China, el telón de una amistad

Madrid. “En busca de mi hermana china”, la primera novela de la periodista y escritora especializada en temas asiáticos Georgina Higueras, ofrece dos lecturas, una doble capa.

La más visible es la de un relato de ficción que recrea el reencuentro tras cerca de 40 años de dos íntimas amigas, casi hermanas (una española, la otra china), separadas por el tiempo, la distancia o, más simplemente, por los avatares de la vida. La segunda capa, la que convierte esta obra en una referencia imprescindible, en una lectura obligada para quien quiera entender la revolución económica y social más trascendental del siglo XX y de lo que va del XXI, se presenta como un trasfondo, un escenario que permite plasmar la atmósfera que respira su protagonista.

Beatriz es una joven estudiante de espíritu aventurero que viaja con una beca de postgrado a finales de los años setenta al misterioso y por entonces profundamente desconocido Imperio del Centro y que, una vez allí, no solo se encuentra a sí misma, sino también a un espíritu afín, una “hermana menor” cuya historia personal refleja la convulsa y con frecuencia trágica historia de la China comunista.

La joven española ya nunca será la misma, como le ocurrió a Georgina Higueras, quién por esa misma época, tras licenciarse en Ciencias de la Información, estudió en la Universidad de Pekín antes de convertirse en delegada de la agencia Efe. China fue el comienzo de una intensa carrera periodística que la convirtió luego en corresponsal en Washington y Estrasburgo y –ya en EL PAIS– en editora para Asia, enviada especial para los acontecimientos más trascendentales ocurridos en ese continente (guerras, magnicidios, catástrofes naturales…) y corresponsal en Moscú para la cadena SER.

Este paralelismo entre el devenir personal de la autora y el de su personaje apenas está camuflado en “En busca de mi hermana china”, como refleja la afirmación de que “cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia”. Describe, con precisión milimétrica, los escenarios de la acción, los de finales de los setenta y los de las décadas posteriores, cuando China entra de lleno en la lucha por la modernidad y por conjurar los demonios del pasado. Una pugna no exenta de tropiezos y contradicciones, polémica sobre todo a ojos occidentales, pero cuyos resultados son tan visibles que ni los analistas más críticos pueden obviarlos.

Con esta doble perspectiva, “En busca de mi hermana china” está abierta tanto a los lectores de novela como a los de ensayo histórico, siempre que unos y otros estén unidos por un interés común en lo que sin duda es “el país de moda”, empeñado en marcar el ritmo del avance hacia el futuro. Es la historia de Beatriz, de su intento en principio utópico por encontrar a su “hermana pequeña” y estudiante de Arqueología Zhou Xin, la remembranza del descubrimiento décadas antes de una China secreta y profunda, vetada a ojos extranjeros, de las heridas abiertas que dejo la Revolución Cultural de Mao Zedong. Y es también el contraste con la China del presente, de capitalismo desenfrenado aunque bajo rígido control del Partido Comunista.

La simple descripción de esos dos mundos a través de la peripecia de Beatriz y Xin, el hecho de ponerlos frente a frente para que puedan ser comparados, es toda una lección de historia, un notable ejemplo de divulgación al que ayuda un estilo claro y ameno que facilita la lectura.

“En busca de mi hermana china” es un soplo de aire fresco que aporta una visión a la vez subjetiva y objetiva, pero siempre certera, a la realidad del país más poblado y más dinámico del mundo. Una visión imposible sin una pasión personal, sin llevar a China en el corazón.

En definitiva, Georgina Higueras recrea en “En busca de mi hermana china” una relación entrañable, un reencuentro improbable, entre las turbulencias históricas de un país que hoy disputa a Estados Unidos la hegemonía mundial.

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