Las maniobras militares y la amenaza de ensayos de misiles tensan la península coreana

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Madrid. Las maniobras militares conjuntas entre Corea del Sur y EEUU, las amenazas de Corea del Norte de “castigar sin piedad” a estos países, el reciente lanzamiento de misiles norcoreanos y el ataque de un activista al embajador estadounidense en Seúl, Mark Lippert, con un cuchillo en protesta por estos ejercicios han elevado la tensión en la península coreana.

Ya lo ha advertido Corea del Norte: “Los militares y ciudadanos de la República Popular Democrática de Corea del Norte castigarán de forma contundente a los agresores imperialistas de EEUU con los más duros contraataques sin piedad”, reza un comunicado del régimen de Kim Jong-un.

En definitiva, es el mismo guión de todos los años, la tensión sube cuando vienen las maniobra militares, entonces el Ejército Popular de Corea del Norte, uno de los más numerosos del mundo con 1.200.000 efectivos, ha obligado a “poner en alerta a todas sus unidades de ataque en tierra, mar y aire” ante los ejercicios militares que Corea del Sur y EEUU llevan a cabo en suelo surcoreano, donde las bases estadounidenses están reforzadas por 28.500 soldados americanos, dentro del programa de defensa que Seúl y Washington mantienen desde el fin de la guerra coreana (1950-53).

A las protestas de Corea del Norte, se ha añadido el ataque de un activista surcoreano, contrario a estas maniobras militares, con un cuchillo de 15 centímetros, al embajador de EEUU en Corea del Sur, Mark Lippert, de 42 años, un ataque que ha originado que el diplomático haya necesitado unos 80 puntos y varias horas de cirugía en la cara y en una mano.

Este incidente ha servido también para elevar más la tensión y para que el régimen norcoreano lo haya calificado de “un castigo justo y una muestra de resistencia” contra las maniobras anuales que los ejércitos de Corea del Sur y de EEUU acaban de comenzar. “Merecido castigo”, es como lo interpretó Pyongyang.

El activista surcoreano Kim Ki-jong, de 55 años, viajó a Corea del Norte siete veces en 2006 y 2007, y en diciembre de 2011 trató de erigir en Seúl un monumento al fallecido “querido líder” norcoreano Kim Jong-il, por lo que “estamos buscando la correlación entre estos hechos y el incidente”, explicó la policía. Un incidente que exterioriza el hartazgo de la sociedad coreana en torno a un ya viejo problema de la población, cansada de ver todos los días los mismos problemas con el régimen de Kim Jong-un.

Pero es probable que la tensión en la península coreana siga en aumento en las próximas semanas, dado que al igual que años anteriores Corea del Norte ha respondido con duras campañas de amenazas y hostilidades al Key Resolve y Foal Eagle, dos de los mayores ejercicios conjuntos anuales de Seúl y Washington.

Pero si el Key Resolve finaliza el 13 de marzo y cuenta con unos 10.000 efectivos surcoreanos y 8.600 estadounidenses, el Foal Eagle reúne hasta el 24 de abril a 200.000 tropas de Seúl, 3.700 de EEUU y 70 de Australia, Canadá, Reino Unido, Dinamarca y Francia.

De esta forma, Corea del Norte ya condenó las maniobras previamente al considerarlas como “un ensayo de invasión” a su país, y como primera respuesta llevó a cabo los pasados días el lanzamiento de varios misiles de corto alcance que cayeron en el mar de Japón (mar del Este). Pyongyang considera que los ejercicios militares de estos países “están empujando al borde de la guerra en la península coreana”.

Corea del Norte podría congelar sus pruebas nucleares a cambio de que EEUU y Corea del Sur cancelasen sus maniobras militares anuales, pero no se dan las circunstancias para ello, ya que Pyongyang no lo haría, pero sería una buena alternativa para poner fin a la inestabilidad y tensión en la península coreana, y así el régimen de Kim Jong-un debería de forma definitiva abandonar su programa nuclear y acudir a las conversaciones a seis bandas (EEUU, China, Rusia, Japón y las dos Coreas) para poner fin a su programa nuclear a cambio de ayuda económica.

Probablemente las maniobras militares anuales en otro escenario, menos tenso y bélico, darían lugar a ir reduciéndose hasta lograr un tratado de paz que aún no existe entre las dos Coreas.

Qué sentido tiene que Corea del Norte vuelva de nuevo a mostrar su disposición al diálogo con Corea del Sur, cuando Seúl ha mostrado total capacidad para conversar y encontrar todos los resquicios posibles para un definitivo entendimiento, pero Pyongyang no se decide y luego el gobierno surcoreano termina reconociendo que ya ha pasado la oportunidad para el diálogo y la  mejora de relaciones entre el Norte y el Sur. Y así constantemente desde hace décadas.

China es un actor fundamental, pero no siempre Kim Jong-un le hace caso a Pekín, y ahora con estos nuevos incidentes el “gigante asiático” pide contención a Pyongyang y a Corea del Sur, y aumentar todos los esfuerzos necesarios para aliviar la tensión y garantizar la paz, lo que de momento no se vislumbra bajo ningún concepto.

Al lanzamiento de misiles o que el ataque al embajador estadounidense se lo “tiene bien merecido”, hay que sumar las declaraciones del ministro norcoreano, Ri Su-yong, cuando advirtió en los pasados días en la ONU que “la península coreana es un peligroso barril de pólvora nuclear” y que su país tiene el poder militar necesario para disuadir o responder cualquier ataque de Estados Unidos”.

“Corea del Norte tiene el poder de disuadir a EEUU y lanzar ataques preventivos, si es necesario”, dice Ri, o cuando el régimen comunista en más de una ocasión el líder norcoreano amenaza que “aplastará de forma implacable la política hostil de Estados Unidos” e incluso cuando Pyongyang está lista para disparar misiles balísticos Nodog de medio alcance. En suma, todo este escenario hace imposible que contribuya a rebajar la tensión y proclamar el fin de una situación anacrónica que aún perdura desde el fin de la II Guerra Mundial cuando se dividió la península coreana.

Airear constantemente que el país está en guerra no conduce a resolver ningún problema y ahora debe llegar el momento definitivo para que los países que forman las conversaciones a seis bandas tomen decisiones tajantes –que pueden hacerlo- para poner fin a un foco lleno de tensión: el único rincón aún existente de la “guerra fría”.

Las dos Coreas siguen técnicamente en guerra ya que el conflicto que las enfrentó entre 1950 y 1953 se cerró con un alto el fuego (armisticio) en vez de un tratado de paz.

 

Santiago Castillo, periodista, escritor, director de Asianortheast y experto en la zona

Santiago Castillo

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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1 Respuesta

  1. toallero dice:

    Alejandro Cao respondiendo reportaje En tierra ho…: http://youtu.be/4TrydDrZzDs

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