El cierre definitivo de Kaesong traería consecuencias irreparables para la economía norcoreana

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Madrid. La negativa de Corea del Norte de dialogar con Corea del Sur para resolver el bloqueo del complejo industrial en la ciudad fronteriza de Kaesong ha supuesto que los trabajadores surcoreanos que se ubican en esa metrópoli norcoreana regresen a Seúl ante la intransigencia de Pyongyang de reabrir sus actividades comerciales con irreparables pérdidas para la economía norcoreana.
Las empresas surcoreanas, que tienen fábricas en Kaesong, habían exigido al Gobierno surcoreano que les proporcionara incentivos fiscales, garantías de créditos y otros beneficios para ayudar a compensar las pérdidas derivadas de la suspensión de sus actividades comerciales, pero viendo que Pyongyang seguía con la firme decisión de no reabrir el complejo industrial fue Seúl quien pidió a las empresas retirar a sus trabajadores. Nadie cree que ese cierre del parque industrial en la ciudad fronteriza norcoreana de Kaesong sea definitivo, sino más bien otra estrategia más del régimen de Kim Jong-un para obtener sus propias compensaciones políticas y económicas, pero, de momento, ya parte de los surcoreanos que operan en ese complejo industrial han regresado a Corea del Sur, mientras el resto completarán su salida en los próximos días.
A principios de abril, Corea del Norte retiró de la zona a la totalidad de sus 54.000 trabajadores, obligando a suspender las operaciones a las 123 fábricas surcoreanas instaladas en ese lugar fronterizo y a la vez prohibió a los surcoreanos entrar en el complejo, permitiéndolo solamente a aquellos que ya estaban dentro del recinto. En la actualidad, cerca de 900 surcoreanos tienen su puesto de trabajo en Kaesong y al parecer unos 700 ya están en Corea del Sur.
Los empresarios surcoreanos han pedido al Gobierno de Corea del Sur de continuar con sus esfuerzos para retomar el diálogo con Corea del Norte y a la vez el regreso de representantes de las empresas surcoreanas a la zona para proteger sus intereses, como materiales y maquinaria.
El complejo industrial de Kaesong acoge a 123 empresas surcoreanas, lideradas por el conglomerado Hyundai, fabrican diversos productos aprovechando la barata mano de obra de los obreros de Corea del Norte, cuyos salarios rondan los 130 dólares mensuales en promedio, pero el régimen de Kim Jong-un obtiene importantes remesas de divisas de este parque industrial, abierto en 2004 y hoy último vestigio de la época de entendimiento que vivieron las dos Coreas a principios de la pasada década.
Kaesong fue uno de los resultados más evidentes de la política que impulsó Kim Dae-jung, tras la famosa cumbre intercoreana del año 2000 que supuso una distensión militar considerable, cooperación económica y otros objetivos entre las dos Corea con la meta de la reunificación de la península coreana, que luego dio lugar a la construcción de Kaesong en 2003, cuyas obras finalizarían en diciembre de 2004. Sin embargo, pese a diversos episodios de crisis que las Coreas han vivido desde entonces, hasta ahora el Norte solo había alterado las operaciones del polígono industrial en una ocasión, cinco años atrás, y lo hizo sólo durante un día. Es decir, forma parte de la estabilidad en la región.
Pero realmente los efectos de su inactividad son muy graves para la economía del país, de hecho la paralización de sus actividades origina una gran pérdida ya que Kaesong genera un comercio anual de unos 2.000 millones de dólares y entre 80 y 90 millones de dólares en salarios (gran parte pagados al Estado y no a los trabajadores norcoreanos).
Está claro que es imposible un cierra definitivo, como máximo será hasta julio, fecha de una nueva etapa en Corea del Norte con el 60 aniversario del fin de la guerra intercoreana, pero mantener bloqueadas las actividades de Kaesong sólo se justifica actualmente por las sanciones recibidas de la ONU tras su última prueba nuclear del 12 de febrero con el consentimiento de China y a la vez analizar qué puede lograr en futuras conversaciones con Seúl y Washington, sobre todo con los estadounidenses, pero Pyongyang ya ha rechazado negociar su programa nuclear.
De momento, este cierre del complejo industrial desde que Pyongyang comenzara la catarata de amenazas contra Corea del Sur y Estados Unidos es un suicidio lento pero de graves consecuencias económicas para Corea del Norte, pero también para el Sur, cuyas empresas dejan de proporcionarle cooperación técnica que le permite el desarrollo tecnológico e industrial del Norte, además, obviamente, de importantes ingresos para el país.
En definitiva, Kim Jong-un va consolidándose en el poder, su régimen se estabiliza, los militares dan el visto bueno a la situación política actual, la economía, pese a los últimos cambios habidos no tiene visos de mejorar y mucho menos con operaciones como la de Kaesong, pero de los 24 millones de norcoreanos, seis de ellos siguen padeciendo hambruna, según organismos oficiales, entre ellos World Food Program.

 

By Santiago Castillo

Santiago Castillo

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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1 Respuesta

  1. 4 Enero, 2015

    […] Kim Dae-jung, en Pyongyang, y luego un segundo encuentro en la misma capital norcoreana con Roh Moo-Hyun, presidente de Corea del Sur, en […]

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