China y EEUU buscan cómo frenar a Corea del Norte

Pyongyang

Madrid. Corea del Norte y Estados Unidos siguen enzarzados en una estrategia retórica que solo conduce a más inestabilidad en la península coreana pero lejos de un conflicto militar  pese a las advertencias de EEUU a Pyongyang de usar la fuerza ante un ataque nuclear norcoreano, que nunca se producirá, salvo que el régimen de Kim Jong-un quiera suicidarse, mientras China trata de que abandone su programa nuclear y entenderse con Washington.

Corea del Norte ha aprovechado la visita del secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, a Pekín, para volver a ganar su “guerra mediática” al anunciar la prueba de un nuevo motor para la impulsión de cohetes, en una nueva demostración de fuerza y advertencia a la visita de Tillrson a China, quien hace dos meses amenazó al “gigante asiático” de bloquearle en el Mar de China Meridional, pero que tras su entrevista con el presidente chino, Xi Jinping, la tensión en la península coreana a raíz del inminente despliegue de los misiles THAAD puede “relajarse” momentáneamente en una imprescindible y necesaria colaboración entre los dos países para poner fin al programa nuclear de Pyongyang.

Estados Unidos colaborará con China y hará “todo lo posible” para persuadir a Pyongyang para que abandone su programa de armamento, unas declaraciones más suaves de Tillerson, pero que constatan que tanto Pekín como Washington van a tener que emplearse a fondo limando otras diferencias en la zona para evitar que Corea del Norte marque la agenda de los dos potencias mundiales.

Barack Obama ya le advirtió a Donald Trump que Corea del Norte le traería “ciertas incomodidades” cuando el actual presidente estadounidense mostró interés en entrevistarse con Kim Jing-un, a quien “regañó por comportarse muy mal” por sus lanzamientos de misiles y al mismo tiempo acusó a China de hacer poco para impedir que Corea del Norte siga con su desarrollo nuclear.

La visita de Tillerson a China y su encuentro con Xi sirven como preparativo al que tendrán en dos semanas el jefe de Estado chino con el presidente Donald Trump, en el club privado del magnate norteamericano en Florida y que será un momento adecuado para relanzar las relaciones entre los dos países, tras diversos desacuerdos, entre otros, en torno a Taiwán, Corea del Norte, el Mar del sur de China o el comercio, donde EEUU ahora insiste a China en su objetivo de lograr una relación comercial “justa” que genere beneficios a ambas partes, después de que Trump criticara el superávit comercial chino, de ahí que una “guerra comercial” entre los dos países no beneficia a nadie.

No obstante, la gira que acaba de hacer esta semana Rex Tillerson por Japón, Corea del Sur y China, ha evidenciado una nueva geoestrategia que marca la lucha hegemónica en la zona entre Estados Unidos y China que se ha visto salpicada por la instalación del sistema antimisiles estadounidenses THAAD en territorio surcoreano, lo que refuerza a Corea del Norte en su desarrollo nuclear como medio de defensa y al mismo tiempo, pese a que Pekín cumple con las sanciones internacionales a Pyongyang, el “gigante asiático” muestra un mayor “relajamiento” en su “dureza” contra el régimen de Kim Jong-un como una clara protesta contra la ubicación de estos misiles en la zona, que está perjudicando a las relaciones comerciales entre Pekín y Seúl.

Corea del Sur celebrará nuevas elecciones presidenciales en mayo próximo a raíz de la destitución de la presidenta Park Geun-hye, que en caso de que ganara Moon Jae-in, del Partido Democrático de Corea, de orientación centroizquierdista, gran favoritos, según las últimas encuestas, podría cambiar las relaciones con Corea del Norte e incluso revisar la instalación de los misiles THAAD, lo que supondría una nueva orientación política en la península coreana, la cual vive bajo en una permanente tensión nuclear y una ciclotimia política prácticamente igual desde que en 1948 se produjo la división de las dos Coreas.

Estados Unidos sabe que si ataca a Corea del Norte el régimen comunista cae de forma inmediata, dada la enorme superioridad, al igual que si Pyongyang atacara a Corea del Sur o a Japón o incluso si lanzara misiles más a allá de las aguas del Mar del Este (Mar de Japón) tendría una respuesta surcoreana-estadounidense-japonesa que originaría la desaparición del régimen de Kim Jong-un, pero claro China no lo permitiría y tendría el apoyo de Rusia, lo que resalta la enorme complejidad de intereses militares que están sirviendo para que Estados Unidos siga desarrollando su material militar en Corra del Sur, Japón continué armando su ejército, Corea del Norte amplíe estrategia nuclear como medio de defensa y Pekín aprovecha la actual coyuntura para fortalecerse en el Mar de China Meridional sin olvidar sus litigios con Tokio en el Mar de China Oriental.

Nadie duda que la hipotética amenaza del régimen norcoreano ha alcanzado ya “niveles peligrosos”, dado su enorme desarrollo nuclear, que sigue siendo su única arma para la supervivencia del régimen que cada día lo fortalece nuclearmente como se ha visto hace un par de días con la prueba en tierra de un motor para cohetes, pero de ahí a un conflicto militar es descartable por los numerosos intereses que hay en juego y más cuando tanto chinos como estadounidenses tienen más que perder que ganar.

La clave sigue siendo que Corea del Norte abandone su programa nuclear, Estados Unidos y sus aliados (Japón y Corea del Sur) dejen las maniobras militares aparcadas durante un tiempo, China presione a Pyongyang para que acuda a las conversaciones a seis bandas,  (Rusia, EEUU, China, Japón y las dos Coreas), además de que Pekín garantice la seguridad del régimen a Kim Jong-un, en especial cuando se ha especulado en varias ocasiones que al “gigante asiático” le gustaría un cambio al modelo chino pero con el actual líder eso es casi imposible.

En definitiva, estas conversaciones a seis bandas, suspendidas desde 2008, siguen siendo la mejor baza para apaciguar la zona y ofrecer a Corea del Norte un nuevo panorama político-económico, que están encaminadas a detener el programa nuclear de Corea del Norte a cambio de reconocimiento diplomático, petróleo y otras partidas para suplir su falta de energía y ayuda humanitaria, en un momento que arrancaría con una nueva etapa en la zona, único foco existente de la “guerra fría”, y donde aún perdura un armisticio y no un tratado de paz entre las dos Coreas tras su enfrentamiento militar en 1950.

Santiago Castillo

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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