Suntory: un whisky japonés entre los olímpicos

El embajador de Japón Masashi Mizukami en el acto de presentación
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Madrid. El agua, dicen, manda mucho en el paladeo final del whisky. Por eso era cuestión de tiempo solamente el que Japón produjese excelentes whiskies. Es verdad, como nos mostraron recientemente en la presentación del Chita, la última variación del fabricante Suntory, que su primera destilería fue en esa región central de Japón, denominada Chita, por su microclima similar al de Escocia. Sin duda, pero yo me inclino a que la calidad y variedad de sus aguas fue otro elemento casi más determinante.

Los japoneses son unos sibaritas del agua. Sabemos que no solo la traen del Polo Norte, sino de las capas más profundas de sus hielos perpetuos para sus inevitables “mizu-wari”, literalmente “roto con agua”; el whisky, claro.

Seguro que el Shinjiro Torii al igual que sus colaboradores y sucesores vieron la riqueza y variedad de aguas que aportaban los ríos Katsura, Kizu y Uyi. No, nos suenan sus  nombres, pero si vamos a Japón seguro que casi oímos sus corrientes desde el tren bala. Discurren a 25 minutos de la super industrial ciudad de Osaka y a 15 de la  Imperial Kyoto. A los pies del monte Tenno-san, el Señor del Cielo. Y por donde, en el XVI, el gran maestro introductor de la ceremonia del té, Sen no Rikyu, estableció sus reales. Nada de casualidad, la calidad y variedad del agua es también determinante para el té.

Allí empezó Suntory en 1924 un duro maratón que le saltea oros desde principios del XXI cuando la  Whisky Magazine galardonaba a su “Yamazaki” como “best of the best”. Después, como si fuera un maratón pero de relevos, sigue colgándose medallas en tantas categorías. Ahora nos ha llegado el “Chita” de elegante diseño moderno que me hace recordar, por contraste, a su increíblemente popular predecesor que reinó precisamente con los Olímpicos de Tokio en 1964. Para mí su botella es la más representativa del diseño japonés por la suavidad tentadora de sus curvas y el misterio de sombra de su color castaño. Se presentaba ya entonces pomposamente como “Suntory Old Whisky” pero todos le conocían como el Daruma. Nombre de un  humilde monje que acabó como un tonelete tras años de meditación sentado, incrustándosele las piernas en el tronco. Presumo que las masivas ventas del humilde Daruma, facilitó no poco la investigación y desarrollo de los atletas que cogieron el relevo.

Porque desde entonces, Tokio Olímpicos 1964, Suntory fue lanzando al mercado con botellas de diferente diseño y gustos de whiskies, que podrían hermanarse con las etapas recorridas por la sociedad japonesa hasta hoy, y posiblemente hasta los inminentes Olímpicos del 2020. Desde el humilde pero ilusionado gusto y botella del Daruma de los 60/70, o el  de más categoría Royal de botella cuadrada, y de cuadrículas señoriales, a los de gustos más sofisticados y de botella minimalista Hakushu, Hibiki, Chita…Todos sintonizando y reflejando nuestros cambiantes nuevos estilos de  vida.

Pedro Gallo

Pedro Gallo

Sociólogo y empresario especialista en relaciones hispano japonesas, con más de 14 años viviendo en Japón

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