El rincón más japonés de Madrid

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Madrid. Sin dragones espectaculares por las calles ni fuegos celestiales en la noche, Japón celebra cada año su vital fiesta de la belleza. Le basta esperar que la Naturaleza palpite en sus Sakuras y esa ola de belleza blanca recorra de Sur a Norte el país. Es la gran fiesta de la belleza naturalmente pura. Mucho más pura por su brevedad y sencillez de suave lluvia de pétalos. “Janami “, se llama: contemplación de las flores (Jana: flor. Mi: mirar, contemplar).

La sacralizó el Emperador en Nara con un gran banquete en el 812, confirmando ya al Sakura como el árbol a contemplar por excelencia. Antes parece que fue el ciruelo. El Sakura es solo blancura, sin  siquiera un apuntar de verde de hojas que nos distraigan. Y se hacen nieve durante solamente dos o tres días. La belleza añadida de lo efímero. Tampoco dan frutos, sólo presta sus ramas para arquear gloriosamente las avenidas, porque apenas los podan. El que pode un sakura es un sacrílego contra natura. Están dedicados sólo a la belleza.

Entre el 10 de marzo y 15 de mayo serían las mejores semanas para visitar Japón. Todos eufóricos, expectantes de la eclosión de la belleza. Todos amigos de todos en su contemplación de los sakuras. Siguen su  pacífica e inmaculada marea, desde Okinawa a Jokaido, telediario a telediario, viviendo todas sus incidencias climáticas favorables o adversas. La fragilidad añadiendo aún más belleza.

Cuando por el 2008, la entonces directora de Actividades Culturales de la “Asociación de la Comunidad Japonesa de Madrid” pensaba en cómo agradecer a esta ciudad su acogida a todos los ciudadanos japoneses que en ella vivían, los sakuras les brotó de recuerdos. No removió Roma sino al Ayuntamiento de la capital, ni tampoco Santiago sino a todos los posibles donantes para plantar sus sueños. Removió también viveros, porque de Japón no se podían importar, hasta que encontró en un vivero belga el Sakura Yoshino, el silvestre, el dedicado sólo a la belleza. Blanco con velo ligerísimo rosa. El 17 de marzo de 2009 florecieron ya los primeros 150 troncos importados, en una parcela del Parque Juan Carlos I, cedida por el Cabildo, y gracias a la inmediata y generosa aportación de particulares, grupos, asociaciones y empresas japonesas radicados en Madrid, e incluso amigos, conocidos y familiares de fuera. Su ejemplo, además, tuvo sus frutos, pues a los dos años otra empresa japonesa plantó otros sakuras de color rosa en la parcela contigua.

No hace falta ir a Japón en esta época, ni casi recomendable. Las riadas de contemplativos japoneses y extranjeros casi llegan a perturbar el ambiente y acabar angustiándonos. Triste, pero es así. Un paseo por el madrileño Parque de Ifema, entrando por la Avenida de Logroño, puede ser un buen consuelo, y desde luego proporcionarnos una mucho más pacífica contemplación. Entre finales de marzo y principios de abril, y antes de las aguas mil, azote de los pétalos, ese lento andar entre sakuras con buen tiempo, será el mejor sedante y agradecimiento a la pura belleza natural. Seguro que encuentra pacíficos japoneses que de estar en Japón le ofrecerían sake a compartir con sólo saludarles. Como aquí no hay sake “sin” no se puede en el parque. Pero es igual, ante el saludo, se sentirán todavía más acogidos.

Masako Kawabata

Masako Kawabata

Ex-directora de la “Asociación de la Comunidad Japonesa de Madrid”

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