Por qué es complicado para un emperador abdicar en Japón

Akihito Michiko. Foto Wikicommons.

Madrid. Según informó la cadena pública japonesa NHK durante la semana pasada, el emperador Akihito estaría pensando en anunciar oficialmente su abdicación en los próximos años. Su hijo, Naruhito, sería en este caso quien recibiría el trono.

En caso de confirmarse la noticia no resultaría sorprendente. En los últimos años, el emperador Akihito, de 82 años, ha sufrido varias operaciones, la última de bypass en el 2012, y un cáncer de próstata que derivó en osteoporosis debido a la terapia hormonal a la que fue sometido. Todo esto ha llevado que durante el pasado mes de mayo la Casa Imperial anunciara una reducción de agenda en las actividades a desempeñar por el emperador. Así, actos como visitas a escuelas o residencias de la tercera edad serían realizadas por su hijo, el príncipe heredero Naruhito, de 56 años.

De resultar cierto, Akihito sería el primer emperador en abdicar en más de dos siglos, ya que el último en hacerlo fue el emperador Kokaku en el año 1817. Las estrictas normas de protocolo y la Constitución niponas impiden que el emperador pueda abdicar sin modificar la Ley de Sucesión de la Jefatura del Estado previamente.

Sin embargo, la Agencia de la Casa Imperial se ha encargado de desmentir los rumores: el emperador Akihito no va a anunciar su abdicación, al menos por ahora. Así lo ha asegurado el gran chambelán, Noriyuki Kazaoka, durante una rueda de prensa.

La Agencia de la Casa Imperial es un organismo con cierta autonomía del gobierno nipón, lo que ha provocado alguna controversia, debido sobre todo a lo retrógrado e inflexible de su posicionamiento. Por ello, no son pocos los japoneses que se muestran escépticos ante las palabras de Kazaoka. Incluso el primer ministro Shinzo Abe ha dejado entrever en declaraciones que algún rumor le ha llegado, pero que prefiere no pronunciarse debido a lo delicado de la situación.

La polémica por el papel que debe desempeñar el emperador se remonta prácticamente a los orígenes de la historia del país del Sol Naciente. La religión sintoísta, que profesan alrededor de 101 millones de japoneses (según datos del año 2011), sostiene que la figura del emperador es descendiente de la diosa Amaterasu, la deidad solar y una de las más importantes en el sintoísmo, a través del primer emperador Jinmu.

Esta relación entre la divinidad y la familia imperial se vio aún más reforzada a partir de la Restauración Meiji, durante la segunda mitad del siglo XIX, donde se buscó aumentar las responsabilidades de la figura del emperador. El objetivo era que volviera a desempeñarse en el ámbito de la política, ya que durante siglos había permanecido como una figura meramente decorativa. Las reformas necesarias se realizaron a la par que las religiosas, que denominaban el sintoísmo como religión oficial y vinculada al Estado. Así fue hasta el año 1945, cuando la Regulación sobre Sintoísmo dictada por el comandante supremo de las fuerzas aliadas establecía que fuese una religión regulada por instituciones privadas.

No obstante, la figura del emperador ha seguido siendo altamente venerada, independientemente de las circunstancias. Asimismo, el protocolo por el que se rige la Casa Imperial nipona es de los más estrictos en la actualidad, lo que ha provocado a su vez no pocas controversias. Es el famoso caso de la princesa Masako, conocida popularmente como “la princesa triste”. Masako Owada era una mujer educada en prestigiosas universidades del extranjero y con una prometedora carrera hasta que conociera al príncipe heredero. Se casaron y el matrimonio, se dice, fue inicialmente feliz. Sin embargo, la estricta etiqueta y la ausencia de un heredero (Masako no lograba quedarse embarazada) provocaron que la princesa se recluyera cada vez más, hasta desaparecer casi por completo de la vida pública. Son varios los que culpan al estricto protocolo por este tipo de situaciones dentro de la familia imperial.

Por otro lado, y al contrario que su predecesor y padre, el emperador Hirohito (el primero al que los japoneses pudieron escuchar su voz vía radio), Akihito siempre se ha mostrado como un emperador pacifista y más cercano al pueblo japonés. Fue el primero en contraer matrimonio con una “plebeya”, la ahora emperatriz Michiko. Son varias las veces en que ha pedido disculpas públicamente por los actos bélicos del ejército japonés en países como Corea del Sur o China. Asimismo, se ha mostrado reacio a reactivar el ejército, uno de los puntos clave del programa político de Shinzo Abe.

Sea cual sea la decisión tomada por el emperador Akihito, solo él mismo será el encargado de anunciarla públicamente llegado el momento.

Ana Alonso Giménez

Ana Alonso Giménez

Licenciada en Historia (especialidad en antropología), directora de Fantasy Cloud S.L y colaboradora en varios blogs que versan sobre Japón

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