Corea del Norte ignora las sanciones de la ONU y lanza seis misiles

Lanzadera de misiles de medio alcance norcoreano
Lanzadera de misiles de medio alcance norcoreano
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Madrid. La respuesta de Corea del Norte a las duras sanciones del Consejo de Seguridad de la ONU ha sido el lanzamiento de seis misiles, que han caído en el mar del Este (mar de Japón), en protesta por la resolución de restricciones comerciales al país a causa de los últimos ensayos nucleares y del lanzamiento de misiles de largo alcance, una nueva acción del régimen de Kim Jong-un que vuelve a crear más tensión en la zona con China y Rusia pidiendo a EEUU suspender sus planes de instalar en Corea del Sur el sistema de defensa antimisiles THAAD.

Todo parece indicar que las tensiones en la península coreana se van a incrementar a raíz de estas nuevas sanciones de los 15 miembros del Consejo de Seguridad de la ONU, incluidos China y Rusia, tras la prueba nuclear que hizo Pyongyang en enero y luego el lanzamiento de un cohete en febrero.

Ahora habrá que determinar si esta última operación nuclear han sido cohetes o misiles guiados, cuyos proyectiles ascendieron unos 150 km antes de caer al mar y no parecían tener un objetivo específico, aunque obviamente todo radica en fortalecer al régimen y consolidar al líder Kim Jong-un en el poder, al margen de su impertérrito afán de que el país sea reconocido como una potencia nuclear o también para mostrar su poder militar en respuesta a lo que considera agresiones externas como pueden ser las maniobras militares entre EEUU y Corea del Sur en territorio surcoreano.

De momento, al igual que en ocasiones anteriores, Corea del Sur, cuyo Ejército ha intensificado su vigilancia sobre lo que pueda hacer Corea del Norte, determinará en los próximos días qué tipo de proyectiles ha lanzado Pyongyang, aunque podrían ser misiles KN-01 o cohetes de 300 milímetros, según distintas fuentes surcoreanas.

China y EEUU negociaron durante semanas el bloque de las sanciones a Corea del Norte, destinado a ahogar la financiación de los programas nucleares norcoreanos, y está considerado como el más “duro” hasta ahora adoptado por la ONU en 20 años, que impone por primera vez restricciones a las exportaciones norcoreanas de productos como el carbón, hierro, oro, titanio y tierras raras dentro de la resolución 2270.

Al mismo tiempo, a Corea del Norte se le prohíbe la venta de combustible para aviones y cohetes, veta la transferencia al país de equipos que puedan ser utilizados con fines militares y además impone un embargo total de armas ligeras, pero lo realmente llamativo es que la comunidad internacional bloquee por primera vez la venta de minerales, la principal fuente de ingresos del régimen comunista.

Las nuevas sanciones también prevén que todos los cargamentos que reciba Corea del Norte sean inspeccionados para verificar que no haya materiales que pudieran utilizarse para su programa balístico y nuevas limitaciones a sus exportaciones e importaciones y además se añaden 13 personas a la lista de las que tienen prohibido viajar y cuyos activos quedan congelados.

Las sanciones de la ONU también abarcan la clausura de las oficinas de sus bancos en el exterior en un plazo de 90 días y que se congelen los activos de cualquier entidad del Gobierno de Corea del Norte o del Partido de los Trabajadores, que gobierna en el país, que esté relacionada con su programa de armas nucleares o cohetes de largo alcance.

China, más interesado en que desaparezca Kim Jong-un que caiga el régimen, ve cómo no puede con Corea del Norte y trata por todos los medios de sofocar una vez más una situación que está militarizando esta región del nordeste asiático y sobre todo cuando Seúl, Tokio y Washington coinciden en una mayor cooperación militar en defensa de los ataques nucleares norcoreanos y con las protestas tanto de Moscú como Pekín por el inminente despliegue del sistema antimisiles estadounidenses THAAD en Corea del Sur.

