Corea del Norte sigue negando su culpabilidad en el hundimiento del barco surcoreano con 46 muertos al cumplirse el cuarto aniversario

Madrid. Cuatro años después del ataque mortal de Corea del Norte a un barco de la Armada surcoreana en el mar Amarillo, que originó la muerte de sus 46 marineros, el régimen comunista de Kim Jong-un sigue si reconocer su culpabilidad, que siempre negó, y que Corea del Sur quiere que Pyongyang reconozca su responsabilidad cuando esta semana se conmemora por todo el país el cuarto aniversario de uno de los incidentes más graves entre las dos Coreas.

El 26 de marzo de 2010 el ataque perpetrado contra la corbeta surcoreana “Cheonan”, en el suroeste de la isla de Baengnyeong, fue causado por un torpedo de un submarino norcoreano, según las investigaciones de Seúl, las cuales fueron respaldadas por Japón y Estados Unidos, aunque Rusia y China siempre abogaron por pasar página por el bien de la paz en la Península coreana y retomar las negociaciones a seis bandas, suspendidas desde 2008.

Sin embargo, pocos meses después, el 23 de noviembre de ese año, Corea del Norte lanzó un ataque con artillería sobre la isla surcoreana de Yeonpyeong, que puso a la Península coreana al borde de un enfrentamiento armado a mayor escala, que originó la muerte de dos soldados y de dos civiles. Pero hay que resaltar que el ataque a esa isla el  objetivo no fue marítimo sino que se hizo en un territorio donde había civiles.

La isla de Yeonpyeong se encuentra a trece kilómetros de la costa norcoreana y en plena frontera marítima entre las dos Coreas, que Pyongyang rechaza al asegurar que fue trazada unilateralmente por el comando de la ONU que lideraba EEUU en 1953.

En esta zona del mar Amarillo ha sido un frecuente foco de tensión entre las dos partes, con enfrentamientos que ya en el pasado han provocado peligrosas escaladas de violencia en la región, además del  hundimiento de la corbeta surcoreana.

La conflictiva frontera marítima, conocida como Línea Fronteriza del Norte (NLL), serpentea entre las islas de la costa occidental de la Península coreana y, según Pyongyang, está demasiada cerca de su litoral, lo que permite, dice el régimen norcoreano, que los navíos surcoreanos patrullen cerca de las posiciones norcoreanas y oteen sin dificultades sus numerosas plazas artilleras en tierra.

Lo que está claro que el caso de “Cheonan” echó por los suelos las esperanzas de mejora en las relaciones entre las dos Coreas y luego aún fue peor con el ataque a la isla surcoreana de Yeonpyeong, lo que puso en evidencia la imposibilidad de retomar el diálogo multilateral para la desnuclearización de Corea del Norte, pero al margen de otros graves incidentes, después con el lanzamiento de misiles y el ensayo nuclear de febrero de 2013 hicieron imposible regresar a las negociaciones a seis bandas (China, EEUU, Japón, Rusia y las dos Coreas).

La grave enfermedad del entonces líder norcoreano, Kim Jong-il (fallecido el 17 de diciembre de 2011), que ya había designado a su hijo, Kim Jong-un como su sucesor, el régimen comunista necesitaba fortalecerlo con estas acciones provocativas y ante el aislamiento que le dispensaban EEUU y Corea del Sur, Pyongyang con estos hechos trataba de consolidar la figura del futuro líder con una imagen de fuerza y credibilidad ante la cúpula militar y su pueblo.

Corea del Norte siempre ha utilizado el asunto de las maniobras conjuntas de EEUU y Corea del Sur, que finalizan el próximo 18 de abril, como una agresión que van contra paz y son ensayos para invadir el país, como su mejor justificación para llevar a cabo sus acciones o como esta haciendo estas dos últimas semanas con el lanzamiento de misiles en protesta por los  ejercicios militares, con la participación de 7.500 efectivos estadounidenses, país que mantiene en suelo surcoreano a 28.500 soldados.

La realidad se impone y los hechos evidencian que la violencia aunque sea mínina no resuelve los problemas, de ahí que Corea del Norte se tenga que ir mentalizándose de que tiene que girar política y económicamente para salir del caos en que vive el país.

De momento, el régimen norcoreano se ha dado cuenta de que actualmente depende mucho de China cuando sabe que sin Pekín el país no funciona, y se da cuenta de sus serias preocupaciones por la elevada dependencia económica del “gigante asiático” ya que es imposible construir edificios, cultivar productos o mantener el régimen sin importar materiales, fertilizantes y pesticidas chinos, según recoge el diario surcoreano “Chosun Ilbo”.

Mientras trata de no estropear más las relaciones con Corea del Sur, ahora Corea del Norte intenta mejorar las relaciones con Japón en relación a los ciudadanos japoneses secuestrados por el régimen norcoreano, una espinosa materia que ha impedido hasta ahora que ambos países mantengan relaciones diplomáticas.

Pero tal vez con el nombramiento de Hwang Pyong-so, hasta ahora consejero personal del joven líder Kim Jong-un, como nuevo primer vicepresidente de uno de los principales órganos políticos de Pyongyang, el país se disponga a llevar a cabo una nueva estrategia política que sea la de mejorar sus relaciones con sus vecinos y con la comunidad internacional.

Santiago Castillo, periodista, escritor, experto en asuntos del Nordeste asiático

Santiago Castillo

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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3 Respuestas

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