Putin, el hermano menor de China

Moscú. Muchos analistas buscaron oscuros motivos geopolíticos en la decisión del nuevo presidente chino, Xi Jinping, de elegir Rusia como el destino de su primer viaje al exterior. El propio presidente ruso, Vladímir Putin, contribuyó a la vorágine especuladora al proclamar ufano a los cuatro vientos que Xi había elegido Moscú por el carácter estratégico de las relaciones entre Rusia y China.
Xi Jinping y Vladímir Putin
No obstante, lo que tanto analistas como Putin obviaron es que el todopoderoso líder del gigante asiático viajó a Rusia y a África en busca de materias primeras. Ni más ni menos. Y es que eso es Rusia –más bien Siberia- para China, una inmejorable cantera de recursos naturales situada a la puerta de casa.
Y que no se rasguen las vestiduras en el Kremlin, ya que podía ser peor. Los papeles han cambiado. Pekín es ahora quien dicta sus propias condiciones a Moscú, que se ha convertido en el hermano menor. La sediente industria china necesita cada vez más gas y petróleo y para eso viajó Xi a la capital rusa. Para garantizar el suministro de recursos naturales a un precio que permita a la economía china crecer por encima del sagrado 7 por ciento. Tras casi una década de negociaciones sobre el precio del gas, Pekín parece haberse salido con la suya. Los chinos no pagarán precios europeos, como exigía el gigante ruso Gazprom. A lo más que han llegado es a conceder un crédito a la petrolera Rosneft para que duplique el suministro de crudo durante el próximo cuarto de siglo.
Los chinos son muy conscientes del declive tecnológico ruso. El gigante asiático hace mucho que dejó de ser el principal cliente de la industria armamentista rusa. Lo que aún no han comprado, ya lo han copiado. Cuando Pekín lanzó su primer hombre al espacio hace 10 años, ya quedó claro que los chinos habían dejado atrás sus complejos en ese terreno en relación con el heredero de la antigua Unión Soviética. Sólo en materia de energía nuclear civil, Rusia tiene aún ventaja sobre China. Pero todo se andará.
Con todo, los rusos pueden beneficiarse de esta situación, aunque a algunos en el Kremlin les puede parecer incómoda para su autoestima. Europa no deja de buscar fórmulas para reducir su dependencia energética del gigante del norte y Rusia debe buscar nuevos clientes en Asia. China es el cliente número uno, pero en la lista de espera están Japón, ambas Coreas, India y Vietnam, entre otros. Putin no tiene más remedio que convertir de una vez por todas a su país en una auténtica potencia euroasiática, sino quiere quedarse entre dos aguas, entre una Europa en declive y un continente asiático emergente. Además, tiene motivos geopolíticos, ya que el Lejano Oriente ruso se siente cada vez más desarraigado de Moscú, lo que convierte al territorio en un apetecible bocado para China.
Este pragmatismo confuciano es también el que regirá el comportamiento de ambos países en materia geopolítica. Rusia espera el respaldo de China en Siria, Irán y el Magreb, y Pekín espera lo mismo de Moscú en Asia y el resto de África. Este frente común que tanto exacerba a los occidentales es inamovible, pero sólo mientras las aspiraciones de ambas potencias sean complementarias. Se trata de una política sin dogmas ideológicos o ideales humanitarios. Esos que Occidente enarbola para colocar a sus peones en el tablero mundial. La única regla de oro para chinos y rusos es la no injerencia. El resto es negociable.

 Desde Moscú,  By Oscar Gantes

Oscar Gantes

Periodista

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6 Respuestas

  1. 29 noviembre, 2013

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  2. 18 marzo, 2014

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