Sesenta años del final de la guerra de Corea

Madrid. El sesenta aniversario de la guerra de Corea es una buena oportunidad para recordar el alcance y significación de aquel conflicto, el mayor de la guerra fría, y para lanzar una mirada sobre las consecuencias e implicaciones de aquella guerra, que técnicamente hablando, aún no ha concluido, ya que lo que puso fin a la misma no fue un tratado de paz, sino un armisticio.
No obstante, las carencias y violaciones del armisticio firmado en la localidad de Panmunjom, el 27 de julio de 1953, este acuerdo ha mantenido la península de Corea en una relativa estabilidad, con dos regímenes de signo político, económico y social radicalmente diferentes, a uno y otro lado de la Línea de Demarcación Militar (LDM), frontera provisional entre la República de Corea al sur, pro occidental, democrática y capitalista, y la República Popular Democrática de Corea (RPDC) al norte, que se  alineó desde su fundación con los países comunistas y se dotó de las estructuras políticas propias de estos regímenes autoritarios.
Firma del armisticio de Panmunjom, 27 de julio de 1953
La península de Corea se encuentra en el espacio geográfico y civilizacional de Asia nor-oriental, de fuerte impregnación budista y confuciana y, en el caso de Corea, con una activa e influyente comunidad cristiana. Corea ha convivido, a lo largo de su historia, con vecinos tan importantes como China y Japón y, más recientemente, con Rusia. Su pertenencia a Asia continental ha condicionado tanto su cultura, como sus tradiciones y su propia evolución política.Con esa vecindad, no debe sorprender que Corea haya sido” objeto de deseo” de esos vecinos poderosos, en un momento u otro de su historia. El caso más reciente y dramático, para la identidad de los coreanos, su cultura, lengua y tradiciones, ha sido la presencia e influencia japonesa en su territorio, a partir de la victoria sin paliativos del ejército japonés en la guerra chino-japonesa de 1895, hasta el establecimiento de un protectorado japonés sobre Corea (al término de la guerra ruso-japonesa) y la posterior anexión por Japón en 1910, que se mantiene hasta la derrota japonesa en la Segunda Guerra Mundial en agosto de 1945.

Al final de la II GM en la región Asia-Pacífico, la rendición incondicional de Japón hace que la mirada de los EEUU y sus aliados se dirija, fundamentalmente, a organizar la ocupación del Japón devastado por la guerra, encomendada al victorioso general MacArthur, como cabeza del SCAP (Supreme Commander of Allied Powers), a seguir los desarrollos de la guerra civil en China, donde preocupa el posible triunfo de los comunistas de Mao Zedong, y a defender Europa ante el poderío creciente de la Unión Soviética, fortalecida tras la victoria sobre Hitler, y hacer frente al riesgo nada remoto de la expansión del comunismo.

En este contexto, la seguridad de la península de Corea no estaba entre las preocupaciones esenciales ni de los estrategas militares, ni de los políticos norteamericanos. De hecho, Corea no figuraba entre las prioridades  para la defensa de Asia propuestas por el secretario de Estado, Dean Acheson. Tras una guerra con tantas destrucciones materiales como víctimas humanas, lo que se deseaba era el mínimo de compromisos militares, lo que significaba un techo más bajo de gastos militares y el regreso del mayor número posible de soldados a casa.

Durante la II Guerra Mundial (y aún antes), los nacionalistas coreanos, tanto los pro-occidentales, como los de orientación filosoviética o china, se habían mostrado activos contra el imperialismo y el militarismo japonés. Algunos hasta lucharon contra los japoneses en Birmania, pero los más se unieron al ejército soviético o a las unidades de Mao en Manchuria, entre ellos, el que poco después habría de ser el fundador de la República Popular Democrática de Corea, Kim Il-sung, origen, asimismo, de una “dinastía” de dirigentes, que ha regido los destinos de la RPDC desde su fundación en 1948 hasta hoy.

Como es sabido, la URSS declaró la guerra a Japón tres meses antes del fin de la contienda y ocupó el norte de Corea, deteniéndose en su descenso hacia el sur en el renombrado paralelo 38. Para evitar la ocupación rusa de toda la península de Corea, los EEUU proponen que la península se divida en dos zonas con el paralelo 38 como límite de ambas, con el objetivo de desarmar en cada una de ellas al ejército japonés. En el norte lo harían los soviéticos y sus aliados locales, y en el sur los norteamericanos y sus partidarios coreanos. Los soviéticos aceptan la propuesta, pero a muchos coreanos preocupaba la división del país en dos mitades, además de que ello iba contra lo acordado en la conferencia del Cairo (1943) por China, EEUU y Reino Unido, en el sentido de que Corea recuperaría su soberanía e independencia llegado el momento. Postdam consagra la división, pero en la conferencia de Moscú (diciembre de 1945) se decide que Corea sería administrada por una Comisión conjunta ruso-norteamericana. Corea se convertiría en un fidecomiso y después de cinco años llegaría la ansiada independencia. Las protestas no cesan y se reclama la unidad, aunque en cada una de las dos zonas se camina hacia un régimen separado de carácter occidental o procomunista.

