La península coreana ante el mayor cambio político de su historia

Kim Jong-un y Moon Jae-in, en abril. | Inter-Korean Summit Press Corps.

Madrid. Esta vez no hay marcha atrás. La realidad del “Juche” norcoreano se ha impuesto no sólo a las amenazas nucleares sino con “brillantez” a una diplomacia en la que Donald Trump, con su mediocridad y ciclotimia, puso en peligro una cumbre que será histórica y tal vez definitiva para un cambio político nunca visto en la península coreana desde su división en 1948.

Es posible que de momento Corea del Norte no se vaya a desnuclearizar de forma definitiva, pero sí es cierto que con el cambio de estrategia política, el líder Kim Jong-un ha sabido valorar que con su desarrollo nuclear su régimen no tenía las garantías suficientes para sobrevivir sin cambios económicos, que vendrán, y con una nueva realidad política en la península coreana, donde su vecina Corea del Sur y su presidente, Moon Jae-in, imprescindible en este proceso, y el de China, la cumbre entre Pyongyang y Washington habría sido imposible.

Lo más llamativo puede ser que las hamburguesas sustituyan a los misiles, pues realmente con todos los cambios que se avecinan en el país, y teniendo en cuenta el sentimiento que tiene Kim en la comida rápida, no es de extrañar que en vez de hablar de asuntos nucleares se termine viendo cómo se abren distintos recintos para su consumo, eso sí, ya fuera de las sanciones internacionales y que daría paso a la inversión occidental. Ver para creer.

Tal vez de las hamburguesas luego se pase al sueño de la reunificación, pero, de momento, esto no interesa tanto por ahora, y más cuando la reunificación costaría muchísimo dinero, pues la situación creada tras la fusión de Alemania, tras la caída del muro de Berlín, fue una referencia que nunca pasó desapercibida entre los surcoreanos.  

Sí es cierto que, actualmente, en 2018, con los dos encuentros entre las dos Coreas a través de Kim Jong-un (Corea del Norte) y Moon Jae-in (Corea del Sur), más la de Donald Trump con el líder norcoreano el 12 de junio en Singapur, se ha roto esa rigidez y puede haber posibilidades muy grandes, ya no solo de un acercamiento entre las dos Coreas, sino de una reunificación futura que no cueste dinero.

El principal paso es que haya una confianza entre los dos países, un periodo de calma que haga desaparecer las tensiones existentes a nivel militar, nuclear. Es la primera vez en la historia desde la división de la península coreana en 1948, tras la Segunda Guerra Mundial y la derrota de Japón, que colonizó la propia Corea, que se dan unas condiciones muy favorables para que en un horizonte no muy lejano el Sur y el Norte puedan comunicarse, y como una fruta madura con el tiempo, pueda terminar favorablemente para que las dos partes, incluso manteniendo dos gobiernos distintos pero a su vez con una fuerte ayuda del Sur al Norte se vayan construyendo nuevos escenarios factibles de nuevas realidades en la península coreana.

Además se ha podido ver cómo ahora la población surcoreana, muy escéptica respecto al acercamiento con Corea del Norte, está más esperanzada ante el final de este periodo de inestabilidad y tensión, dándose unas condiciones positivas para un mayor entendimiento positivo, y que pueda haber, sino una reunificación, un acercamiento que evite la zona fronteriza entre las dos Coreas y los obstáculos de comunicación para un desarrollo más favorable, de momento, a Corea del Norte. Una reunificación sin hacer un gran esfuerzo, cambiando económica y políticamente.

Lo kafkiano fue en un principio, cuando estaba prevista la cita histórica, Donald Trump dio marcha atrás por una razón muy sencilla: tiene muchas presiones en Estados Unidos, presiones de los halcones de la política norteamericana, entre ellos John Bolton, asesor de Seguridad Nacional, muy contrario a todo lo que se desarrolle de acercamiento. Hay gente preocupada, curiosamente, con el éxito de la cumbre. ¿Por qué? Muy sencillo. Estados Unidos tiene un desarrollo de venta de armamento muy grande no solamente a Corea del Sur, sino también está organizando el Ejército de Japón. Todo esto se hace como consecuencia de ese “ataque nuclear”, que nunca va a ocurrir, de Corea del Norte a Estados Unidos, Japón o Corea del Sur.

