Japón se abre a la inmigración

Madrid. Japón ya se había convertido en un país de ancianos hace tiempo; más del 20 por ciento de su población tiene 65 años de edad  o más, además de que en 2017 nacieron sólo 946.060 niños, el mínimo de nacimientos desde 1899, el primer año en que empezaron a hacerse este tipo de estadísticas.

No es Japón el único país que se encuentra en esta encrucijada. Alemania, por ejemplo, experimenta un descenso similar al del país asiático y otros países que pueden llegar pronto a esta situación, posiblemente en tan solo diez años, si no toman medidas con urgencia son Reino Unido, Estados Unidos, Francia, países que flirtean con los nuevos movimientos populistas y que rechazan cada vez más, por perjudiciales, las llegadas de inmigrantes.

De esta forma, no tardarán mucho tiempo en caer en la cuenta de que no se pueden permitir una mano de obra cada vez más envejecida, a punto de jubilarse y de recibir las pensiones cuyo futuro le resulta difícil garantizar, sin la ayuda de mano de obra venida de fuera, a sus sociedades.

Básicamente, el descenso de población y su envejecimiento exigirán muy pronto mayores cuidados y el mantenimiento de las pensiones con trabajadores que, tal como están las cosas, habrá que importar de otros países.

En Japón, entrará en vigor en este mes de abril la enmienda a la ley de control de la inmigración aprobada el pasado mes de diciembre por la Dieta japonesa. Esta enmienda y su desarrollo son necesarios para impedir que su población se reduzca a menos de 100 millones antes del año 2060, explica Hisakazu Kato, profesor de Economía de la Universidad Meiji en Tokio.

La enmienda prevé recibir 345.000 inmigrantes -que no podrán traer a sus familias con ellos -en los próximos años, se les proporcionará una visa de trabajo por un periodo de cinco años, renovable por otros cinco, aunque la renovación habrá de solicitarse desde el país de origen del trabajador, evitando así que quienes la soliciten puedan acreditar diez años seguidos de permanencia en el país, requisito necesario para obtener la residencia permanente en Japón.

Con el fin de evitar situaciones ambiguas y la falta de integración de los trabajadores extranjeros en la compleja sociedad japonesa, la ley enmendada viene acompañada de una serie de medidas para hacerla más eficaz.

Así, se les proporcionará información multilingüe, en diez idiomas distintos, principalmente en inglés, chino, coreano y vietnamita, se fijarán ciertos pasos concretos para asegurar que sus condiciones laborales sean dignas y evitar abusos o incluso violencia física, como sucedió con los trabajadores extranjeros de la anterior ola migratoria de los años 90, y se evitará que se concentren en las grandes zonas urbanas donde los salarios son más altos.

En este sentido, un grupo de parlamentarios del gobernante Partido Liberal Democrático planea introducir un salario mínimo legal uniforme en todo el país, en lugar de los actuales establecidos en cada prefectura, para reflejar las diferencias en los costos locales de vida y la capacidad de las empresas para pagar a los trabajadores.

La nueva ley introduce además nuevos tipos de visas para los trabajadores que ocuparán puestos en catorce sectores designados por la Administración y que tienen en la actualidad escasez de mano de obra y se espera un incremento del número de participantes en el Programa de Capacitación de Pasantes Técnicos (TITP) de países en desarrollo que, tras aprender diversos oficios en Japón, se los llevarán después a sus lugares de origen.

Para hacer que estas medidas de acompañamiento sean eficaces el gobierno abrirá alrededor de cien centros en las prefecturas y municipios de todo el país – aunque aún no se conoce cómo ni cuándo – cuya función será ofrecer información y asesoramiento y ha asegurado que obligará a las empresas que contraten trabajadores extranjeros a ofrecerles al menos el mismo nivel de salarios que a sus empleados japoneses.

En realidad, aparte de las medidas tomadas por el gobierno de Shinzo Abe – quien no es un ferviente partidario de recibir mano de obra extranjera -, falta ver cuál es la respuesta de los trabajadores extranjeros a esta llamada, ya que históricamente Japón no ha sabido integrar a los trabajadores venidos de fuera en ocasiones anteriores. Así, en los años 90 pareció dar una bienvenida más o menos cálida a los descendientes de los japoneses que dejaron el país a comienzos del siglo XX y que se instalaron en países de América, pero cuando comenzó la crisis de 2008, el gobierno nipón de la época poco menos que los obligó a volver a sus países de origen.

Jeff Kingston, profesor de estudios japoneses en la Universidad Temple de Tokio, afirma que Japón trata a los trabajadores extranjeros como si fueran Kleenex, por su mentalidad de usar y tirar.

Juan de Castro Pita

Juan de Castro Pita

ex consultor de Naciones Unidas

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