El asalto a la Embajada norcoreana en Madrid recrudeció viejos tiempos de la “guerra fría” (I)

Embajada de Corea del Norte en Madrid
Embajada de Corea del Norte en Madrid

Madrid. Tal vez el mítico novelista británico del género del espionaje John le Carré se haya quedado bastante desilusionado ante la “chapuza” que en la tarde del 22 de febrero de 2019 se produjo en la  Embajada de Corea del Norte cuando un grupo liderado por Adrián Hong-chang asaltó la Legación norcoreana en medio de un enorme desconcierto y de una serie de incógnitas que a buen seguro a uno de los mejores autores de todo los tiempos sobre el mundo del espionaje no le servirá para encauzar otra obra maestra que pudiera relanzar la “guerra fría, que aún sigue vigente en la península coreana.

La política de Corea del Norte ha dado en los dos últimos años un enorme cambio político  nunca visto desde la división de la península coreana en 1948, donde aún está vigente un armisticio que puso fin a la guerra coreana en 1953, pero nunca se firmó un tratado de paz, lo que evidencia la existencia de la actual “guerra fría” en esa parte a consecuencia de la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial que colonizaba a toda Corea y que terminó dividida en Norte y Sur.

Las dos Coreas viven un deshielo real, aunque con intermitencias continuas, pero la participación de Corea del Norte en los Juegos Olímpicos de Invierno de Pyeongchang (febrero de 2018) fue la mejor ocasión para encauzar el fin a la “guerra fría” entre los dos países, y pese al sigilo que siempre ha rodeado al régimen norcoreano con deserciones o desapariciones en los últimos años y en medio de un enigma supremo en la discreción de las investigaciones, la realidad es que este asalto a la Embajada de Corea del Norte en Madrid ha traído una alta dosis de escepticismo e  incredulidad que son exiguos los argumentos para que John le Carré refresque con audacia y perspicacia los restos que aún pululan de la “guerra fría” en la península coreana.

A pesar de que sobre el asalto a la Legación norcoreana en Madrid sigue sin aclararse realmente lo que ocurrió durante ese ataque, mientras avanzaba la investigación, se han ido esclareciendo parte de los hechos, es decir, lo que se va a narrar a continuación es una recopilación de las informaciones que se han hecho públicas desde que ocurrió el asalto.

La Embajada de Corea del Norte se ubica en un lujoso barrio del distrito de Moncloa-Aravaca en Madrid, en una zona residencial tranquila, así como la actividad de la propia Legación. La sede se cimenta con base en un chalet de dos plantas, un jardín, una cancha de tenis, otra de baloncesto y una piscina. Pero otra característica es que está mayormente rodeada por un descampado, una parcela vacía que sirve de desagüe natural de la zona y por ello no se ha urbanizado. Sin embargo, esta zona fue clave para la escapada de los asaltantes.

Días antes del suceso al parecer la antena telefónica y el poste eléctrico cercanos y que dan cobertura al barrio habían sido manipulados. El mismo día las luces de las inmediaciones estaban a medio gas y las medidas de seguridad de la Embajada estaban también dañadas. Extrañamente también en fechas próximas al asalto se había realizado un evento oficial en el interior de la misma Legación. Aunque no se sabe a ciencia cierta si todos estos sucesos estaban relacionados con el caso, pero lo referente a la seguridad de la misión diplomática  parece apuntar que sí.

La tarde del 22 de febrero la Embajada de Corea del Norte en Madrid recibió una visita, serían aproximadamente las cinco de la tarde. La visita decía ser un empresario que había estado anteriormente en la sede diplomática haciéndose pasar por un hombre de negocios, por lo que esperaba en el jardín a ser recibido por el actual jefe diplomático de la Legación, el encargado de Negocios de Corea del Norte en Madrid, So Yun Sok.

Pero tras un descuido, el visitante dejó pasar al interior a sus compañeros, siendo un total de diez personas encargadas del asalto. Entraron, ataron, golpearon y amordazaron a todos los que allí se encontraban, desde personal de la Embajada y sus familiares, hasta unos estudiantes de arquitectura que suelen frecuentar la misión de su país natal. Retuvieron a todas las personas durante horas con las manos atadas y las cabezas cubiertas con bolsas de plástico. Fueron de habitación en habitación buscando a todos los allí presentes que intentaban resistirse y precisamente en una ellas del último piso se encontraba la mujer de uno de los trabajadores de la sede diplomática, la cual se encerró con llave para oponer resistencia a los asaltantes, pero estos iban bien preparados y se dispusieron a intentar abrir la habitación con las herramientas que llevaban. La mujer, al verse acorralada, decidió saltar por la ventana y fue la que dio la voz de alarma de lo que ocurría en el interior de la Embajada.

Así, a la mujer en cuestión la encontraron unos vecinos herida y asustada, y a pesar de las barreras lingüísticas, ya que la mujer no sabía español, pudieron avisar a los servicios de emergencia del Samur que la atendió de las herida por la caída, y entonces la policía se acercó a la Legación diplomática para ver qué ocurría, habiendo establecido previamente un perímetro de seguridad.

Pero cuando la policía llamó a la puerta de la propia Embajada, les recibió un hombre de rasgos asiáticos con un pin característico de Corea del Norte pero que hablaba perfectamente español, aunque con acento mexicano, probablemente sería el cabecilla del grupo, Adrián Hong-chang, que había buscado el pin en el recibidor y se lo puso en la solapa antes de abrir la puerta para desempeñar su papel con sangre fría a sabiendas de que estaba la policía fuera. Les comunicó con toda tranquilidad que en el interior todo estaba en orden, y que si tenían algún otro problema acudieran al consulado. Estas declaraciones tranquilizaron a la policía, ya que no podía acceder al recinto por carecer de permiso del Gobierno norcoreano y no vulnerar el principio de inviolabilidad de sede diplomática. Además, con las escasas declaraciones de la mujer que consiguió escapar, la policía española pensaba que se trataba más bien de un caso de violencia doméstica, ya que sólo lograron entender gracias a un servicio de traducción online palabras como “marido”, “casa”, “ventana”, “agresión” … La mujer fue trasladada al hospital con la tibia y el peroné fracturados debido a la caída desde el segundo piso.

Mientras, los asaltantes consiguieron reducir a los demás en el interior de la sede diplomática mediante la colocación de grilletes y bridas con el fin de inmovilizarlos. Pero el encargado de Negocios de la Embajada, So Yun Sok, fue separado del grupo y llevado a la  fuerza a un cuarto de baño con el líder del grupo asaltante. Le golpearon y le provocaron distintas lesiones y como oponía resistencia, le ataron las manos a la espalda con bridas y le cubrieron la cabeza con una bolsa a la vez que le amenazaron con barras de hierro y con aparentes armas de fuego apuntándole a la nuca.

Pilar Calatayud Hernández

Pilar Calatayud Hernández

Graduada en Lenguas Modernas y sus Literaturas, Máster en La UE y el Mediterráneo en la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Estudiante del idioma y la cultura coreana e investigadora de temas relacionados con la península.

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