El día después de la guerra comercial entre China y Estados Unidos

Madrid. El presidente estadounidense, Donald Trump, aprobó en marzo pasado la imposición de aranceles a la importación de bienes chinos por valor de hasta 60.000 millones de dólares para intentar rebajar el desmesurado déficit comercial con el de China y contrarrestar así el supuesto robo de propiedad intelectual a las compañías norteamericanas que invierten en aquel país y para evitar esto último, se limitará la inversión china en EEUU.

Por su parte, China ha anunciado que responderá con igual dureza, ya que hay varios estados estadounidenses cuya exportación de productos agrícolas se concentra en el mercado chino.

En el caso de China, Trump irá mucho más allá al imponerle aranceles por un importe de 60.000 millones de dólares para un gran número de bienes, al margen del acero y el aluminio.

El discurso oficial responsabiliza directamente a China de ser el causante de que EEUU tenga el mayor déficit comercial del mundo, por encima del medio billón de dólares. De ellos, 375.000 millones son el resultado de las masivas compras de tecnología y productos de consumo a China Sin embargo, las autoridades chinas rebajan sensiblemente la cifra de déficit que defiende Donald Trump.

Según datos de las aduanas chinas, el país asiático registró un superávit comercial de 275.810 millones de dólares frente a Estados Unidos, un desequilibrio récord en los intercambios bilaterales de mercancías, pero menor en 100.000 millones de dólares a lo contado por Washington.

Otros tres países, México, Japón y Alemania, con importantes exportaciones a  Estados Unidos, también son culpables del desfase comercial. México y Alemania quedan eximidos por ahora de los aranceles, mientras que Japón, que tiene un saldo excedentario con Estados Unidos de 68.800 millones de dólares, el tercero más alto, sí se verá afectado.

Desde que el presidente Donald Trump anunció que impondría aranceles a productos procedentes de China semanas atrás, los mercados del mundo comenzaron una etapa de inestabilidad y Pekín ha respondido con represalias a las tres olas de sanciones arancelarias anunciadas desde Washington.

Trump inició la guerra cuando anunció a principios de marzo la imposición de un arancel de 25 por ciento al acero y del 10 por ciento al aluminio importado, aunque para el día de la entrada en vigor de la medida la mayoría de los potenciales afectados habían logrado mediante negociaciones bilaterales que Washington no las aplicara a su producción, entre ellos Canadá, Corea del Sur y la Unión Europea (UE), donde la batalla comercial entre China y EEUU obliga a Europa a tomar posiciones, en un escenario condicionado por la regulación que prepara sobre el sector tecnológico y además Pekín ha pedido a la UE  que se sume a su denuncia contra los estadounidenses ante la Organización Mundial del Comercio (OMC).

El presidente estadounidense volvió a hacer saltar las alarmas recientemente cuando anunció la imposición de nuevos aranceles directamente a las importaciones de China por un valor cercano a los 60.000 millones de dólares. Trump advirtió que esa era la primera de muchas acciones que se sucederían con respecto al país asiático. Y unos días después, en la tercera tanda de sanciones, amplió la gama de aranceles a productos chinos cuyo valor asciende a 100.000 millones de dólares.

China oficialmente tomó medidas en represalia, de las que ya informó a la Organización Mundial de Comercio (OMC). Pekín impondrá tasas a 106 productos estadounidenses, entre ellos aranceles de hasta 25 por ciento a la soja, aviones, automóviles y otras importaciones.

La oficina del representante estadounidense de Comercio Exterior, Robert Lighthizer, disponía entonces de 15 días para publicar una lista de productos afectados por los aranceles que, según fuentes de la Casa Blanca, podrían afectar a unos 1.300 tipos de bienes, desde zapatos hasta tecnología punta. Una vez publicada esa lista, comenzará un período de comentarios públicos de 30 días antes de que los aranceles entren en vigor, según la Casa Blanca.