China insiste más que nunca, y puede ser una buena opción, al igual que Rusia, uno de los pocos aliados del régimen norcoreano, y que justificó las sanciones de la ONU contra Corea del Norte, regresar lo antes posible a las conversaciones a seis bandas (Rusia, EEUU, China, Japón y las dos Coreas), encaminadas a detener su programa nuclear a cambio de reconocimiento diplomático, petróleo para suplir su falta de energía y ayuda humanitaria, pero para retomar estas conversaciones tanto Pekín como Moscú tienen que presionar más al régimen comunista ya no sólo para que asista sino que cambie su política nuclear y haga cambios en lo económico.

En especial, ahora que Kim Jong-un sigue insistiendo que “la única manera de defender la soberanía de la nación es fortaleciendo aún más las fuerzas nucleares en cuanto a calidad y estando preparados para lanzar ojivas nucleares en cualquier momento”. Y agregó: “Toda la gente en RPDC (Corea del Norte) está esperando la orden de combate para aniquilar al enemigo con su creciente ira hacia los imperialistas de Estados unidos y Corea del Sur”.

No obstante, China sigue siendo el principal valedor económico del régimen norcoreano al aportarle, bien en forma de comercio o de subvenciones, una gran cantidad de bienes y recursos y es el país que más puede influir en Corea del Norte, al que proporciona anualmente, entre otras ayudas, arroz, petróleo y carbón, y le facilita el 90 por ciento del combustible.

Desde China, el medio Global Times, considerado un periódico conservador dentro del Partido Comunista de China (PCCh) señala que la importación del carbón en la ciudad fronteriza de Dandong, la principal puerta de acceso de Corea del Norte a China y en consecuencia al mundo exterior, ya tiene la orden de interrumpir las compras del mineral a partir del 1 de marzo.

Corea del Norte exportó a China, su mayor proveedor, 1,6 millones de toneladas de carbón al mes durante el pasado año, lo que le reportó ingresos por valor de 1.000 millones de dólares y como dice el Global Times “estas sanciones supondrán un dolor sin precedentes para el país”.

China, a pesar de su distanciamiento con Kim Jong-un por su política nuclear, sigue suministrando petróleo a Corea del Norte de forma regular y sólo en 2015 envió unas 500.000 toneladas de crudo, una cantidad similar a la que aportó a su aliado durante el mismo período del año pasado, según el Ministerio de Unificación de Corea del Sur.

Pero a las sanciones de la ONU, se suma el cierre del polígono industrial de Kaesong (cerrado por Seúl por sus pruebas nucleares), gestionado con el Norte en plena zona fronteriza con el Sur, que traerá consecuencias irreparables para la economía norcoreana, cuyo recinto es la principal fuente de ingresos para el Norte, donde operan una totalidad de 54.000 trabajadores en las 123 firmas surcoreanas lideradas por el conglomerado Hyundai, instaladas en ese lugar fronterizo.

Los efectos de su inactividad son muy graves para la economía del país, de hecho la paralización de sus actividades supondrá una gran pérdida ya que Kaesong, inaugurado en 2004, genera un comercio anual de unos 2.000 millones de dólares y las empresas surcoreanas proporcionan cerca de 100 millones de dólares en salarios (gran parte pagados al Estado y no a los trabajadores norcoreanos).

Corea del Norte sigue en “guerra permanente” y fuera de la actual globalización de la política internacional, por lo que ya no sólo China sino los países miembros de las conversaciones a seis bandas van a tener que trabajar mucho para que el régimen de Kim Jong-un modifique su política nuclear y económica.

Mientras tanto, Pyongyang ha amenazado con más acciones nucleares tras las duras sanciones de la ONU y Seúl y Washington estudian cuándo desplegar el escudo antimisiles estadounidense THAAD en Corea del Sur con el fuerte rechazo de China.

Santiago Castillo

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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