Los jóvenes más brillantes obligados a trabajar en el desarrollo nuclear de Corea del Norte (I)

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Madrid. Corea del Norte selecciona a los alumnos más destacados en la escuela secundaria, a los más inteligentes en matemáticas, físicas, químicas, y los mandan a universidades especiales de defensa para su formación, en un proceso que se hace en todo el país para que participen en el desarrollo nuclear, pero que luego sufren la radiactividad, enferman, sufren minusvalías y muchos mueren sin llegar a los 40 años.

El rotativo surcoreano Chosun Ilbo difundía recientemente esta información, en la que explica que los más capacitados entre 18 y 20 años, antes de ir a la Universidad, se produce un proceso de selección para que así sus profesores designen a los “mejores” para trabajar por el país. Una dura realidad que los seleccionados cuando reciben la noticia de su alto nivel pueden estar hasta un mes sin comer sabiendo lo que les espera, subraya el diario surcoreano con más de dos millones de ejemplares diarios.

Informes oficiales diagnostican que los jóvenes cuando están trabajando o en contacto con la radiactividad el operario enferma, pero esta anacrónica selección de jóvenes talentosos está originando que muchos de ellos no muestren su capacidad de inteligencia ante el peligro de ser enviados a trabajar a la Universidad de Kanggye, de la provincia de Changan-do, especializada en asuntos de defensa. Sin embargo, se hace difícil escapar de los buenos informes de los profesores, obligados a defender siempre los intereses del país.

No obstante, como dice el Chosun Ilbo, el premio que reciben los jóvenes seleccionados son bellas mujeres, pero no practican el sexo ni tienen descendencia para evitar el contagio radiactivo, ya que en el poco tiempo que están trabajando en la investigación nuclear terminan sexualmente insensibles y si logran casarse el divorcio se castiga con seis meses de cárcel.

Kanggye, de unos 200.000 habitantes, es una ciudad de gran importancia estratégica, derivada de su topografía, y siempre fue de interés nacional, incluso en la Dinastía de Joseon (1392-1910) fue un lugar de enorme importancia desde el punto de vista militar, y ahora ubica su Universidad especializada en asuntos de defensa.

Corea del norte tiene centros de investigación de energía atómica en las ciudades de  Yongbyon y Sunchon, además de una planta de energía atómica en Sinpo. Pero la Universidad de Defensa Kanggye se encuentra enmarcada en los órganos del desarrollo de armas nucleares del país, que incluyen a otras universidades de Corea del Norte.

Al parecer el programa sobre Corea del Norte, recientemente emitido por Antena 3 televisión, tuvo un fuerte impacto en sus cuatro millones de televidentes, pero la situación en Corea del Norte no es nueva y si está como está es porque en parte se lo  permiten los mismos países que configuran las conversaciones a seis bandas (EEUU, China, Japón, Rusia y las dos Coreas) para desnuclearizar la península coreana.

Estos países pueden hacer mucho más, aunque intereses políticos, económicos y estratégicos prevalecen por encima de la sociedad norcoreana cada vez más mermada en todos sus aspectos, lo que hace que la división de la península coreana siga siendo el único rincón existente de lo que fue la “guerra fría”, un auténtico vestigio del final de la Segunda Guerra Mundial con Alemania, ya unificada, y Japón, que colonizaba toda Corea desde 1910 pero tras la rendición nipona quedó dividida como se encuentra en la actualidad con la dinastía de los Kim en el poder desde 1948. 

Es anacrónico pensar que el régimen norcoreano vaya a invadir Corea del Sur o a lanzar misiles contra Estados Unidos. El país vive en un estado permanentemente de guerra, es una guerra diaria, es una guerra que está perenne en todos los hogares de los norcoreanos, es difícil romper el miedo en Corea del Norte, siempre los mismos enemigos, siempre el mismo guión, estabilidad y progreso como dice el gobierno, siempre el mismo objetivo y sobre todo siempre destinando gran parte del presupuesto nacional, al menos el 16 por ciento del PIB, a sus Fuerzas Armadas, con 1,2 millones de soldados, según distintas fuentes, que también aluden a un tercio del PIB.

