Las Kuriles no se venden

Islas Kuriles
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Moscú. Las islas Kuriles no se venden, sí se compran. El presidente ruso, Vladímir Putin, lo dejó bien claro tras reunirse recientemente con el primer ministro japonés, Shinzo Abe. Si Tokio quiere recuperar el archipiélago tendrá que poner mucho de su parte y, aún en el mejor de los casos, es probable que a lo máximo que llegue es a recuperar las dos islas más pequeñas y meridionales.

“Nosotros no vendemos nada. Estamos dispuestos a comprar muchas cosas, pero no vendemos nada”, dijo Putin en rueda de prensa tras la cumbre Rusia-ASEAN,  celebrada en Sochi (mar Negro). Esa fue la respuesta del Kremlin sobre la nueva estrategia de Abe con respecto al tratado de paz, la normalización de las relaciones con Moscú y el contencioso territorial de las Kuriles.

Japón pudo haber recuperado las Kuriles echando mano de su chequera en los años 90 cuando, tras la caída de la URSS, Rusia estaba en la ruina. Créditos e inversiones multimillonarias en el Lejano Oriente hubieran sido suficientes. El entonces líder ruso, Boris Yeltsin, no habría tenido en reparos en deshacerse de esas cuatro islas, que en esos años fueron abandonadas masivamente por los rusos que las poblaban. También hubo opciones en los primeros años de mandato de Putin, cuando presuntamente éste se mostró dispuesto a ofrecer a Tokio el control sobre Habomai y Shikotán. Pero la racanería y la intransigencia condenaron al Gobierno nipón.

Ahora el panorama es muy diferente. Las relaciones se deterioraron definitivamente cuando el entonces presidente ruso y ahora primer ministro, Dmitri Medvédev, visitó las Kuriles en 2010, algo que ni Putin y ni siquiera Stalin se atrevieron a hacer. Desde entonces Rusia ha lanzado un programa de desarrollo del archipiélago para evitar su despoblamiento y ha reforzado las guarniciones militares. Incluso esta semana se habló de que Moscú podría construir una base militar en una de las Kuriles del Sur.

Las tensiones ruso-japonesas alcanzaron su cénit cuando Tokio se sumó a las sanciones occidentales contra Moscú por la anexión de Crimea y la injerencia en el este de Ucrania. Desde entonces la esperada visita de Putin al “país del sol naciente” se ha ido aplazando. Sin lugar a dudas, las relaciones bilaterales se encuentran en su momento más bajo, a lo que contribuye EEUU, nada interesado en que Rusia rompa su actual aislamiento.

Por todo ello, la reciente reunión entre Putin y Abe, la primera en tres años y las noticias de que el jefe del Kremlin podría visitar Japón a finales de este año han sido como un soplo de aire fresco. A esto se suma que, según el Gobierno ruso, Abe ha desligado por primera vez las relaciones comerciales de la disputa territorial. Rusia necesita diversificar sus relaciones comerciales y Asia –China, Japón, Corea del Sur, Vietnam e Indonesia- es una de las alternativas. Para empezar Japón ganaría muchos enteros si aceptara la propuesta rusa de lanzar proyectos conjuntos en las Kuriles, algo a lo que hasta ahora se ha negado rotundamente.

Es evidente que para Rusia la prioridad es firmar un acuerdo de paz que sustituya al armisticio suscrito tras la Segunda Guerra Mundial, asunto pendiente que emponzoña las relaciones bilaterales. Mientras, Japón siempre ha mantenido que lo primero que hay que solventar es el problema de las Kuriles, condición indispensable para la firma del tratado de paz.

El primer paso sería la reanudación de las consultas ministeriales en el formato 2+2 (ministros de Exteriores y Defensa). No obstante, Japón debe entender que la normalización de las relaciones no será posible si no accede a aparcar, aunque sea provisionalmente la solución de las afrentas históricas, en favor de un acuerdo que saque las relaciones ruso-japonesas de la posguerra y las coloque en el siglo XXI.

Las Kuriles son importantes para Rusia desde el punto de vista estratégico, pero, y esas son buenas noticias para Japón, la ONU reconoció recientemente la soberanía rusa sobre el mar de Ojotsk, que se ha convertido de hecho en un mar interior. Por ello, Moscú no tendría mayores reparos en ceder alguna de las Kuriles del Sur, ya que con la península de Kamchatka, Sajalín y las Kuriles del Norte tiene garantizado el control sobre la zona.

Paradójicamente, la actual crisis entre Rusia y Occidente podría jugar en favor de Japón, ya que Moscú anda escaso de socios comerciales fiables. Con todo, Tokio deberá hilar fino, ya que en el marco del programa de rearme, Moscú tiene previsto reforzar su presencia naval no sólo en el mar Negro, en el Mediterráneo y en el Báltico, sino en el Pacífico con submarinos atómicos y armamento pesado. 

Oscar Gantes

Periodista

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