La victoria independentista de Taiwán inquieta a China

Tsai-Ing-wen, presidenta de Taiwán

Madrid. La victoria abrumadora de Tsai-Ing-wen, del Partido Demócrata Progresista (PDP), en Taiwán, partidario de la independencia de China, en las elecciones presidenciales y legislativas, de esta semana, han certificado que los taiwaneses quieren su propia identidad, actuar por su cuenta, sin incomodar a Pekín, pero defendiendo la soberanía de la isla frente al “gigante asiático”.

La nueva presidenta, de 59 años, primera mujer que logra la jefatura del Estado en Taiwán, quiere que su gobierno esté más cerca de su pueblo, que ha dicho no a la continuidad gubernamental del histórico Partido Kuomintang (KMT), más partidario de acercamientos con Pekín. Un cambio considerable al obtener la Presidencia con el 56,1 por ciento de los votos, frente al 31 de su rival, Eric Chu, además de una mayoría parlamentaria, que le dará a Tsai-Ing-wen amplios poderes para hacer cambios con China e incluso con EEUU.

Las primeras reacciones no se han hecho esperar, mientras que la Unión Europea (UE), Japón o Estados Unidos han felicitado a la nueve presidenta taiwanesa reiterando su apoyo al desarrollo pacífico entre Taipéi y Pekín, lo que ha hecho también China, pero con la advertencia de que Taiwán debería abandonar sus «alucinaciones» de independencia, ya que abogar por la secesión acabaría en «desastre», resaltan medios oficiales chinos.

De esta forma, el rotativo Global Times señala que el triunfo del independentista PDP «no significa que la mayoría de los taiwaneses apoyen la independencia» y considera que el escenario de Taiwán como Estado soberano «es completamente imposible».

Tanto China como Taiwán han expresado su deseo de seguir desarrollando sus relaciones en el futuro bajo el “Consenso de 1992”, según el cual, cada uno de los dos lados del Estrecho admite la existencia de “una China”, pero dando su propia interpretación de lo que esto significa, pero ahora con la victoria de los independentistas del PDP la valoración que pueda hacerse sobre el llamado “Consenso de 1992” puede tener otras interpretaciones tras las buenas relaciones existentes entre las dos parte con el gobierno del hasta ahora presidente Ma Ying-jeou, del Partido Kuomintang (KMT), que ha gobernado la isla desde 2008.

El histórico encuentro, el primero entre el presidente de China, Xi Jinping, y el de la República de China (Taiwán), Ma Ying-jeou, en noviembre, en Singapur, dos territorios separados por una guerra civil, consolidó las buenas relaciones entre Pekín y Taipéi, pero aun así la advertencia a los independentistas taiwaneses no ha quedado en el tintero, pese a que Xi Jinping ya ofreció a Taipéi unirse al Banco Asiático de Inversiones en Infraestructuras (BAII), liderado por China, para integrar a la isla en el escenario económico mundial.

Lo que está claro que las observaciones de China a los independentistas taiwaneses no ha influido en el resultado final de las elecciones, y desde hace tiempo el KTM en el poder siempre ha buscado que Pekín flexibilice la posición de Taiwán en diferentes organismos internacionales, pues de hecho Taiwán mantiene relaciones diplomáticas con 22 países, de los que 12 están en Latinoamérica y el Caribe.

Las primeras escaramuzas entre EEUU y China ya han aparecido cuando Pekín ha protestado por la visita a Taiwán del ex subsecretario de Estado estadounidense William Burns, que se ha convertido en el primer enviado de un país extranjero en reunirse con la presidenta taiwanesa electa, la independentista Tsai Ing-wen, que tomará posesión de su cargo el 20 de mayo.

China insiste que los principios de Pekín respecto a Taiwán «no cambian con los resultados de las elecciones» por lo que el Gobierno de Pekín «sigue oponiéndose a cualquier actividad independentista». «Sólo hay una China en el mundo, y Taiwán pertenece a esa China».

No obstante, para cierta “tranquilidad”, al menos de momento, Tsai Ing-wen ha prometido mantener también el “status quo”, es decir, ni unificación ni declaración de independencia, en relación con China, que desde 1949 considera a la isla una provincia rebelde y que no renuncia al uso de la violencia para lograr la unificación.

Pero no hay que olvidar que durante el mandato del presidente saliente, Ma Ying-jeou, del KMT, Taipéi y Pekín han disfrutado de sus mejores relaciones desde que el régimen nacionalista chino buscó refugio en Taiwán tras la derrota a manos de los comunistas, pero ahora son tiempos nuevos con estos resultado los que se avecinan en los que tanto Pekín como Washington van a seguir luchando por la hegemonía de esa zona asiática.

Tsai-Ing-wen sabe que se arriesga a rivalizar con China si intenta instalar a la fuerza la soberanía de Taiwán y revertir ocho años de un acercamiento impulsado por el saliente presidente Ma Ying-jeou.

Taiwán pueden marcar nuevas pautas con la nueva situación política, pues Estados Unidos lo sabe, sus aliados sobre todo Japón, con disputas marítimas con Pekín, además de Corea del Sur, siguen armándose cada vez más con la justificación del “poderío” nuclear de Corea del Norte, que incluso puede también servir para que Washington continúe proporcionando armamento a Taipéi para “defenderse de cualquier hipotética amenaza nuclear”, escusas que China no aceptará y más cuando la venta de armas ha sido tradicionalmente una de las fórmulas clave de la política exterior estadounidense, que crea así aliados en la región.

Santiago Castillo

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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