La carne de perro sigue siendo un sabroso plato gastronómico (I)

Madrid. Pese a que ha bajado ligeramente el consumo de la carne de perro, cuya gastronomía típica de países como en algunos rincones de China o las dos Coreas, sigue siendo para una parte de la población un prestigio consumirla, dado que todavía hay gente que la valora médicamente y en especial cuando tras una importante operación quirúrgica contribuye a que las heridas cicatricen mejor y más rápidamente.

Comer carne de perro está considerado un manjar en algunos países de Asia, donde también en Vietnam, Taiwán, Filipinas e Indonesia la consumen al considerarla con capacidades curativas y se suele servir o bien asada o en guisos e incluso similar a un cocido madrileño, en una realidad que se estima ascendente que se llegan a sacrificar anualmente hasta 25 millones de perros criados en granjas para el consumo humano.

Una parte de ciudadanos que comen carne de perro estima que es una equivocación que en Occidente se insista en eliminar su consumo. “Es como una medicina, y una vieja tradición producto de una cultura propia o tan normal como comer carne o pescado”, valoran algunos comensales que aprecian su alto valor nutritivo y están convencidos de que sirve también para aumentar la virilidad y proporciona buena suerte.

En estos países, la degustación de perros es una costumbre milenaria y fácilmente digerible, sobre todo en verano con las fuertes lluvias monzónicas para soportar mejor el calor, aunque se come durante todo el año. Y eso sí, sin olvidar que tanto China como Corea del Sur han sido países que han celebrado Juegos Olímpicos y durante ese periodo las autoridades han legislado normativas para reducir su consumo y dar de esta forma una buena imagen exterior, pero en realidad la carne de perro no dejó de comerse y menos después del evento deportivo.

¿Hasta qué punto es esto algo característico de la dieta diaria de estos países el consumo de carne de perro? Lógicamente en Occidente comer carne de perro lo vemos como un tabú, algo desagradable, y hasta una aberración. Pero cada país tiene costumbres culinarias que chocan con las de otras naciones, pero lo mismo pasa en España o Francia donde se consumen caracoles, un molusco que se pasa toda su vida soltando baba por la tierra y que está mal visto en muchos países, es decir, sucede algo similar con la interpretación que fuera de Asia se le puede dar a la gastronomía canina.

Para comenzar, hemos de saber que países como Vietnam, Suiza, Indonesia y, hasta hace poco, Taiwán (tras la promulgación de una enmienda a la Ley de Protección de los Animales en abril de 2017), también cuentan con platos hechos a base de carne de perro.

En el caso de Vietnam, el asado y la sopa canina son los “manjares” más sobresalientes de su tradición gastronómica por lo que a este “ingrediente” respecta, mientras que en Suiza (único país europeo donde se comer carne de perro) y, concretamente, en la zona de los Alpes, la carne de rottweiler se erige como la raza estrella y luego en Indonesia, su consumo está exclusivamente asociado a la etnia de los minahas, la cual es mayoritariamente cristiana, a propósito de la influencia de Portugal y Holanda, dado que, al ser un país de mayoría islámica, las leyes musulmanas sobre la dieta prohíben la ingesta del can.

Corea del Sur es, sin duda alguna, la máxima representación de la industria del gaegogi (carne de perro en coreano). Se estima que anualmente se crían en granjas unos 2´5 millones de perros para su consumo, especie que, pese a las protestas de grupos humanitarios como Humane Society International (HSI), continúan sacrificándose de formas verdaderamente crueles como puede ser el ahorcamiento, las descargas eléctricas o, directamente el apaleamiento hasta la muerte. Y es que el consumo del can es algo con siglos de historia en tanto que ya se reflejó su sacrificio en las Tumbas de Goguryeo (s. IV a. C.), lo que ha supuesto la importancia de la ganadería canina donde existen razas específicas para su consumo como los labradores y los cocker spaniels, según The Korea Observer.

Sin embargo, no menos importante es el caso de China, donde el can se come desde asado o frito hasta ser cocinado vivo y siendo harto conocido el polémico festival de Yulin, celebrado en la región autónoma suroccidental de Guangxi (sur de China), en el que anualmente se consumen unos 10.000 perros para celebrar la llegada del verano. Y es que, en términos históricos, el auge se dio durante la dinastía Han (206 a. C. – 220 d. C.), aunque ya en los escritos de la época Zhou (1122 a. C. – 249 d. C.) se hablaba de “tres bestias” que se servían como alimento: la cabra, el cerdo y el perro.

No obstante, la práctica que cada año genera una controversia mundial ha movilizado una vez más a los defensores de los derechos de los animales, quienes critican que los mejores amigos del hombre pasen por la cocina, aunque millones de firmas han sido recogidas en China y el resto del mundo para acabar con el sacrificio masivo de perros, lo que evidencia que cada vez hay más gente que se opone a que el “mejor amigo del hombre” termine en el puchero.

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