Corea del Norte y EEUU se retan en una guerra imposible y las sanciones hacen mella

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Madrid. Corea del Norte está empezando a asumir su nueva realidad con las duras sanciones que la ONU acaba de imponer al régimen norcoreano como “castigo” por sus ensayos de misiles y las amenazas a Estados Unidos, en un nuevo escenario bélico en el que Pyongyang anuncia que atacará las bases estadounidenses del territorio del Pacífico en la isla de Guam y Donald Trump advierte al líder norcoreano, Kim Jong-un, que sufrirá “un ataque jamás visto”, en una retórica que gana Pyongyang para su “consumo interno” pero lejos, de momento, pese a la gravedad de la tensión, de un conflicto militar.

Mientras el Ejército norcoreano está considerando un ataque de misiles contra la isla de Guam, una base militar estadounidense donde se ubican varios bombarderos estratégicos, advirtiendo de que está listo para llevar a cabo una guerra sin cuartel si EEUU se le ocurre lanzar una guerra preventiva contra Corea del Norte, un hecho difícil que ocurra, el presidente Trump, con una vehemencia bélica de alto nivel, señalo que “será mejor que Corea del Norte deje de amenazar a Estados Unidos o bien se encontrará con una furia y un fuego jamás vistos en el mundo”.

La guerra en la península coreana, pese a la alta tensión desatada, no se va a producir, primero porque Corea del Norte no va a atacar a nadie, sabe que la respuesta sería la desaparición del régimen y, segundo, Estados Unidos no se va a meter en un conflicto militar cuando aún China sigue teniendo una enorme influencia en el país de Kim Jong-un, que haría mucho “daño” a Corea del Sur y a Japón.

Es obvio que esta nueva situación con las sanciones de la ONU y de la comunidad internacional a Corea del Norte han servido al régimen comunista para empezar a ver la nueva realidad en el caso de que siga con sus lanzamientos de misiles y desarrollo nuclear, una situación de “castigo” que Pyongyang ha reaccionado contra todos, incluido países como China y Rusia.

Los servicios de Inteligencia de Estados Unidos han indicado que el régimen norcoreano ha desarrollado con éxito cabezas nucleares en miniatura susceptibles de ser incorporados en los misiles que ya dispone Corea del Norte, aunque otros expertos consideran que todavía no dispone de la tecnología necesaria para miniaturizar lo suficiente cabezas nucleares para poder usarlas en los misiles intercontinentales, que a la “postre” serían una amenaza para EEUU, de ahí, la reacción de Donald Trump en querer “destruir” el arsenal atómico de Pyongyang y al mismo tiempo exigir aún más a China para que presione a Kim Jong-un.

Este nuevo escenario de las sanciones y de la reacción de la comunidad internacional no ha gustado a Pyongyang, no lo acepta y al mismo tiempo ha criticado a China, su principal aliado, y a Rusia, que han votado a favor de una mayor dureza contra el país, abocado a un “callejón sin salida” ante la fuerte reacción de “todos” por su desarrollo nuclear.

Es posible que la cuerda se tense mucho más de lo que ya está, pero sin descartar que estas nuevas sanciones a Corea del Norte, las más importantes de los últimos años, sirvan para poner a prueba a Pyongyang y ver la reacción de Kim Jong-un, sobre todo cuando ahora ha habido unanimidad en advertirle al régimen comunista que por este camino no se puede seguir y más cuando gran parte de lo que recibe en sus exportaciones va destinado al programa nuclear en detrimento de la calidad de vida de los norcoreanos.

Quizás a partir de estas sanciones, y ahora que Corea del Norte ha visto que hasta sus mejores aliados le dicen que no puede seguir con esta “guerra nuclear” dé señales de negociar o de no lanzar más misiles, lo que es bastante difícil, dado que es su mejor arma para mantener el régimen, pero con una Corea del Sur dispuesta a ayudarla en todo, el régimen comunista debería analizar la nueva situación emanada de estas sanciones que van a marcar la nueva estrategia de la política de Pyongyang, en especial cuando ha calificado las sanciones de “ilegales y acto terrorista”.

Corea del Norte siempre ha defendido su programa nuclear y de misiles como su mejor argumento ante un posible ataque (invasión) de Estados Unidos o incluso de Corea del Sur cuando ambos países realizan sus maniobras militares conjuntas, y como dice el gobierno norcoreano mientras estos dos “enemigos” “sigan con su política hostil y su chantaje atómico, no cederemos ni un ápice del camino marcado para fortalecer nuestro poder nuclear”.

Hasta ahora Corea del Norte siempre ha ido ganando todas las “guerras mediáticas”, dado que al final ha logrado gran parte de sus objetivos, pero la “realidad es única” y pese a que desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca se ha bordeado un conflicto militar entre los dos países, prácticamente imposible, de momento, y menos cuando China sigue mandando mucho en esa zona, es posible que asistamos a una nueva situación en la península coreana, pero destacando que en esta ocasión las sanciones pueden hacer mucho daño a la economía norcoreana que empezaba a dar muestras de cierta recuperación.

Estados Unidos está dispuesta que esta vez las sanciones hagan el mayor “daño posible” a la economía norcoreana, dado que estas nuevas penalizaciones son las mayores hasta ahora contra el régimen norcoreano, y que veta el carbón y otras exportaciones valoradas en más de mil millones de dólares, lo que supone un tercio del total de sus ingresos, estimados en 3.000 millones de dólares.

Corea del Norte vertió contra China y Rusia, sus principales socios, duras acusaciones por el apoyo dado por la ONU y EEUU contra el régimen norcoreano, por sus ensayos de misiles,  a quienes les dijo que deberían “sentir vergüenza” y “pagar caro por ello” y les recuerda que ha sido Trump el principal impulsor de estas sanciones, según señala la agencia estatal de noticias KCNA.

No obstante, hay que resaltar que ha sido la unanimidad de la comunidad internacional la que ha lanzado un claro mensaje a Pyongyang tras el largo tiempo que lleva lanzando misiles, unas  sanciones que llegan en respuesta al primer misil balístico intercontinental (ICBM) que lanzó en su historia Corea del Norte el pasado 4 de julio, un hito armamentístico al que ha seguido el lanzamiento de un segundo proyectil de este tipo disparado el 28 de julio.

Pese a todo, siguen siendo las paralizadas, desde 2008, conversaciones a seis bandas (Rusia, EEUU, China, Japón y las dos Coreas), encaminadas a detener su programa nuclear a cambio de reconocimiento diplomático, petróleo y otras partidas para suplir su falta de energía y ayuda humanitaria, la principal vía para poner fin a la tensión en la península coreana.

Esta vez sí, las sanciones pueden hacer mucho más daño que en ocasiones anteriores, pero un conflicto en la región es prácticamente improbable pese a la gravedad de la situación y pese a la preocupación de la comunidad internacional, que sabe que el lanzamiento de un misil nuclear norcoreano tendría enfrente al sistema de interceptores que Estados Unidos dispone en el Pacífico.

Eso sí, Corea del Norte facilita la militarización de la zona, ya no sólo Japón, cada vez con un Ejército más sofisticado, sino ahora Corea del Sur se dispone a realizar “reformas” de sus fuerzas armadas, ante cualquier “ataque” norcoreano, que no se producirá, y China destinando anualmente más presupuesto a su defensa y en frontal oposición a la instalación del sistema de los misiles estadounidenses THAAD en suelo surcoreano, que está actualmente realizando maniobras navales y aéreas, incluyendo el lanzamiento de “decenas de misiles” frente a la península coreana, según fuentes del ministerio chino de Defensa.

Santiago Castillo

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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