Entre 1945 y 1948 el sur es administrado por USAMGIK (US Military Government in Korea) y el norte por los soviéticos .La violencia de la derecha y la guerrilla comunista es intensa en el sur y se vive una situación de auténtica guerra civil, con atrocidades cometidas por ambas partes. Los apoyos con que cuenta el Norte en el Sur, amén de numerosas infiltraciones, es lo que empuja a los dirigentes de Pyongyang a creer que no sería difícil lograr militarmente la unificación de la península bajo la bandera del comunismo. Rusia no sigue, en principio, este planteamiento, pero a medida que las circunstancias parecen cambiar a su favor en la escena internacional Moscú comienza a ser receptivo a los planteamientos del régimen de Kim Il-sung.

En mayo de 1948 se celebran elecciones en Corea del Sur y en agosto tienen lugar elecciones parlamentarias en Corea del Norte. El Sur promulga una Constitución con el conservador y autoritario Shyngman Rhee como Presidente y se proclama la República de Corea el 15 de agosto de 1948. Por su parte, en el Norte la Unión Soviética establece un régimen afín con Kim Il-sung al frente. La URSS se retira del Norte en 1948 y los EEUU lo hacen del Sur en 1949. La separación se consolida y se dan pasos hacia la guerra, que sería civil en su inicio, para convertirse, a partir de junio de 1950,  en un gran conflicto internacional, que colocaría al mundo al borde de la III GM. De hecho, el conflicto involucraría,  de un modo u otro, a las grandes potencias de la época, EEUU y Rusia, a China, a las Naciones Unidas y a una veintena de países.

La España de Franco, fuertemente anticomunista y dispuesta a sacar partido de la guerra fría, no participó en el conflicto por su situación de debilidad interna, por no ser miembro de las Naciones Unidas y porque los demócratas norteamericanos no veían con agrado la presencia en la coalición de la ONU de un país que había simpatizado y colaborado con las potencias del Eje.

Voces militares norteamericanas trataron, sin embargo, de incorporar  España de algún modo a esta gran cruzada anticomunista, aunque el alcance de esos intentos no es del todo bien conocido.

La invasión de la República  de Corea por el Norte comunista fue madurando en los primeros meses de 1950 y ganando verosimilitud al hilo de algunos acontecimientos de gran alcance internacional: Rusia es ya potencia nuclear en 1949 y la China de Mao es una realidad con la que hay que contar desde octubre de ese mismo año. Al mismo tiempo, la superioridad militar del Norte parece evidente y la presencia militar norteamericana en la República de Corea es más bien marginal. De ahí que Rusia pase del “nyet” a la aceptación de la operación.

Así, las cosas, el 25 de junio de 1950 se produce la invasión de la República Popular Democrática de Corea (RPCD) a lo largo del paralelo 38. La sorpresa es general y evidencia la falta de preparación del Sur, aunque en el ambiente flotaba la posibilidad de un conflicto abierto entre las dos Coreas. La inteligencia norteamericana, el SCAP en Tokio, es decir, MacArthur y su entorno, y la propia Casa Blanca son cogidos por sorpresa igualmente. Se organiza el envío de material y hombres desde Japón y la cuestión de la invasión se plantea en el Consejo de Seguridad de la ONU y en las Resoluciones 82 y 83 del Consejo se condena la invasión, se pide el cese de las hostilidades y el retorno de las tropas del Norte al otro lado del paralelo 38, al tiempo que se organiza una coalición internacional bajo la bandera de la ONU y el mando militar de los EEUU, lo que se conoce como el UN Command. Los EEUU adquieren conciencia del peligro que la invasión entraña para la seguridad de Asia y el mundo y ponen en marcha todo su potencial económico y militar para evitar la caída de Corea del Sur en manos comunistas, lo que también pondría en peligro a un Japón aún débil al que se trataba de convertir en punta de lanza de dispositivo occidental en Asia.

La ONU pudo reaccionar con rapidez, porque la URSS se había ausentado del Consejo de Seguridad, expresando así su malestar ante la atribución del asiento de China en el Consejo a Taiwán. De otro modo, Rusia habría vetado, sin duda alguna, las Resoluciones aprobadas, haciendo así mucho más difícil una respuesta coordinada y eficaz de la comunidad internacional a la invasión de la República de Corea.

La guerra duró algo más de tres años y fue un conflicto que produjo grandes daños y destrucciones y más de un millón de víctimas mortales en ambos bandos. La complicada geografía del país y su adversa climatología invernal contribuyeron a hacer más áspero y mortífero el conflicto. Se emplearon enormes recursos militares y humanos y la guerra marcó un antes y un después en lo que al uso de la aviación se refiere. La aviación a reacción hizo su aparición en el frente y resulto determinante para que lacoalición de la ONU contuviera las oleadas de “voluntario” chinos.

