El nordeste asiático, protagonista en 2016 (y II)

Panmunjom
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Madrid. Las relaciones entre las dos Coreas agravaron su deterioro desde el ensayo nuclear ejecutado en enero por el régimen de Kim Jong-un, partidario en su discurso de año nuevo del diálogo “con cualquiera que quiera la paz y la unificación de la península coreana’’, días después de la muerte del norcoreano Kim Yang-gon, responsable de las negociaciones con Corea del Sur.

Corea del Norte introdujo el año con una nueva prueba nuclear, la cuarta de su historia tras las realizadas en 2006, 2009 y 2013, esta vez de hidrógeno –bomba H-, que abrió un nuevo expediente de sanciones económicas por parte del Consejo de Seguridad de la ONU, con el apoyo no solo de Japón y Corea del Sur, sino también de China y Rusia.

No sería la última, pues en septiembre llegaría el quinto ensayo atómico, una ojiva capaz de alcanzar territorio surcoreano o japonés en un cohete, según los analistas, que corroboró a la comunidad internacional los avances norcoreanos en materia nuclear, además de la capacidad balística desarrollada en numerosas ocasiones durante los últimos doce meses.

El Congreso del Partido de los Trabajadores (PT), en mayo, que no se celebraba desde 1980, cuando la figura del líder recaía sobre el fundador del país, Kim Il-sung, consolidó el poder de Kim Jong-un al frente del Estado socialista y ratificó las directrices políticas, económicas y militares para el periodo 2016-2020.

Con las sanciones internacionales en vigor, la mano de obra norcoreana en el extranjero se convirtió en fuente destacada de ingresos para el país, principalmente procedentes de África, mientras el complejo de Kaesong era designado zona militar y peligraban las inversiones de entidades extranjeras.

Los ejercicios militares anuales Key Resolve y Foal Eagle, entre las fuerzas surcoreanas y estadounidenses, desplegaron 315.000 efectivos -17.000 de EEUU- entre marzo y abril en Corea del Sur como ensayo ante cualquier ataque de Corea del Norte, en medio de la negativa del Gobierno surcoreano a dialogar tras la petición de la parte Norte.

El despliegue del escudo antimisiles THAAD fue acordado en julio entre EEUU y el Ejecutivo surcoreano, luego de cinco meses de negociación, con el apoyo de Japón y la oposición de China y Rusia, pero a día de hoy continúa sin ubicación, demora prolongada por la crisis política que vive Corea del Sur.

La presidenta Park Geun-hye fue apartada del cargo por el Parlamento a principios de mes, involucrada en un caso de corrupción protagonizado por su amiga Choi Soon-sil, al salir adelante la moción de la oposición con 234 votos a favor y 56 en contra para la suspensión y destitución de sus funciones, motivada por las movilizaciones masivas en las calles de Seúl.

El secretario general de la ONU, el surcoreano Ban Ki-moon, quien fuera ministro de Asuntos Exteriores entre 2004 y 2006, que ultima su mandato al frente de la organización internacional, parte para la prensa surcoreana como el candidato con mayor apoyo popular para las elecciones presidenciales de 2017, aun sin haber presentado oficialmente su candidatura.

Un futuro Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Corea del Sur, China y Japón -en undécima, segunda y tercera posición de la economía mundial, respectivamente- sentó en la misma mesa a las potencias del nordeste asiático para la cooperación trilateral en el plano monetario.

El Foro de Periodistas por la Paz Mundial, celebrado en Seúl en abril, abordó la unificación y la desnuclearización de la península coreana, y contó con la colaboración del director de ASIAnortheast.com, Santiago Castillo, que manifestó la importancia de la reanudación de las conversaciones a seis bandas (China, EEUU, Rusia, Japón y las dos Coreas), suspendidas desde 2008.

De cara a 2017, los países del nordeste asiático afrontan con incertidumbre la entrada del nuevo año, marcada en el calendario por la investidura del republicano Trump como presidente de EEUU, el próximo 20 de enero, tras imponerse en las elecciones de noviembre a la demócrata Hillary Clinton, y la puesta en marcha de su política exterior.

El efecto Trump medirá fuerzas con China y resolverá la incógnita de la pragmática política del empresario neoyorquino, que aseguró en la campaña electoral la retirada de EEUU del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés) y alertó a Japón y Corea del Sur de reducir la protección militar estadounidense.

En la historia quedará el legado de Barack Obama y será tarea de su sucesor continuar o desistir el viraje experimentado durante los últimos cuatro años en cuanto la importancia de los asuntos exteriores, desde Oriente Medio a la región Asia-Pacífico, cuyo protagonismo aumentará en 2017.

Sergio Perea Martínez

Sergio Perea Martínez

Estudiante de Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid.

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