Corea del Sur prueba el uso de esclavas sexuales por Japón

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Madrid. La publicación de un vídeo desconocido, difundido por el Centro de Derechos Humanos de la Universidad Nacional de Seúl, ha reavivado las tensas relaciones entre Japón y Corea del Sur en torno a las ‘’mujeres de consuelo’’ forzadas por el Ejército nipón antes y durante la Segunda Guerra Mundial.

Siete mujeres, de origen coreano según los investigadores, además de militares chinos y estadounidenses, aparecen en un vídeo de 18 segundos, en blanco y negro, sin sonido, que muestra la liberación de un campo en Songshan, en la provincia china de Yunnan, en 1944, destinado a promocionar servicios sexuales a los soldados japoneses.

La prueba videográfica, la primera descubierta hasta el momento con esclavas sexuales de la península de Corea, ocupada por Japón entre 1910 y 1945, determina un nuevo avance en la investigación para la reparación de la memoria de las víctimas, sumado a los testimonios de las mujeres supervivientes y la documentación escrita y fotográfica.

Una labor favorecida por la población japonesa que asume la responsabilidad histórica de Japón, frente a los partidarios del dogma de la negación, incluida la élite política del país, primeros ministros y ejecutivos secundarios herederos de la mirada conservadora y revisionista, que ha respaldado homenajes al régimen imperial en el santuario Yasukuni, en Tokio.

Semanalmente, desde 1992, manifestantes apoyan la causa de las esclavas sexuales frente a la Embajada de Japón en Seúl. Reclaman un mayor reconocimiento y compensaciones económicas directas del Gobierno japonés, que acordó destinar un fondo de 1.000 millones de yenes (7,75 millones de euros) a través de una fundación en 2015.

En este sentido, el discurso nipón argumenta haber expresado un perdón reiterado a las víctimas desde la ‘’declaración Kono’’, en 1993, y considera suficiente el dinero aportado a las familias, así como la mediación para indemnizar a las víctimas solicitantes.

La declaración de Yohei Kono, secretario jefe de gabinete del gobierno de Kiichi Miyazawa, reconoció por primera vez el sometimiento de mujeres ‘’contra su propia voluntad’’, la involucración directa de las autoridades militares en la planificación del sistema de las ‘’estaciones de confort’’ y ‘’sus más sinceras disculpas y remordimientos’’.

La redacción del informe previo a la declaración recogió el origen surcoreano de la mayoría de las esclavas sexuales, alrededor de 200.000 mujeres naturales también de China, Taiwán, Filipinas, Indonesia y Países Bajos, país colonizador del archipiélago indonesio.

Japón admitió la existencia de locales a lo largo y ancho del territorio ocupado, desde el noreste y sur de China, Hong Kong, Macao, Myanmar (entonces Birmania), Tailandia, la Indochina francesa (Vietnam, Laos y Camboya), Malasia (Malaya), Filipinas, Indonesia y Papúa Nueva Guinea. La lista excluyó a Corea.

Desde su elección en mayo, el presidente surcoreano, Moon Jae-in, ha manifestado la posibilidad de revisar el convenio de indemnización firmado con Japón, rechazado ‘’emocionalmente’’ por parte de la población surcoreana.

“Podría haber desafíos que surjan, pero es importante que los dos países busquen una cooperación orientada hacia el futuro, y es más importante que nada que Corea del Sur y Japón colaboren contra Corea del Norte“, señaló el embajador japonés en Seúl, Yasumasa Nagamine, en junio, que pidió respetar ‘’fielmente’’ el acuerdo pactado.

Nuevas imágenes de un episodio que sigue sin encontrar una resolución definitiva. Corea del Sur, junto a China y Corea del Norte, que protestaron ante la revelación del vídeo, encabeza el bloque de la geografía este asiática contra las prácticas del Japón imperial. Una zona próspera, cooperante en materia económica, pero aún enfrentada por el pasado.

Sergio Perea Martínez

Sergio Perea Martínez

Estudiante de Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid.

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