Inicialmente, el conflicto resultó favorable al Norte, que hizo uso con éxito de su superioridad en vehículos acorazados y en el empleo de tropas experimentadas en la lucha contra los japoneses en Manchuria, estando a punto las tropas del Norte de echar al mar a los norteamericanos y sus aliados del Sur, que quedaron reducidos a un pequeño anillo defensivo en torno al puerto de Pusan y el río Naktong. Los mayores medios de la coalición de la ONU y el tácticamente insuperable desembarco norteamericano en la bahía de Incheon, detrás de las líneas del Norte, ideado por MacArthur, permitieron al UN Command retomar Seúl y empujar a las tropas de Pyongyang más allá del paralelo 38, superando la situación crítica de los primeros meses de la guerra.

La situación del frente parecía favorecer  a la coalición de la ONU en su despliegue hacia el Norte y analistas y militares, como el propio MacArthur, veían próxima su llegada al río Yalu  (frontera con China) y la derrota de los comunistas, anunciando que las tropas pasarían en casa la Navidad de 1950. Falló la previsión y MacArthur no tomó en serio la posibilidad de una intervención china (Zhu En Lai había pasado un mensaje a los norteamericanos en ese sentido a través del embajador de la India en Pekín) una vez las tropas aliadas en la frontera con China, que era la línea roja fijada por Pekín para su intervención.

La intervención masiva de los “voluntarios” chinos  dio la vuelta a la situación y  las tropas del UN Command fueron humilladas y arrolladas por los comunistas sufriendo numerosas pérdidas en un invierno atroz, siendo empujadas al sur del paralelo 38 y perdiendo de nuevo Seúl. A partir de ahí el frente se estabiliza en torno al paralelo 38 y MacArthur se pronuncia en favor del bombardeo convencional de China e incluso de llevar a cabo un ataque nuclear, lo que inquieta en Washington y otros aliados de EEUU. En abril de 1951, el presidente Truman cesa a MacArthur y se busca el cese de las hostilidades, aunque aún pasarían dos años de enfrentamientos implacables antes de la firma del Armisticio el 27 de julio de 1953 en la localidad de Panmunjom.

El armisticio fue una respuesta militar a un conflicto bélico (alto el fuego, establecimiento de la Línea de Demarcación Militar entre las dos Coreas y una Zona Desmilitarizada de dos kms de ancho a cada lado de esa Línea, que es frontera provisional entre las dos Coreas, la espinosa cuestión del intercambio de prisioneros, etc), pero no una respuesta política y humana a la dramática división de la península de Corea en dos Estados antagónicos, que queda reservada a un difícil y problemático Tratado de Paz.

En el estado actual de las cosas cualquier arreglo de la cuestión coreana parece complicado y alejado en el tiempo. La RPDC es un régimen oligárquico y opresor, basado en el poder omnímodo del “querido dirigente “de turno y en el férreo control ejercido por el Ejército, el Partido de los Trabajadores y el implacable aparato policíaco. El régimen cuenta con capacidades nucleares y balísticas, pero apenas puede alimentar a su población. Es un estado fallido y un peligro para la paz mundial y la seguridad en la región. Aislada y condenada por la ONU, el chantaje y las provocaciones están en el meollo de su actuación internacional y no es mucho lo que cabe esperar de su disponibilidad para el cambio doméstico, la mejora de las relaciones intercoreanas y las conversaciones a seis bandas para la desnuclearización de la península de Corea.

La República de Corea, como corresponde a una sociedad plural y democrática, ha mostrado siempre más disponibilidad para el diálogo y la cooperación, pero ni la políticas de los presidentes liberales, Kim Dae-jung y Roh Moo-hyun, ni la más exigente y dura del presidente saliente, Lee Myung-bak, han hecho avanzar de manera significativa las relaciones entre las dos Coreas, salvo en áreas específicas de alcance limitado (zona industrial de Kaesong, visitas familiares y turísticas, por ejemplo). Nada ha impedido lo ensayos nucleares ni el lanzamiento de misiles por la RPDC, ni tampoco en hundimiento de la corbeta Cheonan, ni los ataques a la isla de Yeongpyeong.

EEUU es un actor principal en Asia nororiental y la RPDC busca desesperadamente alguna forma de diálogo y legitimación que pueda venir de Washington, puenteando a Seúl, lo que sería una forma de humillación para los dirigentes de la República de Corea. No es un escenario previsible, porque la RPDC carece de credibilidad y habrá de dar pasos significativos en la reforma doméstica o en la desnuclearización para que se inicie un verdadero diálogo. Por fuerte que sea la presión de Washington, junto con sus aliados, China es con toda probabilidad el actor clave de este complicado escenario. China ha privilegiado siempre la estabilidad y aunque no comparta los planteamientos y el modus operandi de Pyongyang, tampoco desea ver una península de Corea reunificada bajo la égida de Seúl y Washington. Habrá que hilar muy fino para que China se comporte como espera la comunidad internacional, salvaguardando al tiempo sus intereses geoestratégicos en el área.

Juan Leña, ex embajador de España en Corea del Sur

 

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4 Respuestas

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  3. 6 abril, 2014

    […] definitiva, la globalización económica del siglo XXI no puede resucitar la “guerra fría”, la cual aún perdura en la dividida Península coreana, ya que la interdependencia económica […]

  4. 12 junio, 2014

    […] Corea del Sur no es un país que viene de la nada, ya tiene demasiada experiencia en afrontar y superar crisis […]

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