China a la conquista de América y el Caribe

Canal de Panamá
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Madrid. La importancia de China en el mundo y su pujanza económica cada vez adquieren mayor protagonismo en este mundo global, pues no hay continente que no tenga su influencia y ahora es América Latina y el Caribe que se han visto adsorbidos por los efectos de las relaciones económicas con el “gigante asiático” que ha creado en esta zona 1.800.000 puestos de trabajo netos, a causa del comercio, de la inversión y de la construcción de infraestructuras entre 1990 y 2011, según la Oficina  de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en esta región.

Desde que Donald Trump asumiera la presidencia de Estados Unidos en enero de este año, comenzó su política de repliegue del ámbito internacional y ya desde el primer día de su mandato empezó a hacer honor a sus promesas dando por concluida su participación en el Tratado Transpacífico (TPP), obligando a que los que iban a ser sus socios en este organismo,  países de América y de Asia, buscaran nuevas alianzas que sustituyeran la fallida asociación con EEUU y que China aprovechó la ocasión.

El eslogan de la campaña de Trump, America First, empezaba a hacerse realidad y los chinos, al mismo tiempo, reforzaban su estrategia económica de Made in China 2025.

Trump, además de renunciar al TPP, ha puesto en duda la utilidad del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), en el que sus socios son México y Canadá, ha cuestionado el funcionamiento de ciertas organizaciones financieras internacionales de las que es parte, entre las que se halla el Fondo Monetario Internacional (FMI), ha renunciado a continuar en la UNESCO, y ha cuestionado también el Tratado P5+1 con Irán, exigiendo una revisión de las garantías solicitadas a los iraníes y un reforzamiento de las sanciones, en contra de la opinión de sus socios, los otros cuatro miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU – China, Francia, Reino Unido y Rusia­ – y Alemania.

Respecto al TPP, muchos de los países de América estarían encantados de renegociarlo pues gran parte de las disposiciones de estos acuerdos los obligaban a desregular sus mercados financieros y sus leyes de propiedad intelectual, lo que facilitaría a las grandes empresas – norteamericanas en su mayoría – la realización de sus actividades financieras y comerciales sin apenas competencia ni interferencias de los gobiernos. Un ejemplo de esto son las reticencias mantenidas por Chile, para quien el acuerdo adolecía de falta de buena fe y de condiciones de igualdad para sus actores.

Igual que le sucedió a México con el TLCAN que, pese a que sus exportaciones se multiplicaron de forma considerable y a que se cuadruplicó la inversión directa extranjera, vio crecer su PIB per capita tan sólo un uno por ciento anual desde la firma del acuerdo en 1994, y experimentó la pérdida de más de dos millones de empleos relacionados con la agricultura.

En sentido contrario, México anunció en febrero la construcción de una planta de la empresa de propiedad estatal china JAC Motors (Anhui Jianghuai Automobile Co. Ltd.) dedicada a la fabricación de automóviles, vehículos de carga y transporte comercial ligeros, en Hidalgo por valor de  180 millones de euros y que dará empleo a 5.500 trabajadores. 

China, que considera a los países de América Latina y del Caribe tierra de vitalidad y esperanza, según recoge en un libro blanco sobre esta región, se comprometió a aumentar la actividad comercial con la región en 425.000 millones de euros y la inversión directa en 213.000 millones de euros antes de 2025, pero el Banco de Desarrollo y el Banco de Exportación de China proporcionan más financiación anual para el desarrollo de estos países que el Banco Mundial (BM), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Corporación Andina de Fomento (CAF) juntos.

Además de lo anterior, China ha creado también plataformas multilaterales financieras para América Latina, a las que ha dotado de 30.000 millones de euros (Fondo de Inversión de Cooperación Industrial China – LAC: 17.000 millones de euros; Fondo de Infraestructuras China – América Latina: 8.500 millones de euros; Fondo de Cooperación China – América Latina: 4.300 millones de euros).

La conquista china de América Latina y el Caribe queda clara si tenemos en cuenta que el presidente chino, Xi Jinping, ha hecho ya varios viajes a esta región, uno de los cuales tuvo lugar a principios de 2017, a los pocos días del acceso de Trump a la Casa Blanca, tras haber invertido China en la región 80.000 millones de euros, sólo en 2016, y ya se ha convertido en el principal socio comercial de Brasil, Chile y Perú.

En lo que se refiere a Panamá, uno de los veintiún países que reconocían a Taiwán, abrió en noviembre embajada en Pekín, tras establecer relaciones diplomáticas en junio, al tiempo que firmaba doce acuerdos, uno de los cuales es la construcción de una línea de ferrocarril que conectará Panamá con Costa Rica, lo que representa un paso más en la estrategia china de aumentar su influencia en la región y cuyo proyecto de viabilidad será financiado por China.

También han intensificado los chinos sus relaciones con Brasil al comprometerse a invertir en este país, apoyando con ello el plan de privatizaciones del presidente Michel Temer, principalmente en los sectores energético, agrícola y de infraestructuras de Brasil, donde se concentra una parte importante del mercado que Temer quiere privatizar.

Y, entre otros acuerdos, se ha abierto una línea de crédito de 255 millones de euros para el Banco do Brasil, la concesión de una licencia a la empresa china State Grid, para la construcción de la línea de alta tensión entre Río de Janeiro y Xingu, en el Mato Grosso, y un memorando de entendimiento con la brasileña Eletrobras – puesta en venta por Temer – para continuar con la construcción de la central nuclear Angra III.

El último acto – hasta el presente – de la conquista china de América Latina y el Caribe tuvo lugar el pasado 2 de diciembre en Punta del Este, Uruguay, cuando se clausuró la XI cumbre empresarial China – América Latina y Caribe, en la que 2.500 empresarios chinos y de América Latina y Caribe se reunieron para profundizar sus relaciones comerciales y potenciar las inversiones y la cooperación gubernamental.

La apertura de la cumbre estuvo presidida por el presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, por el vicepresidente de la Conferencia Consultiva del Pueblo Chino, Ma Peihua, y por el presidente del BID, Luis Alberto Moreno, quien llamó la atención sobre el crecimiento comercial entre China y América Latina y el Caribe que en la presente cumbre ha alcanzado la cifra de 216.000 millones de dólares.

No obstante, todos los analistas acaban pidiendo cautela a los países de América Latina y el Caribe a la hora de aceptar los flujos financieros, las inversiones de capital y las relaciones comerciales que propone China. Algunos incluso llegan a decir que lo que China está haciendo es prepararse para exportar millones de personas y recuerdan que en África, en Nigeria y Angola principalmente, los trabajadores locales perciben un salario de un yuan al día, unos doce céntimos de euro al día, en tanto que han recibido unos 750.000 mil chinos, que ni se integran en las sociedades de acogida, ni permiten que los locales se integren con ellos, pues les prohíben la entrada a sus comunidades sociales.

En suma, mientras Trump apunta a Rusia y China como rivales que amenazan la prosperidad de EEUU, que buscan, según Washington, perjudicar la prosperidad estadounidense, el “gigante asiático” sigue aumentando las ventas exteriores como gran socio de América Latina y el Caribe y ocupando en el mundo el espacio que va dejando Estados Unidos, que refuerzan cada vez más la relación comercial de Moscú y Pekín ante la política actual del presidente estadounidense, sobre todo por ser abiertamente contrario al libre comercio y la multilateralidad que ha dominado el panorama económico en las últimas décadas y que al mismo tiempo ha sido como  empujón definitivo para el avance de Pekín.

Juan de Castro Pita

Juan de Castro Pita

ex consultor de Naciones Unidas

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