Formosa, zona que separa a Taiwán de la China continental.

Taiwán desde la llegada a la Presidencia taiwanesa de Tsai Ing-wen, el despliegue de antimisiles chinos en siete islas del disputado archipiélago Spratly, en el Mar de China Meridional, y con Donald Trump en la Casa Blanca servirán a Pekín para que afronte su nueva relación con Estados Unidos de forma diferente como lo venía haciendo con Barack Obama, cuya política hacia “el gigante asiático” ha sido duramente cuestionada por el nuevo gobernante estadounidense, quien ha reiterado que impondrá aranceles de hasta el 45 por ciento sobre los productos chinos.

Ya no sólo habrá que esperar a ver cómo reacciona el sistema internacional de libre comercio donde una posible guerra comercial entre Washington y Pekín no favorece a ninguna de las dos partes, y al mismo tiempo ver también como Donald Trump trata la política de “una sola China”, un desafío a la República Popular China cuando viene reiterando su apoyo a Taiwán, un apoyo que puede desequilibrar la región.

Sin embargo, la tensión no baja en favor de dar tranquilidad a la zona, pues el nuevo secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, ha atacado a China en unos de sus puntos más sensibles como son las islas del Mar de China Meridional, al criticar a Pekín la construcción y equipamiento de siete islotes artificiales, dotados ya de pistas de aterrizaje y sistemas de aterrizaje que incluye lanzaderas de cohetes antimisiles. Además, Tillerson también ha criticado las acciones navales de Pekín en torno a las islas Senkaku/Diaoyu, reclamadas por China pero controladas por Japón.

Lo que está claro que desde que Trump ganara, en noviembre pasado, las presidenciales estadounidenses las advertencias a China han sido frecuentes  y hasta podía considerar a Pekín como un enemigo a batir, lo que también ha originado la reacción del “gigante asiático” al despegar el portaaviones chino “Liaoning” con sus navíos de guerra que lo acompañan en la  zona de Identificación de Defensa Aérea de Taiwán, aunque previamente Estados Unidos había enviado al Mar del Sur de China (Meridional) su portaaviones Carl Wilson,  que originaron las protestas chinas.

No  obstante, las declaraciones de Rex Tillerson, cercano al presidente ruso, Vladímir Putin, según analistas, en el sentido de que la construcción de Pekín de islas en aguas del Mar de China Meridional “es una toma ilegal de áreas disputadas sin consideración por las normas internacionales” y además puntualizó que “las prácticas económicas y comerciales de China no siempre han seguido sus compromisos con acuerdos internacionales”.

La reacción del Gobierno chino ha sido breve ya no sólo a las muchas referencias que hizo Trump a China, sino estas mismas del inminente secretario de Estado estadounidense, incluso el presidente chino, Xi Jinping, está dispuesto la semana próxima a reunirse con los representantes del equipo del magnate norteamericano en Davos (Suiza) con motivo de la reunión del Foro Económico mundial.

China continental va a seguir presionado a Taiwán, que teme que Pekín les robe alguno de los países con los que aún tiene relaciones diplomáticas, entre ellos el Vaticano, aunque ya rompió sus vínculos con Santo Tomé y Príncipe que los ha estrechado con el “gigante asiático” y esta semana el gobierno de Nigeria anunció el cierre de la oficina de Taiwán en Abuya, capital de Nigeria, y ordenó trasladar su misión comercial a Lagos, un hecho consumado tras la visita del ministro chino de Asuntos Exteriores, Wang Yi, al país, cuyo titular de Exteriores nigeriano, Geoffrey Onyeama, reafirmó su apoyo a la política de una sola China.

Eso sí, el país africano había recibido previamente de Pekín 40.000 millones de dólares de colaboración, por la que la decisión nigeriana de exigir a Taipéi que trasladase a Lagos la oficina de representación que mantiene en Abuja, la capital nigeriana, forma parte de este aviso que hace Pekín no sólo a Taiwán sino también a Estados Unidos.

De esta forma, para dejar de depender económicamente de China, Taiwán se quiere expandir por el Sudeste Asiático, pero sospecha que Pekín presionará a otros Estados para que no firmen acuerdos comerciales. Con el nuevo apoyo de Trump, Taiwán busca su lugar en el mundo sin estar condicionado a China, pero su acercamiento a Japón cada vez es más notorio, lo que implicaría al mismo tiempo más “incomodidad” a Pekín.

Toda esta nueva política de Trump va a favorecer un estrechamiento entre Pekín y Moscú, pero habrá que ver entonces qué hace la nueva administración estadounidense con sus “piropos” a Putin, y más cuando el miércoles China y Rusia acordaron una serie de medidas  contra el previsto despliegue del sistema antimisiles THAAD estadounidense en Corea del Sur, ya diseñado por Obama con el objetivo de para los posibles misiles de Corea del Norte.

En definitiva, el tablero internacional va a sufrir cambios importantes con la llegada de Trump a la Casa Blanca, pero un enfrentamiento militar entre China y Estados Unidos, que podría también tener algún argumento posible si Washington cambia su política hacia Taiwán, es difícil aunque la tensión entre las dos primeras potencias del mundo puede ir en aumento si realmente la nueva administración estadounidense considera a la República Popular China como “un enemigo a batir”.

La primera rueda de prensa ha sido un reflejo de lo que va a ocurrir, pero realmente si Trump se enfrenta al mundo, la comunidad internacional y su propio país le pararán los pies.

Santiago Castillo

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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