Por otra parte, Trump dará 60 días al Departamento del Tesoro para decidir cómo restringir la inversión china en Estados Unidos debido a sus prácticas de distorsión del mercado pues Washington identifica varias prácticas injustas por parte de Pekín, como por ejemplo el robo de patentes de propiedad intelectualdumping y manipulación monetaria, devaluación de su moneda.

Respecto a los aranceles a los productos norteamericanos, lo ha dejado claro el Ministerio de Comercio chino. Sus planes consisten en imponer una tasa del 15 por ciento a 120 productos de importación de EEUU, como fruta, vino, nueces y tuberías de aluminio. A dichos aranceles, que le reportarían unos mil millones de dólares, se sumarían en una segunda fase otros que gravarían con un 25 por ciento las importaciones de cerdo y chatarra de aluminio. Dichas tarifas supondrían unos 2.000 millones de dólares.

Algunos expertos en comercio internacional señalan que los aranceles anunciados por el gobierno de EEUU no atacan ninguno de los tres asuntos de fondo del problema que Washington tiene con China. Para Christopher Herrick, director de estudios internacionales de Muhlenberg College, experto en asuntos chinos, el avance en la imposición de aranceles sobre productos del “gigante asiático” no es adecuado, pues no resuelven el problema de la administración Trump con China respecto a las exigencias de ésta sobre la propiedad intelectual de las empresas estadounidenses.

En relación a quién gana y quién pierde en una guerra comercial de estas características, Australia es uno de los potenciales beneficiarios, por los lazos comerciales que tiene con los chinos, cuyo país es su mayor socio comercial, y tienen varios tratados bilaterales comerciales, como el Acuerdo de Libre Comercio entre China y Australia ( Chafta). Australia produce muchos de los productos que China le compra a EEUU. Productos australianos como el vino, ciertos granos o el acero posiblemente serán más competitivos ya que no tendrán aranceles para ingresar a China.

Por otro lado, China es uno de los mayores compradores de cultivos estadounidenses y la soja es uno de los productos estrella de EEUU. Al gravar la soja estadounidense, China podría recurrir a la que cultivan Brasil y Argentina, que ya son grandes exportadores de ese producto.

Entre los posibles perdedores los productores de soja estadounidenses están preocupados, porque China es su mayor comprador. Exportaron cerca de 22.500 millones de dólares entre diciembre de 2016 y noviembre de 2017 de los cuales más de la mitad, 13.000 millones, fue comprada por China, según la compañía de datos de Nueva York, Panjiva.

De esta forma, si los chinos dejan de comprar afectaría gravemente a los agricultores de EEUU, especialmente ubicados en el Medio Oeste del país, Illinois, Iowa, Minnesota, Indiana y Missouri, todos ellos votantes de Trump, además las empresas tecnológicas también se podrían ver afectadas. Apple, por ejemplo, tiene su fábrica en China y una importante cuota de mercado. Si sus productos se encarecen, las compañías de teléfonos chinas podrían sacar ventaja en el gigantesco mercado asiático y si no pueden vender sus productos, puede caer el empleo.

Otros expertos en comercio global se muestran esperanzados ya que, puesto que los aranceles no entrarían en vigor hasta mediados del mes de mayo, es probable que haya negociaciones y que se llegue a algún tipo de arreglo que retrase su entrada en vigor o que suavice las condiciones anunciadas.

El presidente chino, Xi Jinping,  ha rebajado la  tensión y ha calmado con su intervención en el Foro de Boao, conocido como el Davos de Asia, con un tono pacífico y aperturista, al comprometerse en aplicar el acceso a los mercados financieros chinos para los agentes extranjeros, incrementar la protección de los derechos de propiedad intelectual y rebajar los aranceles para productos como automóviles, un gesto dirigido a Trump, quien previamente se quejó por el desfase a las tarifas de importación de estos bienes que aplican uno y otro país.

Juan de Castro Pita

Juan de Castro Pita

ex consultor de Naciones Unidas

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