La península coreana está “al rojo vivo”, pero no habrá guerra

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Madrid. Todas las partes implicadas en la crisis nuclear de la península coreana saben perfectamente que cualquier ataque bélico que se produzca contra Corea del Norte o que Pyongyang haga algo similar contras sus dos vecinos (Japón y Corea del Sur) o atacando nuclearmente a EEUU el régimen norcoreano desaparecería de forma ipso facto y lo más trágico es que también lo saben Kim Jong-un y Donald Trump, que no paran de provocaciones con todo tipo de insultos y amenazas.

Los egos de estos dos personajes sólo buscan fortalecer su propia identidad usando componentes que satisfagan una autoestima que está desprotegida por la inseguridad en sus respectivos países, es decir, Kim tiene que seguir ganando su “guerra mediática” para asegurarse el poder y eliminar cualquier atisbo que ponga en peligro su régimen y Trump con su política exterior ciclotímica e imprevisible solivianta a todos, aliados y enemigos.

Mientras el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, calificó a Kim Jong-un de “loco” y de matar a su pueblo, el líder norcoreano amenazó con “domar con fuego al viejo chocho” de Trump y le advirtió que pagará muy caro por su “excéntrico” discurso ante la ONU, en el que amenazó con destruir totalmente Corea del Norte. El ego en su cima, alimentado con el canciller norcoreano, Ri Yong-ho, al tachar a Trump ante la ONU de “trastornado” y “megalómano”.

Está claro que nadie cuestiona que la situación en la península coreana cada vez se tensa más, pero realmente una “guerra” sigue siendo imposible.  Tal vez el líder norcoreano y el presidente estadounidense deberían buscar más armonía aplicando a sus egos el yin y el yang como una forma de analizar las dos energías opuestas que se necesitan y se complementan valorando que la existencia de uno depende de la existencia del otro, pero, en suma, los dos personajes necesitan el equilibrio que aúne a las dos energías enfrentadas.

Nadie quiere ni desea una guerra en la península coreana, nadie quiere un nuevo statu quo, donde China y Rusia no permitirían que EEUU se hiciera con el control de toda la península coreana, pero un conflicto militar no resuelve el problema, y es importante que Corea del Norte se deje ayudar por su vecina del Sur, que cambie su política y que poco a poco su renta per cápita se incremente para elevar el nivel de vida de los norcoreanos, clave para  vislumbrar una nueva realidad.

No obstante, el diálogo sigue siendo el factor determinante y reactualizar las paralizadas, desde 2008, conversaciones a seis bandas (Rusia, EEUU, China, Japón y las dos Coreas), encaminadas a detener su programa nuclear a cambio de reconocimiento diplomático, petróleo y otras partidas para suplir su falta de energía y ayuda humanitaria, es la principal vía para poner fin a la tensión en la península coreana. 

Todas las partes tienen que convencer a Pyongyang para que vuelva a estas conversaciones, pero ni las maniobra militares conjuntas entre EEUU y Corea del Sur ni la instalación de los escudos estadounidenses THAAD en Corea del Sur, que Pekín y Moscú rechazan tajantemente, arreglan la situación de la península coreana, la cual se ve cada vez más empujada a una mayor militarización.

Las fuertes sanciones contra Corea del Norte harán más daño que en ocasiones anteriores, incluso con el enfado de Pyongyang, China limitará el suministro de petróleo al régimen de Kim Jong-un y al mismo tiempo prohibirá las importaciones de textiles norcoreanos, pero la pretensión del presidente de EEUU de sancionar a las empresas extranjeras que comercian con Pyongyang tampoco solucionar la situación, y además, pese a las fuertes sanciones, China y Rusia se oponen a “estrangular” económicamente al país.

Pese a la exhibición de fuerza de EEUU con bombarderos frente a Corea del Norte, que puede provocar un mínimo incidente a Pyongyang con consecuencias dramáticas, Rusia considera que renunciar a la diplomacia en la crisis norcoreana podría llevar a una catástrofe, de ahí la importancia de regresar a las conversaciones a seis bandas.

La escalada bélica verbal va a seguir. ¿Hasta cuándo? Ya veremos, pero lo que sí es cierto que las sanciones de la ONU son fuertes, que hay mucho hartazgo sobre el tema nuclear norcoreano y que cada vez se impone un diálogo, no exento de tensión prebélica, al que el régimen de Kim Jong-un acudiría si Estados Unidos le reconoce como potencia nuclear.

El quehacer diario desvelará en las próximas horas nuevos acontecimientos en la península coreana.

Santiago Castillo

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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