La segunda oportunidad de Shinzo Abe exige urgentes reformas para la economía japonesa

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Madrid. Shinzo Abe de nuevo regirá el destino de la tercera economía del mundo. Como ya vaticinaban las encuestas, el conservador Partido Liberal Democrático (PDL) obtuvo la victoria en las elecciones legislativas de Japón celebradas el pasado día 16, y ya todas las miradas están puestas en si el gobernante electo cumplirá las promesas de agresivas medidas económicas para erradicar la deflación que aqueja al país y debilitar el yen, dos de los asuntos que más enardecieron la campaña electoral.
Shinzo Abe
Abe, que ya ocupó el cargo de primer ministro hace tres años y vio truncado su mandato por distintos escándalos de corrupción, ha vuelto a la arena con una retórica firme en favor de una mayor relajación monetaria por parte del Banco de Japón, porque, a su parecer, así lo exige la economía. Una vez finalizada la reconstrucción del país tras el tsunami de marzo de 2011, el crecimiento de Japón pasa por un yen más bajo que beneficie a las exportaciones de grandes multinacionales niponas como Toyota, Honda o Sony, que han visto como el atractivo del yen como divisa refugio las ha encarecido, perdiendo así competitividad. En opinión de Abe, de poco han servido las intervenciones de las autoridades del país en el mercado de divisas para depreciar la moneda, por lo que no las contempla. Tras su victoria en las urnas, el yen llegó a caer hasta mínimos de ocho meses frente al dólar ante las expectativas puestas en la política macroeconómica del nuevo gobierno, y los analistas esperan que esas ventas se prolonguen en el largo plazo. Además, dentro de sus planes está poner coto de una vez por todas a la deflación, un mal crónico que lleva afectando años a la economía japonesa y que se caracteriza por la caída generalizada de los precios, lo que lleva a los consumidores a aplazar sus compras con la expectativa de que el precio de los productos seguirá bajando, ocasionando un descenso de los salarios y de la inversión de las empresas, cuyos beneficios menguan. En este sentido, Abe ha sido tajante al hablar incluso de un objetivo de inflación del 2%, frente al objetivo actual del Banco de Japón del 1%, y por ello los expertos esperan que presione al banco central para que aplique una política más agresiva. Ese nuevo rumbo podría comenzar con la sustitución por alguien de su confianza del actual gobernador del Banco de Japón,  Masaaki Shirakawa, hasta ahora reticente a introducir medidas más radicales en materia de relajación y defensor de la independencia del banco central. De momento, la autoridad monetaria ya parece dispuesta a revisar dicho objetivo de inflación en la próxima reunión de enero, pese a que la tenue relajación de su política anunciada en la reunión del 20 de diciembre decepcionó a la comunidad inversora. Ese día, el Banco de Japón aumentó sus compras de bonos -su principal herramienta de flexibilización monetaria dado que los tipos de interés ya se mantienen en el bajísimo nivel de entre 0 y 0,1 por ciento desde octubre de 2010- en 10 billones de yenes hasta 101 billones de yenes, pero nada más. La amplia mayoría obtenida por Abe en los recientes comicios podría servirle para ejercer más influencia sobre la entidad bancaria si no quiere que la recuperación de la economía japonesa, lastrada por el empeoramiento de los vínculos con China, su primer socio comercial, se demore todavía más. Entre julio y septiembre, el PIB se contrajo un 3,5%, lo que hace pensar a los economistas que el país se adentra en la recesión.

Por tanto, junto a un nuevo impulso en la política monetaria del banco central, la clave de la agenda de Abe girará en torno a importantes reformas estructurales que espoleen la inversión y la productividad de las compañías, así como el gasto en consumo por parte de los ciudadanos japoneses para relanzar el crecimiento económico, y eso siempre sin dejar de lado la reducción de la deuda pública, un tema vital, ya que la situación fiscal de Japón es una de las peores entre los países industrializados. Si no se estabilizan las finanzas, el país tendrá problemas para cubrir el gasto en seguridad social, pensiones y sanidad. Para ello sería necesario aplicar la subida del IVA al 5% al 10% que la Dieta aprobó este verano, pero antes la economía debería mostrar señales de mejoría.

La agencia de calificación crediticia Fitch considera que un retraso en la aplicación del aumento de este gravamen hasta el porcentaje pactado sin una medida sustitutiva sería negativo. Incluso con esa subida impositiva, la agencia de rating cree que Japón afronta un enorme desafío fiscal en relación con otras economías avanzadas, ya que prevé que la deuda pública nipona ascenderá al 235% del PIB a finales de 2012.
Tras dos décadas perdidas para la economía japonesa, que sigue sintiendo las consecuencias del estallido de la burbuja financiera a finales de los ochenta del siglo pasado, Abe tiene por delante una hercúlea tarea. Sus promesas han despertado la esperanza de una población que ya ha sufrido desengaños por la mala praxis de la clase política japonesa en los últimos cinco años, lo que hace aún más valiosa la confianza depositada en él. Ahora está en sus manos que el país esté en los albores de un punto de inflexión o de otro gobierno de corta duración.
By Junius

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