Taiwán y Corea del Norte marcan las relaciones entre EEUU y China

Tsai Ing-wen, presidenta de Taiwán
Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Share on LinkedInEmail this to someoneCompártelo

Madrid. La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca estuvo marcada por una serie de actuaciones en política exterior que, erráticas en apariencia al principio, fueron reconducidas hasta adquirir, de nuevo un aspecto más en consonancia con la tradición diplomática norteamericana, pero en el nordeste asiático Taiwán y de Corea del Norte escenifican su impronta en las relaciones entre China y Estados Unidos.

Trump entró repartiendo no precisamente regalos, sino advertencias que, en algunos casos, hicieron temblar a más de un jefe de Estado.

A sus socios de la OTAN les dejó muy claro que tantos socios le costaban muy caro al tesoro americano si no contribuían como debían al mantenimiento de la organización, lo que levantó ampollas luego llegó incluso a decir que los estadounidenses se estaban cansando de pagar la protección de todos los miembros asociados.

Respecto al clima, hizo otro tanto, aunque en esta ocasión produjo más indignación que desamparo. Aseguró que sacaría a Estados Unidos del Acuerdo de París de 2015, para después suavizar su postura.

En lo que se refiere a China continental parece que decidió darse un respiro y, en lugar de abrir un calendario de conversaciones con su homólogo Xi Jinping y con el primer ministro chino, Li Keqiang, mantuvo una conversación en el mes de diciembre, ya electo, pero aún sin haber tomado posesión, con la presidenta de la República de China, Tsai Ing-wen, como consecuencia de la cual Trump transmitió el sentimiento de estar más próximo a las tesis independentistas de Tsai que al compromiso de aceptar la política de una sola China, doctrina de la República Popular, con la que deja claro que Taiwán es parte de su territorio y no una república independiente.

En abril, Xi Jinping y Trump mantuvieron una cumbre en Florida al cabo de la cual demostraron haber alcanzado un buen nivel de entendimiento que quedó de manifiesto cuando Trump se declaró a favor del compromiso de una sola China, parte de la política exterior norteamericana desde hace años, y se anunció la firma de varios acuerdos comerciales.

Con toda seguridad, durante la cumbre de Mar A Lago (ubicado en Palm Beach, Florida) Trump y Xi hablaron del otro escollo en sus relaciones, Corea del Norte y su programa nuclear y de misiles balísticos. Es fácil imaginar que Trump esperase una presión mayor de China para poner freno a las pruebas de misiles norcoreanas y a sus constantes amenazas. La situación norcoreana no ha cambiado, aunque ahora parece que Washington mantiene “dos o tres” canales de comunicación con Pyongyang,  que sigue ganando su “guerra mediática”.

Sin embargo, puesto que han aumentado en frecuencia desde abril y no parecía que la presión de los chinos hubiera producido efecto alguno, en el caso de que la hubieran llevado a cabo, Trump dio otra vuelta de tuerca y, en junio, Estados Unidos anunció la venta de armas a Taiwán, bajo el amparo de la Ley de Relaciones con Taiwán (Taiwan Relations Act, 1979), que incluiría, según la portavoz del Departamento de Estado, Heather Nauert, siete partidas para la defensa de Taiwán por valor de unos 1.200 millones de euros, incluida el  Arma de Lanzamiento a Distancia Conjunta, AGM-154, dirigida, de alcance medio y de precisión, resultado de un proyecto conjunto de la Armada y las fuerzas aéreas americanas, y torpedos MK 48 6AT, además de asistencia técnica para un sistema de radar de alarma temprana, que podría ser el del AEW&C, generalmente aerotransportado y que, a gran altura, puede distinguir entre aeronaves amigas o enemigas a cientos de kilómetros de distancia.

El mismo día del anuncio de la venta de armas, a finales de junio pasado, el departamento del Tesoro, anunció una serie de sanciones contra el banco de Dandong de China por ser la correa de transmisión financiera de las actividades ilegales de Corea del Norte. Ambos anuncios se produjeron mientras Donald Trump y el nuevo presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, buscaban en la Casa Blanca una manera de acabar con el programa nuclear y de misiles de Kim Jong-un.