Es decir, “muerto el perro se acabó la rabia”. Si hay un acuerdo nuclear, o de acercamiento entre las dos Coreas mediado por Estados Unidos, ¿qué amenaza hay? Ninguna. En este sentido, habría que ver qué justificación puede dar Japón para seguir armándose ante el peligro de un “ataque nuclear” de Corea del Norte, y ver qué puede ocurrir en Corea del Sur cuando el propio presidente Moon ha reiterado que era contrario a la instalación del sistema antimisiles THAAD, protestado ampliamente por China e instalado por la presión de Estados Unidos.

Toda esta situación de armamento bélico y nuclear, que puede desaparecer, preocupa a la industria armamentística estadounidense. Donald Trump, que en un principio dijo sí, luego no, y ahora ha vuelto a decir que sí, ha visto que el malo de la película a nivel mundial no era Kim Jong-un, como siempre se ha dicho, sino el propio Trump y su política exterior imprevisible. La cumbre se celebrará el día 12, y puede ser el principio del fin de una situación anormal dada durante los últimos 60 años.

Trump no sabe o mejor dicho no ha querido valorar la importancia de China, tiene sus celos políticos y económicos (actual guerra comercial), pero el papel de Pekín es más importante que el de Japón. Cualquier cosa que ocurra en la península coreana siempre tiene que tener un protagonismo chino, que es y será siempre parte importante de todo lo que ocurra.

Japón es el sujeto pasivo de estas negociaciones, incluso Shinzo Abe, el primer ministro japonés, aun así, ya ha solicitado una entrevista con Kim Jong-un cuando se celebre la reunión entre Estados Unidos y Corea del Norte. Pero China es y será siempre el protagonista principal en los acuerdos políticos, económicos y nucleares, en beneficio de Corea del Norte.

Un desarrollo favorable a la sociedad norcoreana para conseguir un mayor estatus de desarrollo económico, muy necesitado, sujeto a una mayor estabilidad política que podría sugerir un cierto “miedo” a Corea del Norte en cuanto a una mayor libertad política interna.

No obstante, tanto China como Corea del Sur y Estados Unidos son partidarios del mantenimiento del régimen norcoreano, pero con grandes cambios económicos que en el futuro beneficien al mayor acercamiento entre las dos Coreas y en especial al Norte.

Mientras dos delegaciones de EEUU y Corea del Norte celebran nuevas reuniones en la frontera intercoreana para tratar de concretar la agenda de la cumbre de Singapur, el canciller ruso, Serguéi Lavrov, llegó a Pyongyang para reunirse con Kim Jong-un, quien ha sido invitado a visitar Rusia.

Empieza otra diplomacia en el nordeste asiático, sin olvidar las actuales fricciones entre Pekín y Taipéi, pero el hecho de que la entrevista en Nueva York entre el secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo, y Kim Yong-chol, considerado como el número dos del régimen comunista, son más iniciativas, todas encaminadas al mismo objetivo.

Pero lo llamativo es ver como China, Rusia y antes Corea del Sur ya se vieron con Kim Jong-un, pero Trump va por su cuenta, veremos qué ocurre. El tiempo lo dirá.

En definitiva, un cambio total en la península coreana, donde los seis actores de los que fueron las negociaciones a seis bandas (China, Rusia, EEUU, Japón y las dos Coreas) están moviéndose en escenarios impensables hace unos meses y que pueden suponer un verdadero cambio “espectacular” en el nordeste asiático, donde China, con la dejadez de Washington, está logrando su propia hegemonía e influencia.

Santiago Castillo

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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