India después de las elecciones: Decisiones estratégicas en un entorno fluido

Madrid. La seguridad nacional ha ocupado la agenda de la campaña electoral en la India. La decisión de llevar a cabo ataques aéreos a un campamento terrorista al otro lado de la frontera con Pakistán se ha convertido en un evento que ha ayudado al Bharatiya Janata Party (BJP), liderado por Narendra Modi, a derrotar al Congreso Nacional Indio, de Rahul Gandhi, y renovar así su cargo como primer ministro.

No obstante, el uso constante de la amenaza pakistaní en la campaña electoral ha planteado inquietudes al gobierno de Islamabad, cuyo primer ministro, Imran Khan, ha indicado que las sombras de la guerra aún se ciernen sobre Pakistán y la India ya que el gobierno de Modi podría optar por volver a atacar su país en los próximos meses. Hay que destacar que por primera vez desde 1984, un partido renueva por segunda vez consecutiva su mayoría absoluta en la India.

De esta forma, al hipotecar la política pakistaní a su campaña electoral, Modi ha causado graves daños a largo plazo a los procedimientos de trabajo establecidos para la cooperación bilateral entre los dos países, aunque la victoria de Modi debe fortalecerle para llevar a cabo reformas para el bienestar de la sociedad india y al mismo tiempo afrontar los retos que tiene en política exterior, en especial, con su vecina Pakistán.

Desde hace algún tiempo, Pakistán ha sostenido que el diálogo es el único mecanismo para resolver las discrepancias entre ambos países. Sin embargo, considerando el ambiente híper-nacionalista prevaleciente en la campaña electoral es probable que Nueva Delhi rechace cualquier propuesta de dialogo por parte de Islamabad. Además, hay suficientes razones para creer que las tensiones entre ambos países podrían recrudecerse pronto. En consecuencia, Nueva Delhi podría optar por otro ataque punitivo contra campamentos terroristas en Pakistán y, con toda probabilidad, Islamabad tomaría represalias.

No obstante, provocar a Pakistán sería cometer un suicidio, ya que Islamabad tiene la capacidad de lanzar un ataque nuclear en 8 segundos y puede atacar Nueva Delhi en cinco minutos. Incluso aún a pesar de la estrategia india de represalias masivas, el primer ataque no elimina la posibilidad real de que los misiles nucleares pakistaníes lleguen a varias ciudades de la India.

En este contexto, si Nueva Delhi decide a corto plazo volver a llevar a cabo actividades militares dentro del territorio de Pakistán, existe el riesgo de que la situación pueda derivar en una confrontación nuclear. Sin embargo, el principal desafío al cual se enfrenta la India es la creciente asertividad de China en Asia meridional y el océano Índico. Es por ello que podemos esperar que la acción exterior de Nueva Delhi en los próximos años se centre en Beijing y no en Islamabad.

China está trabajando para aliviar la creciente presión que hay sobre Pakistán, por ejemplo, el mes pasado Beijing bloqueó la iniciativa de incluir a Masood Azhar, el fundador de Jaish-e-Mohammed, en la lista que las Naciones Unidas posee para designar dirigentes y organizaciones terroristas. Este uso por parte de China de Pakistán para limitar la acción exterior de la India es uno de los principales quebraderos de cabeza de Nueva Delhi.

Pakistán no es el único lugar en el vecindario donde China busca frustrar las ambiciones de la India: Beijing sigue reafirmando que Arunachal Pradesh es territorio chino, también tiene varios buques de guerra y submarinos desplegados en el la zona septentrional del océano Índico, la presión china continúa sin disminuir en Nepal y Bután donde Beijing busca términos favorables para resolver sus disputas fronterizas, y China ha aumentado su impronta militar y económica para que los países de la ASEAN estén dentro de su esfera de influencia.

Por su parte, India sigue teniendo dificultades para alcanzar a China en términos militares y económicos. En este sentido, el nuevo gobierno indio tendrá que dedicar más tiempo a la elaboración de estrategias para alcanzar y superar a “gigante asiático”. India ya no puede permitirse seguir siendo complaciente con Beijing, los intereses de China en el océano Índico y Pakistán sencillamente no se alinean con los de la India, y China está en una mejor posición para la consecución de sus intereses que Nueva Delhi.

Nada de esto sugiere que la India deba iniciar una confrontación con China, pero sí que debe encontrar un mejor equilibrio; ello requerirá que cierre la brecha militar y económica con China, reforme aún más su economía, supere a Beijing en términos de presencia militar y económica en el sur de Asia y solidifique la capacidad del Estado para llevar a cabo todo esto. Es demasiado pronto para predecir como aproximará la nueva administración del reciente vencedor en las elecciones Narendra Modi a China, pero no hay duda de que el desafío que supone Beijing requiere una respuesta.

Por otro lado, India y Estados Unidos continúan fortaleciendo sus lazos en materia de defensa, nuevas consulta y ventas de armamento. Construyendo sobre los esfuerzos de su predecesor, la administración Trump describe a la India como una pieza central de su estrategia Indo-Pacífica, y es esta concepción la que ha forzado a Washington a pasar gradualmente de ser un “árbitro neutral” en Cachemira a enfrentarse abiertamente con Pakistán.

No obstante, Washington tendrá que gestionar sus expectativas sobre lo que la India está dispuesta a asumir, o puede lograr, frente a China. Estados Unidos debe tener cuidado de no convertir su lucha con China en una opción binaria para la India.

Conclusión

En la actualidad la India posee una nueva voz y ha logrado que el mundo la escuche atentamente. Existe un reconocimiento del potencial de la India y la esperanza de que este país pueda combinar su retórica con la acción sobre el terreno.

Así pues, no hay duda de que la política exterior de Modi ha sido vigorosa, la pregunta sigue siendo si este enfoque puede mantenerse después de las elecciones debido a que la India sigue sufriendo un déficit de capacidades. En consecuencia, el próximo gobierno en Nueva Delhi tendrá que trabajar con un enfoque singular si quiere mantener el actual impulso en materia de política exterior.

Manuel Francisco Herrera

Manuel Francisco Herrera

Analista sobre Estudios de Seguridad y Defensa, que ha vivido en India realizando investigaciones sobre su programa nuclear y sus implicaciones en el conflicto indo-paquistaní

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