Muere el disidente chino y Premio Nobel de la Paz Liu Xiaobo

Premio Nobel de la Paz 2010, Liu Xiaobo
Premio Nobel de la Paz 2010, Liu Xiaobo
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Madrid. La muerte del disidente chino y Premio Nobel de la Paz 2010, Liu Xiaobo, de 61 años, ha originado una cascada de protestas a nivel internacional que ha supuesto que Pekín haya presentado quejas formales a varios países, entre ellos a Estados Unidos, sobre el fallecimiento de Liu, que luchó por la democratización de China y pasó los últimos nueve años en prisión, excarcelado recientemente tras haberle sido diagnosticado un cáncer de hígado terminal.

Liu Xiaobo era uno de los disidentes chinos más conocidos y obtuvo el Nobel de la Paz en 2010 tras ser condenado el año anterior a 11 años de cárcel acusado de “incitar a la subversión del poder del Estado”, y tras firmar, junto a otros 300 intelectuales, el manifiesto político “Carta 08”, que pedía la entrada en vigor de derechos constitucionales como la libertad de prensa o expresión o el pluripartidismo.

Las autoridades chinas aceptaron sacarlo de prisión el pasado 26 de junio, cuando su estado ya era crítico, pero el disidente, que ha fallecido en un hospital blindado, bajo custodia policial, finalmente no pudo viajar al extranjero junto a su mujer, Liu Xia, que se encuentra bajo arresto domiciliario, para que pudiera recibir tratamiento médico.

China, que consideró que algunas críticas no representan la visión de toda la comunidad internacional sobre la muerte del disidente, presentó una serie de quejas a Estados Unidos y al alto comisionado de la ONU para los derechos humanos, Zeid Ra’ad al Hussein, además de Francia y Alemania, entre otros países, que cuestionaron el caso del Nobel de la Paz, sobre cuya esposa, Liu Xia, no hay por ahora indicios de que sea anulado su arresto domiciliario.

El ahora ya fallecido Nobel de la Paz había pasado 21 meses encarcelado tras la matanza de 1989 en la plaza de Tiananmen por su apoyo a los estudiantes que participaron en las protestas pacíficas y fue de los pocos que, tras aquellos sucesos que acabaron con ese  movimiento, continuó en su defensa de la democracia.

Al mismo tiempo, a raíz de realizar una serie de críticas contra la política de Pekín hacia Taiwán y el Tíbet le valieron el ingreso en un campo de reeducación entre 1996 y 1999, mientras sus años en libertad estuvieron condicionados a una vigilancia policial.

Pese a que las autoridades chinas han sido inflexibles sobre el tratamiento otorgado a Liu, al asegurar que se trata del caso de “un criminal sentenciado de acuerdo a la justicia” que ha recibido “los mejores cuidados posibles y que éste es un asunto interno”, la comunidad internacional elogió la figura del disidente chino, fallecido tras sufrir un fallo multiorgánico a causa de un cáncer hepático, cuya muerte prácticamente ha sido silenciada en los medios oficiales chinos.

Por su parte, la presidenta del Comité Nobel, Berit Reiss-Andersen, señaló que China tiene “una gran responsabilidad” en la muerte de Liu Xiaobo, y recordó que, al otorgarle el Nobel de la Paz, se distinguió su compromiso y su lucha por la democracia en China, mientras EEUU por mediación de su secretario de Estado, Rex Tillerson, lamentó la “trágica muerte” de Liu y pidió a Pekín que libere a su viuda, la poetisa Liu Xia, del arresto domiciliario en el que se encuentra para que pueda “abandonar China”, que podría ser acogida por Alemania.

Lo mismo ha ocurrido con otra serie de países que han lamentado la muerte de Liu Xiaobo como el ministro francés de Asuntos Exteriores, Jean-Yves Le Drian, que expresó su “profunda tristeza” por el fallecimiento del disidente chino y pidió libertad de movimiento para sus allegados, así como el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, que se declaró “profundamente triste” o la Canciller alemana, Angela Merkel, que expresó su pesar por la muerte de Liu, a quien definió como “luchador por la libertad de expresión”, cuyo país se ofreció para tratar su cáncer terminal.

La reacción internacional ha sido considerable pero China ha mantenido siempre que la concesión en su momento a Liu del Premio Nobel de la Paz en 2010 fue una “blasfemia y los países extranjeros no están en condiciones de hacer comentarios impropios”, dice el portavoz del ministerio de Asuntos Exteriores chino, Geng Shuang.

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