El Nobel de la Paz 2017, contra la respuesta nuclear al conflicto coreano

Protesta contra las armas nucleares. Fuente: ICAN.
Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Share on LinkedInEmail this to someoneCompártelo

Madrid. La Academia Noruega reconoció este año con el Premio Nobel de la Paz el trabajo activista y diplomático de la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares (ICAN, por sus siglas en inglés), una oenegé internacional, y con participación española, que clama por la caducidad del armamento nuclear, en medio de la tensión al alza entre Corea del Norte, sus vecinos y Estados Unidos.

El simbólico galardón, ideado por el sueco Alfred Nobel para premiar el fomento de la paz, ensalzó “su labor para llamar la atención sobre las catastróficas consecuencias humanitarias de cualquier uso de armas nucleares y sus esfuerzos innovadores para lograr una prohibición basada en tratados”.

La elección se impuso, entre otras alternativas sonadas, a los ‘’cascos blancos’’ sirios o el pacto nuclear alcanzado a nivel global en 2015 por parte de EEUU e Irán, con la mediación de la Unión Europea, una candidatura sobre la que pudo pesar, en opinión de analistas, la presión del Gobierno estadounidense de Donald Trump para evitar cualquier intento de reconocimiento hacia la política exterior de su antecesor en el cargo, Barack Obama.

A su favor contó la puesta en marcha del Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares, impulsado el pasado julio en la ONU por 135 países para una eventual e improbable firma conjunta de la comunidad internacional por la oposición, aunque en forma intermedia de abstención, del Consejo de Seguridad -EEUU, China, Rusia, Reino Unido y Francia- y sus aliados.

El acuerdo, de entrar en vigor, y de ser respetado después, impediría ‘’desarrollar, ensayar, producir, fabricar, adquirir de cualquier otro modo, poseer o almacenar armas nucleares’’, colaborar o recibir la ayuda de terceros para tales fines.

Hasta el momento, medio centenar de países han estampado su firma en el tratado, incluidos Filipinas, Indonesia, Laos, Malasia y Vietnam, la mitad de las naciones integrantes de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), partícipe además del voto favorable de Birmania (Myanmar), Brunei, Camboya y Tailandia.

Sólo Singapur apostó por la abstención, dentro de una organización cercada por el arsenal nuclear de China, India y Pakistán, quienes administran en torno a 500 de las cerca de 15.000 armas nucleares contabilizadas por el instituto sueco de investigación SIPRI, y cuyos ‘’apoyos regulares a la prohibición siguen siendo una seria duda’’, según la ICAN.

El Consejo de Seguridad, así como la mayoría de los países miembros de la ONU, como Japón y Corea del Sur, reivindican la legitimidad única, no compartida, del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), alentado en 1968, en plena guerra fría, para permitir la posesión exclusiva de armamento atómico a los miembros del Consejo de Seguridad.

Fuera de éste, al igual que del convenio propuesto por la ICAN, permanecen Israel, India, Pakistán y Corea del Norte -que se retiró del TNP en 2003, tres años antes de la primera de sus seis pruebas nucleares, en octubre de 2006 como poseedores de material atómico.

La ICAN, fundada en 2007, con sede en Ginebra (Suiza), reúne a más de 400 organizaciones repartidas por todo el mundo, tres de ellas españolas: el Centro Delàs de Estudios por la Paz, la Fundación por la Paz y la Asociación Española de Médicos para la Prevención de la Guerra Nuclear.

”Es un momento de gran tensión global, cuando la retórica ardiente nos podría llevar, inexorablemente, a un horror indescriptible. El fantasma del conflicto nuclear se vuelve grande una vez más. Si alguna vez hubo un momento para que las naciones declaren su oposición inequívoca a las armas nucleares, ese momento es ahora”, señaló la ICAN en un comunicado de agradecimiento.

La solución pacífica de los conflictos es su meta. Cómo no, también, en la península coreana, dividida desde el final de la guerra de Corea con el armisticio de 1953, y no con un tratado de paz.

Sergio Perea Martínez

Sergio Perea Martínez

Estudiante de Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid.

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Usamos cookies para ofrecerte una mejor experiéncia de navegación. Si continuas navegando en esta web aceptas su uso. Más información

Usamos cookies para ofrecerte una mejor experiéncia de navegación. Si continuas navegando en esta web aceptas su uso.

Cerrar