Quo vadis, Japón?

Madrid. Harukiro Kuroda, gerente del Banco de Japón (BOJ), ha anunciado un nuevo impulso a la política económica de Japón que dirige el primer ministro, Shinzo Abe, con nuevos instrumentos económicos dirigidos a alcanzar cuanto antes una inflación del 2 por ciento o superior, a través del control del mercado de la deuda a largo plazo.

En principio, la política económica elaborada por Shinzo Abe, consta de un conjunto de medidas que, según la coyuntura económica, cuando se valoran los logros o los fracasos alcanzados por aquellos instrumentos, se aplican según se hallen los marcadores económicos de referencia.

Si atendemos al objetivo principal de estas medidas, el aumento de la inflación hasta un 2 por ciento, que significaría un movimiento por el lado de la demanda y que permitiría un crecimiento económico sostenido, dejando atrás la tendencia deflacionaria, no se ha alcanzado. Además, la idea de mantener los tipos de interés de los préstamos con valores negativos o en torno al 0 por ciento, para animar la demanda y el consumo, no sólo no ha producido estos efectos, sino que ha reducido los márgenes de ingresos de los bancos japoneses que, no sin razón, han expresado su malestar.

Por tanto, Kuroda ha decidido que ahora hay que centrarse en el control del mercado de la deuda a largo plazo, el bono japonés a diez años, de tal forma que el banco central podrá comprar deuda a largo plazo, hasta por un valor de ochenta billones de yenes (alrededor de 700.000 millones de  euros) para evitar su desplome, o no, en caso de que los inversores acudan al mercado a comprarlos.

Ni Joseph Stiglitz, el Nobel de economía, ni The Economist ven próxima la recuperación económica en Japón. Al menos en los términos orquestados por el Abenomics.

Por un lado, el editorialista de The Economist se muestra escéptico, en primer lugar respecto a la posibilidad de que Japón pueda remontar la tasa de deflación – un -0,4 por ciento hasta julio de este año – y convertirla en una tasa de inflación de al menos el 2 por ciento, lo que, de conseguirse, tendría varias lecturas; la primera, que la economía habría empezado a despegar por el lado de la demanda, es decir, del consumo y de la inversión y que los bancos habrían empezado a prestar.

No obstante, el consumo, sin duda vendría del lado de las familias; la inversión, fundamentalmente, del de las pymes, con un doble efecto positivo, a su vez, como es, primero, que habría funcionado la herramienta que lleva manteniendo los tipos de interés en negativo y, por otro, que estas empresas estarían listas para soslayar los posibles efectos negativos del brexit, ya que existe un número considerable de pymes japonesas radicadas en Reino Unido y su incremento en la inversión sería un reflejo de su mayor confianza en las herramientas del  Abenomics para hacer despegar, por fin, la economía de Japón. También sería, un indicador de que los posibles efectos negativos del brexit no lo serían tanto. No hablamos de la oferta, es el contenido original de la política económica de Abe. The Economist, no es necesario que insistamos en ello, no ve este despegue posible.

Respecto al Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, quien se ha mostrado siempre crítico con la desigualdad que se está originando en las economías más desarrolladas – recordemos que no hace mucho tiempo, Paul Krugman, otro Nobel de Economía, fue consultado por Abe y su equipo económico, para recabar su consejo en relación al conjunto de medidas económicas articulado por el gobierno de Japón – sólo se muestra esperanzado en las medidas adoptadas por el BoJ y el gobierno si, en lugar de potenciar la economía por el lado de la demanda, Japón articula medidas que mejoren su relación con el intercambio de emisiones de CO y organiza un entramado de políticas financieras verdes – que no estarían basadas en la compra de deuda pública, cuyo poseedor es, en gran medida, el propio Japón, por lo que su compra por su propietario no tendría mayor transcendencia.

Estas políticas le conducirían a una mejora de la confianza de inversores y consumidores que, si consiguieran hacer despegar la economía, pasando de índices deflacionarios a otros inflacionarios, que es lo que necesita Japón, al contrario de lo que se pudiera pensar, podrían exportarse a otros países en situación similar, igual que hiciera ya en el pasado cuando, al exportar sus tecnologías y su modo de gestionar sus recursos, contribuyó al crecimiento de, por ejemplo, los dragones del Pacífico (Corea del Sur, Singapur, Hong Kong y Taiwán).

Japón sigue siendo la tercera economía del mundo – la cuarta, si consideramos la Unión Europea – y refleja las ventajas de una economía global e interrelacionada. Y también los inconvenientes. Gran parte de la rémora a la que tiene que sobreponerse tiene que ver con la caída de los precios del petróleo, la caída de las expectativas de crecimiento de China y el fortalecimiento del yen frente al dólar.

Pero si, pese a estos obstáculos, consigue adentrarse en la senda de una inflación razonable y que despegue, en consecuencia, la economía, tendrá mucho que enseñar al resto de economías del mundo.   

Juan de Castro Pita

Juan de Castro Pita

ex consultor de Naciones Unidas

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