Además, en 2015 las Fuerzas Armadas norcoreanas se verán incrementadas tras un decreto del Gobierno que obliga a partir de este año cumplir el servicio militar a todas las mujeres de entre 17 y 20 años, tal como señaló en enero pasado el “Daily HK”’, diario en Internet con sede en Seúl, para compensar la escasez de efectivos masculinos derivada de los graves problemas demográficos que atraviesa el país, que aún no se ha recuperado en su totalidad de la hambruna que sufrió desde 1994 hasta 1998, que dieron lugar a un alto índice de mortalidad infantil y aún lento ritmo de natalidad.

Los síntomas de una grave penuria alimentaria siguen afectado a unos seis de sus 24 millones de personas, en especial en los niños, malnutridos y con poco peso a pesar de la proliferación de los mercados. Pero es que las inundaciones y la hambruna de mediados de los años noventa destruyeron la economía planificada central que tenía organizada el régimen comunista y entonces el Sistema de Distribución Público del gobierno, que llevaba alimentando a la mayoría de los norcoreanos desde 1950 se colapsó.

Esta grave situación originó que cada vez fuera mayor el número de ciudadanos que se arriesgaban a pasar ilegalmente la frontera hacia China en busca de comida, medicina o trabajo con la posibilidad de escapar a Corea del Sur y con la certeza de que si eran “cogidos” sólo les esperaba la muerte, además de las torturas que sufrirían sus familiares, que terminan siendo enviados a “campos de trabajo”, falleciendo o fusilados.

Pero la hambruna que sufrió Corea del Norte en los noventa justificó cierta tolerancia del régimen de Kim Jong-il que dio lugar a que los soldados en los controles por el país fueran más permisivos, dado que hay que tener permiso para ir de un sitio a otro, permitiendo de esta forma a los ciudadanos a desplazamientos en búsqueda de comida, e incluso ya no sólo en la frontera con China sino en otros lugares los soldados, muchos con problemas alimenticios, antes que la documentación buscaban comida, lo que también permitía más facilidades con sobornos para cruzar la frontera a través del río Tumen, menos profundo que el Yalu (también fronterizo), hacia China para luego intentar llegar a Corea del Sur.

Todo es impredecible en Corea del Norte. El retraso mental provocado por la malnutrición en la primera infancia descalifica aproximadamente a un cuarto de potenciales reclutas militares de Corea del Norte, según el Consejo Nacional  de Inteligencia, una institución de investigación que forma parte de los servicios secretos estadounidenses y su informe relata que las discapacidades intelectuales causadas por el hambre entre los jóvenes probablemente paralizaría el crecimiento económico incluso si el país decidiera abrirse al mundo exterior o unificarse con Corea del Sur, decía el periodista estadounidense Blaine Harden.

En definitiva, no tendría medios humanos para rehabilitar y desarrollar el país, pues las élites, en especial la militar, es la que controla a toda la sociedad norcoreana, la cual desde mediados de los noventa el régimen no ha sido capaz de cultivar, comprar o distribuir suficiente comida para alimentar a sus 24 millones de habitantes. Incluso el  Hangul, el idioma en toda Corea, la carencia de académicos que cuiden la lengua en el Norte dificulta su desarrollo con actualizaciones que requiere el progreso y el desarrollo informático como ocurre en Corea del Sur.

Ya hacía tiempo que Kim Jong-il le había dicho a los chinos que Corea del Norte defiende la autosuficiencia para lograr que el país se convierta “en una nación grande, próspera y poderosa” para el 2012, centenario del nacimiento de Kim Il-sung, pero el  “querido líder” murió antes, en diciembre de 2011, y el país sigue sin despejar, aunque eso sí, obtuvo de Pekín la aprobación para que sus hijo, Kim Jong-un, fuera su sucesor, pero sin saber que el joven “brillante camarada” ocasionaría tanto quebraderos de cabeza a los chinos y a la comunidad internacional con sus ensayos nucleares y lanzamientos de misiles, que el “gigante asiático” siempre reprobó.