La reacción china se produjo el jueves 29 de junio, cuando Cui Tiankai, embajador de la República Popular de China en Washington, declaró en el People’s Daily que estas dos acciones socavarían el clima de confianza que se había creado entre los dos líderes en el encuentro de Mar A Lago, corroborada por el portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Lu Kang, que afirmó que Estados Unidos habría interferido en asuntos internos de China de la que Taiwán forma parte inalienable.

No obstante, hay otros dos aspectos que tener en cuenta a la hora de considerar en qué nivel se encuentra la situación de Taiwán respecto a la República Popular de China.

El primero de ellos está relacionado con los países que aún mantienen relaciones con Taiwán. El  13 de junio, Panamá, hasta ese momento aliado, rompía relaciones con Taiwán y las establecía con la República Popular de China, su cliente número dos en el Canal y al que exporta una media de cincuenta millones de dólares al año, y del que importa más de mil seiscientos millones en el mismo periodo. La anterior defección se produjo en 2007, cuando Costa Rica hizo lo mismo. Al parecer, Panamá y Costa Rica se habrían incorporado al proyecto de la nueva ruta de la seda de China y ésta se habría ofrecido a construir una carretera que atravesará Panamá para llegar a Costa Rica.

Luego el segundo radica en el temor de Taiwán, sin duda, es que esta acción desleal pueda producir un efecto dominó y provocar otras. De momento, de los veinte países que reconocen a Taiwán, once se reparten entre Centroamérica y el Caribe a los que Taiwán ofrece generosas ayudas, no sólo mediante instrumentos de cooperación, sino también con regalos oficiales y pingües aportaciones al Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE).

Probablemente, con la intención de contrarrestar el proyecto entre Panamá y Costa Rica, y para frenar futuras veleidades de otros aliados, Tsai Ing-wen anunció el pasado 25 de septiembre, con motivo de la reunión anual de las Cámaras Taiwanesas Mundiales de Comercio, en Kaohsiung, al sur de Taiwán, la creación de un fondo de unos 3.000 millones de euros para financiar infraestructuras en los países aliados de Centroamérica y Caribe, en el sur de Asia y en Oceanía, como ya había prometido en su campaña en 2016.

Por otra parte, tras varios años de paralización, Tsai ha reanudado la campaña para que Taiwán entre a formar parte de la ONU,  de la que dejó de ser miembro en octubre de 1971 tras el ingreso de Pekín. La presidenta taiwanesa quiere marcar sus distancias con la China Continental, cuyo Ejército acaba de advertir a Taipéi que “mientras  Taiwán no busque independencia no debe preocuparse”. Está claro que Tsai conoce perfectamente lo que piensa Pekín, que no permitirá una secesión definitiva, pero la presidenta taiwanesa pese a las contradicciones de Donald Trump, Estados Unidos no dejará sola a Taiwán ante cualquier “intimidación” de Pekín.

De hecho, la invitación de Tsai Ing-wen, al Papa Francisco para que visite la isla es una forma de marcar su propia estrategia internacional, pero difícil dado que ahora el objetivo del Vaticano es atraerse a Pekín para mejorar unas relaciones inexistentes y la visita del Pontífice a la República de China pondría en peligro la mejora de relaciones entre el Vaticano y Pekín.

Luego, tal como afirma, Xulio Ríos, director del Observatorio de la Política China, es que Pekín, mientras Estados Unidos y a sus aliados, Japón y Corea del Sur, están ocupados con el asunto del programa nuclear y de misiles de Corea del Norte, está preparando una guerra parcial, limitada y no nuclear en el estrecho de Taiwán y en la que EEUU no podrá tomar parte, según denunció Kung Chia-cheng, vicealmirante taiwanés retirado y ex director del Instituto Nacional Chung-Shan de Ciencia y Tecnología.

En opinión de Xulio Ríos, el estancamiento de las relaciones entre Taiwán y China continental hace imprevisible su futuro inmediato.   

China ha incrementado su presión política, económica e internacional sobre Taiwán desde que la presidenta isleña, Tsai Ing-wen, se negó en su toma de posesión, el 20 de mayo de 2016, a aceptar que la isla era parte de China.

Juan de Castro Pita

Juan de Castro Pita

ex consultor de Naciones Unidas

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Usamos cookies para ofrecerte una mejor experiéncia de navegación. Si continuas navegando en esta web aceptas su uso. Más información

Usamos cookies para ofrecerte una mejor experiéncia de navegación. Si continuas navegando en esta web aceptas su uso.

Cerrar