Hong Kong, el mayor reto político de China

Manifestaciones en Hong Kong

Madrid. La China moderna, la del siglo XXI, la que será primera potencia económica mundial contempla como en Hong Kong sus pilares políticos no casan con el equilibrio que quiere colocar definitivamente en todo el país, pues las manifestaciones de las últimas semanas en la antigua colonia británica en protesta por esa “ley de extradición”, retirada pero no eliminada, ha originado un socavón en la isla, en la que la mayoría de sus habitantes ve peligrar lo que mundialmente se conoce como “un país dos sistemas”.

China no quiere nuevos ensayos políticos, donde el factor democrático para los manifestantes, una amplia mayoría de sus casi 7.400.000 habitantes, están profundamente preocupados al ver que en 2047 se deje de aplicar el principio “un país, dos sistemas” que les garantiza libertades inexistentes en China, tras el acuerdo firmado con el Reino Unido en 1984.

Desde que la soberanía de la isla fue transferida a China en 1997, Hong Kong goza de cierto grado de autonomía y diferentes garantías a las que no tienen los habitantes de China continental. Pero fue la propuesta de una reforma a la “ley de extradición” (que permite la entrega de sus ciudadanos al Gobierno de Pekín) lo que provocó la inconformidad entre sus habitantes, donde las directrices políticas vienen de la antigua colonia británica pero la dependencia final proviene de Pekín.

No obstante, la crisis de confianza de buena parte de la sociedad hongkonesa con Pekín viene de lejos, pues ya no sólo se trata de la “ley de extradición” sino del excesivo incremento de la influencia del continente en el territorio, quizá anticipo de la liquidación de las libertades políticas de la región, tal como afirma Xulio Ríos, director del Observatorio de la Política China.

Los varios millones de hongkoneses que se manifiestan semana tras semana ha hecho que la tensión con las autoridades chinas haya subido de tono en medio de una crisis preocupante, sobre todo cuando Pekín acusa de la intervención de países extranjeros, entre ellos EEUU, pero que fuentes occidentales califican estas acusaciones como el mejor recurso para usar el Ejército si realmente las movilizaciones siguen poniendo en “jaque mate” a la República Popular China.

La superioridad e infalibilidad de las políticas del PCCh está en entredicho. La mera evocación del uso a gran escala de la fuerza como alternativa implica reconocer un fracaso político de alcance que echa por tierra la sagrada teoría de que la proximidad cultural y civilizatoria, administrada según su magisterio, es garantía de unidad y estabilidad en el mundo chino. Sin embargo, todo indica que allá donde se conoce, el ingrediente democrático no es prescindible sin más. Por eso, para el PCCh, quienes se manifiestan en Hong Kong solo pueden ser “antichinos”, dice Xulio Ríos.

Por su parte, Fernando Arancón, analista, director de El Orden Mundial, sostiene que la reciente crisis que vive Hong Kong no se limita únicamente a una cuestión de derechos civiles. Lo cierto es que este enclave autónomo chino se ha convertido en una pieza clave en la confrontación comercial entre Estados Unidos y la República Popular China, y las protestas son una más de las múltiples piezas que tiene este pulso entre potencias.

«Hong Kong es uno de los puertos más importantes del mundo, y EEUU lo trata como un país diferente. China no se puede permitir que Hong Kong se le vaya de las manos», explica.

Cuando Estados Unidos aplica aranceles más altos al país asiático, no suele hacerlo así con la isla, permitiendo a los productos chinos salir a través de ese embudo a precios más baratos al mercado internacional. «Si los norteamericanos taponan ese embudo, igual China explota», comenta Arancón, también graduado en Relaciones Internacionales por la UCM.

Lo que está claro es que el divorcio entre las autoridades chinas y la ciudadanía de la antigua colonia británica siguen su curso que requiere de soluciones prácticas, sobre todo cuando se exige el máximo respeto a su estatuto especial durante 50 años (hasta 2047), momento que China ideó el esquema político de “un país, dos sistemas”, propuesto por de Deng Xiaoping, en la que se incluía, entre otros asuntos, la no extradición de ciudadanos de Hong Kong a China.

Socialmente hay una generación de jóvenes que no vivió épocas pasadas y que se están alimentando de una libertad que al menos hasta 2047 debe estar garantizada, pero ellos ven que si ceden a las presiones de Pekín sus derechos irán mermándose y la calidad democrática debilitándose, lo que obliga a China a profundizar y analizar con más énfasis que la indignación de los hongkoneses no es baladí.

Hong Kong no quiere perder sus derechos democráticos y cuando Deng Xiaoping aludió a la fórmula inteligente para recuperar Hong Kong en 1997, colonizada por el Reino Unido, “un país dos sistemas”, permitiendo a la isla mantener sus tribunales y su gobierno de estilo británico con la promesa de elecciones democráticas para sus futuros líderes, no pensaba que 22 años después la antigua colonia británica se viera envuelta en una serie de protestas y huelgas contra la decisión de Pekín de impedir que sus futuros aspirantes a dirigir el Ejecutivo en 2017 no lo puedan hacer libremente.

Incluso China podría utilizar esta posible elección libre de los candidatos a presidir el futuro gobierno hongkonés como un buen ensayo de libre democracia de cara a futuros compromisos políticos, en especial, cuando el “gigante asiático” va imparable en lo económico y cada vez tendrá que ir haciendo algunas reformas políticas, aunque todas ellas serán al estilo chino que no tienen que ver nada con las de las democracias occidentales.

Es obvio que Hong Kong ya no es lo que era e incluso económicamente ciudades como Shanghái, Cantón, Shenzhen o Hangzhou despliegan un enorme desarrollo, pero tal vez lo mejor sea que los ciudadanos hongkoneses no vean mermados sus derechos políticos nacidos de “un país dos sistemas”, dado que China va imparable y su fuerza económica es total, por ello la antigua colonia británica ha dejado de ser la referencia del futuro que soñaba la República Popular China.

En suma, con o sin razón, al final Pekín impondrá sus tesis, de ahí que ambas partes vean una realidad en la que en la comunidad internacional prácticamente nadie le puede toser al “gigante asiático”.

Santiago Castillo

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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