En un país cuya renta per cápita ronda los 1.000 dólares y con grandes problemas alimentarios se hace difícil entender tanto dinero destinado a la modernización de las Fuerzas Armadas, que deben estar siempre alertas ante cualquier ataque exterior, que nunca se producirá y que sirve de argumento al régimen para sobrevivir de espaldas a la realidad. Una mínima conspiración es un delito que conduce a la muerte, pero es que además está premiado delatar para así subir peldaños y ganarse la confianza del régimen en una sociedad que sigue basándose en las castas y en el culto a la personalidad, en una educación en la que sólo existe el “juche” como único pensamiento y con unos parámetros militares que se aprenden desde que se nace hasta que se muere. Ya lo dice el régimen: lanzar misiles o hacer pruebas nucleares es un derecho soberano y autónomo de legítima defensa. Pero nadie se fía de nadie. El miedo no tiene fronteras, pese a que el régimen lo usa para controlar a la población ante la posible invasión o ataques del exterior, en especial de Estados Unidos.

Las montañas norcoreanas se encuentran surcadas por ríos grandes y pequeños de corrientes rápidas y su potencial hidráúlico es tan elevado que el 90 por ciento de la electricidad que se consumía en la península coreana antes de la separación de ambos Estados provenía del Norte, pero la dinastía de los Kim no ha sabido construir ni mantener una red eléctrica nacional fiable a partir de las presas hidroeléctricas, situadas en su mayoría en áreas remotas, de ahí que tenga apagones constantemente y con la electricidad fuera de servicio a media tarde, en especial en la zonas rurales y fuera de Pyongyang, en cuya capital las luces no están encendidas al cien por cien.

El culto a la personalidad glorifica a los líderes norcoreanos fallecidos

El culto a la personalidad glorifica a los líderes norcoreanos fallecidos, actos y festejos que simbolizan la idiosincrasia de la sociedad, donde el espíritu de la autosuficiencia basada en el “juche” marca la esencia de todo un pueblo con total adhesión a sus dirigentes. Tanto Kim Il-sung como Kim Jong-il siguen vivos en el pensamiento norcoreano, ya no sólo en sus pin sino en la obligación de todos los hogares de tener sus propios retratos como referencias incuestionables de que representan al más allá simbolizando la fuerza y que el quehacer de la vida diaria del país.

El actual líder Kim Jong-un ha incrementado el culto a la personalidad, incluso la vida y obra del joven “mariscal” ya es una asignatura obligatoria en la enseñanza secundaria de Corea del Norte. Pero el pasado no arregla el futuro. La supervivencia del régimen norcoreano es la máxima prioridad, pero su actual política nuclear y económica no está favoreciendo a su desarrollo.

China, que no estuvo presente en los festejos del cumpleaños del fallecido Kim Jong-il, sólo a nivel de Embajada, la semana pasada en Pyongyang, desea que el régimen haga cambios para favorecer una mayor actividad económica del país, y ahora las buenas relaciones con Seúl pueden ser el principio de que en Corea del Norte se dé cuenta que esta política de “guerra permanente” no va a ninguna parte y menos el inmenso dinero invertido en mantener  vivos a los líderes ya fallecidos con toda clases de actos y festejos,  incluso el posible establecimiento de relaciones diplomáticas entre Corea del Sur y Cuba debe también influir a las autoridades norcoreanas para que hagan concesiones a su rígida política económica. Pero la inmensa mayoría de los norcoreanos no puede seguir ignorando lo que ocurre fuera de sus fronteras.

Santiago Castillo, periodista, escrito, director de Asianortheast.com y experto en la zona

Santiago Castillo

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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3 de Respuestas

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