La península coreana sigue en plena tensión con el aumento de su militarización

Kim Jong-Un supervisando maniobras militares
Kim Jong-Un supervisando maniobras militares
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Madrid. Corea del Norte hizo valer su eficaz artillería mostrando sus sofisticados cañones en los actos del 85 aniversario de la fundación del Ejército norcoreano, China acaba de presentar su primer portaaviones de fabricación nacional como un claro a aviso a EEUU para frenar su hegemonía en el Asia-Pacífico, Corea del Sur comienza a instalar los antimisiles estadounidenses THADD y Donald Trump tiene sus barcos en las aguas de la península coreana, lo que supone una militarización en la zona que recuerda a los viejos tiempos de la “guerra fría”.

Obviamente la “guerra fría” sigue tal cual en esta parte de la península coreana al estar las dos Coreas divididas tras el final de la Segunda Guerra Mundial con la derrota de Japón, que colonizaba esa zona, que permanece sin un tratado de paz, sólo con un armisticio, pero que con la llegada de Trump a la Casa Blanca y la política nuclear de Corea del Norte vive una situación  prebélica que no se veía hacía mucho tiempo.

Donald Trump cumple cien días en la Casa Blanca y ya ha pasado por su forma de actuar, decidir o rectificar a la historia de EEUU, pero sigue con ciertas obsesiones como la de Corea del Norte que no ve claro que un “niño”, como dice, ponga en peligro la seguridad mundial con su desarrollo nuclear, pero a pesar de que la tensión en la península coreana va en aumento, un enfrentamiento nuclear es realmente difícil de producirse, una guerra no declarada, aunque sin descartar que el presidente estadounidense dé  “algún susto” a Corea del Norte sin saber cómo reaccionaría el régimen norcoreano.

La grave situación en la zona ha obligado a China a adoptar una actitud más inflexible con Corea del Norte, cuyas relaciones en las últimas semanas se deterioran de una forma que hacía tiempo no ocurría, y claro Pekín sabe que Trump puede dar ese “susto” a Pyongyang que originaría una crisis sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial en la península  coreana, de ahí que el “gigante asiático” esté haciendo todo lo máximo para evitar ir más allá de lo que los rumores dicen de un gran conflicto entre norcoreanos y estadounidenses.

Corea del Norte sigue poniendo a prueba a la comunidad internacional y ahora Trump no quiere que Kim Jong-un le marque su propia agenda, pero el enfrentamiento está dimensionándose cada día más, y el inquilino de la Casa Blanca tiene como objetivo impedir que el régimen comunista se haga con un misil intercontinental.

Trump también está enfadando a Corea del Sur, que va a instalar el sistema antimisiles THAAD con las protestas de una parte de su ciudadanía, pero hasta en varios candidatos a las elecciones presidenciales del 9 de mayo ha suscitado un cierto rechazo a estos misiles, un enfado que ha ido a más cuando el propio presidente estadounidense asegura “que cuesta dinero proteger a Corea del Sur” y quiere que Seúl pague los 1.000 millones de euros que vale su despliegue y luego remata que quiere poner fin al tratado de libre comercio que mantiene EEUU con Corea del Sur.

Mientras el submarino nuclear estadounidense Michigan atraca en el puerto surcoreano de Busan, que lleva 150 misiles de crucero Tomahawh, capacitados para alcanzar territorio norcoreano, aunque todo parece indicar que no participará en las maniobras conjuntas con Corea del Sur, lo que sí hará el portaaviones Carl Vinson, que llega a la zona, después de que el Pentágono anunciase precipitadamente su partida hacia estas aguas hace dos semanas, Corea del Norte advierte de que estos ejercicios militares son ensayos para invadirle, que ha supuesto que Pyongyang haya realizado sus maniobras con fuego real y con ello elevando las tensiones entre Washington y el régimen de Kim Jong-un, mientras China y Rusia se oponen a la instalación de los THADD.

La península coreana se militariza y las maniobras en ambos lados no reducen la tensión. El Carl Vinson participa en unas maniobras conjuntas estadounidenses y surcoreanas en el mar del Este (mar de Japón) como una forma de presionar a Corea del Norte para que renuncie a su programa nuclear y de misiles balísticos, pero la forma unilateral en que actúa EEUU no va a arreglar la situación, y alimenta la tesis de Pyongyang de que necesita su armamento nuclear para defender su territorio y garantizar la supervivencia del país.

Corea del Sur sabe lo que es la artillería norcoreana, pues ya en noviembre de 2010 Corea del Norte hizo un ataque sorpresa a la isla de Yeongpyeong, donde lanzó 288 cohetes, pero sólo cayeron 170 cerca de la isla y más de la mitad en las aguas circundantes al territorio surcoreano, pero pese al daño que pudieran hacer los cañones norcoreanos en una réplica en medio de un conflicto sería complicado que Pyongyang pudiera seguir operando con eficacia a la supuesta respuesta surcoreana-estadounidense.

Expertos consideran que a pesar de las miles de piezas de artillería con que cuenta Corea del Norte, unas 700 de sus armas pesadas y lanzadores de cohetes tienen el alcance necesario para atacar Seúl, pero luego un tercio sería lanzado al mismo tiempo, y un segundo ataque se complicaría debido al fuego adversario de respuesta, o sea, mantener el conflicto un tiempo largo en una hipotética “guerra” Pyongyang tiene todas las de perder por mucho daño que pudiera hacer en un principio.

Pero tampoco se puede infravalorar en nada a Corea del Norte, que acaba de realizar el mayor simulacro de fuerza mostrando su poderío con cientos de tanques que participaron en el reciente ejercicio militar, con más de 300 piezas de artillería de gran calibre y que incluye ataques con torpedos a buques de guerra enemigos que fueron simulados y obviamente Corea del Sur sería el primer objetivo de toda esta artillería norcoreana.

No obstante, un conflicto bélico o una guerra en la península coreana no se va a producir, pese a que Donald Trump quiere que Corea del Norte reduzca o elimine su arsenal nuclear, pero ha tenido que producirse una serie de acontecimientos en la zona con Kim Jong-un como protagonista para prestar más atención a todo lo que sucede en esa zona, la cual tiene gran parte de solución en las conversaciones a seis bandas, suspendidas desde 2008.

De hecho, esta misma semana, el presidente ruso, Vladímir Putin, en su encuentro en Moscú con el primer ministro Shinzo Abe, aseguró que Rusia y Japón abogan por la pronta reanudación de las conversaciones a seis bandas, (Rusia, EEUU, China, Japón y las dos Coreas), encaminadas a detener el programa nuclear de Corea del Norte a cambio de reconocimiento diplomático, petróleo y otras partidas para suplir su falta de energía y ayuda humanitaria. Eso sí, ya no sólo Pekín, sino el resto de los países deben hacer ver a Pyongyang que es la mejor fórmula para dar estabilidad a la península coreana.

En definitiva, nadie quiere una guerra y pese a que Estados Unidos estudia el despliegue de la defensa antimisiles y nuevos radares en Hawai, uno de los objetivos posibles de un misil norcoreano, que no ocurrirá, China desea la desnuclearización completa de la península coreana, aunque su firme oposición a la ubicación de los THAAD en Corea del Sur los considera como un posible uso para espiar sus propias instalaciones militares.

Pekín, al igual que otros países de la zona, no contempla una guerra que derribaría al régimen norcoreano con consecuencias muy imprevisibles, pues Donald Trump sabe que Siria o Afganistán no es Corea del Norte y la única forma de ir calmando la región es la vuelta a las seis bandas, donde todas las partes están de acuerdo en su reanudación.

Santiago Castillo

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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