El bambú que sostiene a la economía japonesa

Madrid. Las empresas japonesas revisaron a la baja las proyecciones de inflación en el cuarto trimestre, tal como informó esta semana el Banco de Japón (BoJ). ¿Esto qué significa? Es una prueba más de lo esquivo y complicado de alcanzar que está siendo el objetivo del 2 por ciento de inflación marcado por el banco central, ansioso por que la economía nipona conjure su fantasma de la deflación.

Echando la vista atrás, hubo un tiempo en que ésta se creyó una tarea más fácil. La subida del IVA en abril de 2014 tuvo un efecto positivo en la inflación, al servir de acicate para que los precios de los productos repuntaran e insuflaran cierto optimismo de cara a la consecución de esa meta, pero fue temporal.

Ahora, las compañías prevén que la inflación anual será del 1 por ciento de aquí a un año, lejos pues del objetivo por el que suspira el gobernador del BoJ, Haruhiko Kuroda, pero además, ese dato es inferior a la estimación del mismo sondeo realizado en septiembre de una tasa de inflación del 1,2 por ciento en ese mismo horizonte temporal y encadena dos trimestres consecutivos de revisiones a la baja. Y si nos extendemos en el tiempo, las empresas creen que de aquí a tres años la inflación nipona será del 1,3 por ciento y del 1,4 por ciento en cinco años.

En definitiva, es un nuevo indicio que viene a contradecir la valoración optimista del Banco de Japón sobre la subida de los precios.

Pero es que no es el único mal presagio para la tercera economía mundial que se ha conocido recientemente. Según la encuesta Tankan publicada esta semana, la confianza de las empresas niponas se mantuvo inalterada en el cuarto trimestre del ejercicio pero se espera que empeore en los próximos meses. La causa: la incertidumbre sobre la evolución de las economías asiáticas, que reciben más del 50 por ciento de las exportaciones de Japón. Preocupa sobre todo la desaceleración de la economía china. “El riesgo más significativo en este momento es una mayor desaceleración de las economías emergentes, especialmente China”, dijo recientemente el vicegobernador del Banco de Japón, Kikuo Iwata.

El Producto Interior Bruto nipón creció un 1 por ciento en el tercer trimestre respecto al segundo gracias fundamentalmente a la inversión empresarial, con lo que se evitó una segunda recaída en la recesión desde que se empezó a aplicar el paquete de medidas de estímulo conocido como “Abenomics”, una denominación que hace referencia a su valedor, el primer ministro nipón, Shinzo Abe.

La sensación imperante es la de una economía que titubea, a la que le falta el impulso necesario para abandonar el estigma del estancamiento que pesa sobre ella desde hace años. La subida del IVA hace año y medio hizo mella y, a paso lento, la economía va recuperando el compás. Con el firme propósito de relanzarla, el Gobierno de Japón reducirá el año que viene el impuesto de sociedades por debajo del 30 por ciento en su esfuerzo por promover las subidas salariales y espolear el caballo de la inversión.

Al mismo tiempo, el Gobierno japonés considera capital el incremento de los sueldos de los japoneses para salir de más de una década de deflación, el mal endémico de esta economía asiática, por el que se postergan las compras de forma indefinida con la expectativa de que los precios de los bienes y servicios seguirán bajando y como resultado, el consumo se resiente dolorosamente, el valor de las deudas crece, se deprecian los activos, se reduce el crédito y todo ello redunda indefectiblemente en la actividad económica.

En octubre, los precios disminuyeron ligeramente por tercer mes consecutivo, algo que no ocurría desde 2013, cuando el BoJ fijó el objetivo de inflación del 2 por ciento y se embarcó en un ambicioso programa de compras de activos concebido para tal fin.

Sin embargo, cuanto más tiempo pasa, más dudas se ciernen sobre la efectividad del plan. El consumo de los hogares japoneses se redujo un 2,4 por ciento interanual en octubre a pesar de la caída de los precios. ¿Y si el esfuerzo de la autoridad monetaria resulta baldío? Mientras las empresas no se decidan a aumentar los salarios la situación seguirá siendo la misma y, de momento, son renuentes a retribuir más a sus trabajadores. Por tanto, las turbias perspectivas de inflación y crecimiento en Japón, que van de la mano, encapotan el cielo de la Tierra del Sol Naciente.

Algo deberá idear la Administración Abe para revitalizar a la economía y acallar un escepticismo cada vez mayor. Una buena cosecha requiere cuidados constantes y de todos es sabido que el cultivo del bambú japonés exige perseverancia, paciencia y riego.

Dicen los expertos en botánica que durante el séptimo año el bambú alcanza su pleno desarrollo y puede crecer más de 30 metros en poco tiempo. Si esa es la filosofía que ha inspirado el Abenomics“, su principal impulsor deberá seguir aferrado a la fórmula aunque, de momento, el junco se bambolee con el viento.

Santiago Castillo

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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