China continental, el Vaticano, Taiwán y América Latina, ejes de la política de Pekín

El Vaticano
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Madrid. La bonanza económica de la que disfruta actualmente la República de China (Taiwán)  puede verse eclipsada por unos hechos que poco tienen que ver con su economía, y sí tienen que ver con su situación geoestratégica como parte de otro Estado más poderoso por su tamaño y población, desde la perspectiva de uno de sus aliados más antiguos, el Vaticano, además de otros países de Centroamérica y las consecuencias que un cambio de perspectiva puede tener en otros aliados.

En 2017, Taiwán ha experimentado un crecimiento del 11,1 por ciento respecto al año anterior en su producción de tecnología inteligente, con un valor total de 37.000 millones de dólares, según anunciaba el primer ministro de la isla, Lai Ching-te, quien subrayaba además que el motor de la economía taiwanesa, las exportaciones, se habían beneficiado de la alta tecnología gracias al plan de innovación industrial iniciado en ese mismo año en los sectores de biotecnología, energía verde, maquinaria inteligente y defensa.

El Gobierno de la presidenta taiwanesa, Tsai Ing-wen, se ha propuesto dinamizar la economía del país mediante una serie de planes de innovación industrial, de inversiones en infraestructuras y con el incremento de un 3 por ciento del salario de los empleados públicos y la apertura de las fronteras a los trabajadores de otros países.

Los intentos de intimidación militar por parte de la República Popular China, mediante el envío de aviones y barcos a las proximidades de la isla o la apertura de rutas aéreas próximas al espacio aéreo taiwanés han tenido también repercusión en la defensa de la isla, cuyas fuerzas militares se han puesto manos a la obra para transformar sus lanzaderas de misiles Yun Feng en lanzaderas de largo alcance hasta los 2.000 kilómetros, dejando dentro de su radio de acción no sólo la capital, sino también diversas instalaciones militares.

Pero Taiwán ve con preocupación creciente el acercamiento de China a algunos de sus aliados, entre ellos el Vaticano que parece acercarse cada vez más a Pekín, que además comparte foros económicos con El Salvador, República Dominicana y Haití a través de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac).

Los países de la Celac llevan dos años celebrando cumbres ministeriales con China – la primera en 2017, en Pekín; la segunda el pasado enero en Santiago de Chile –  y mantienen cada vez más vínculos comerciales con China continental, como se ha visto recientemente en Santiago de Chile, particularmente Haití, El Salvador y República Dominicana, entre sus aliados, que probablemente han recibido ofertas de financiación y de inversión.

Estos países han asegurado a su aliado chino insular su compromiso de seguir manteniendo relaciones diplomáticas, aunque persiste la sensación de deslealtad por parte de Panamá, cuando tras recibir promesas de inversión y de mejora de su infraestructura viaria – el proyecto de carretera de Panamá hasta Costa Rica en el contexto de la nueva Ruta de la Seda del siglo XXI -el gobierno panameño fue instado a romper relaciones con la isla y abrirlas con la República Popular China, lo que hizo sin dudar.

El caso del único aliado europeo de Taiwán no es tan sencillo. Cuando Mao Zedong expulsó al nuncio de Pekín en 1951, éste salió del continente para instalarse en Taiwán. Actualmente conviven dos variedades de Iglesia Católica en la República Popular de China, una oficialista o patriótica que sigue las indicaciones de Pekín, cuyas autoridades nombran los obispos de su agrado, la otra fiel al Vaticano y que actúa en la semiclandestinidad.

Así, esta dualidad no tendría por qué inquietar al gobierno taiwanés si no fuera por el hecho de que mientras en China continental hay un total de 60 millones de cristianos, un tercio de los cuales son católicos, en la isla de Formosa hay casi 24 millones de habitantes, no necesariamente católicos todos. Ni se les escapa a los eclesiásticos del Vaticano que la República Popular China tiene más de 1.300 millones de habitantes, de los cuales 60 millones como poco son cristianos. En opinión de Robert Royal, editor jefe de The Catholic Thing, no es aventurado decir que hay más cristianos en Misa un domingo por la mañana en China que en toda Europa.

Lo más preocupante, no obstante, según Joseph Zen, un antiguo cardenal de Hong Kong, de 86 años de edad, es que la delegación papal que negocia en nombre del Vaticano en China, habría pedido el pasado diciembre a dos obispos, Peter Zhuang, de Shantou, y Guo Xijin, de Fujian, que renunciaran en favor de dos obispos de la iglesia oficial, lo que motivó a Zen a viajar a Roma para hablar con el Papa Francisco en nombre de los fieles de la iglesia clandestina.

Por su parte, Bernardo Cervellera, editor de la publicación del Vaticano, Asia News, considera también, igual que el antiguo cardenal, que la comisión negociadora está haciendo demasiadas concesiones a los chinos.

No cabe duda que estas noticias no son buenas para Taiwán, ya que un acuerdo del Vaticano con el régimen de China continental supondría el fin de sus relaciones con el único aliado europeo y tal vez, si se produjese un efecto de contagio, con una buena parte de sus otros aliados.

Vistas así las cosas, Taiwán sigue muy de cerca el desarrollo de los contactos entre Pekín y el Vaticano, sobre todo cuando sabe de la presión ejercida de China sobre las relaciones diplomáticas entre Taiwán y los países de América Latina y el Caribe, pero desde la toma de posesión de la presidenta Tsai Ing-wen, del independentista Partido Demócrata Progresista (mayo de 2016), China ha intensificado su campaña por restringir el espacio internacional de Taipéi y fue precisamente en junio de 2017 cuando le arrebató a la isla Panamá, uno de los más importantes socios diplomáticos de Taiwán en Centroamérica.

Pero lo mismo pasa con el resto de los países latinoamericanos, donde la era Trump ha dado lugar a que EEUU se desplome como líder mundial, cuyo país pierde el primer puesto del que disfrutó durante la mayor parte del mandato de Barak Obama, pese a la inquietud del secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, que considera “alarmante” el avance de Rusia y China en la región.

El “gigante asiático” sigue ocupando cada vez más espacio en la comunidad internacional ante una nefasta política exterior estadounidense y ve como el intercambio comercial entre  América Latina y el Caribe (Cepal) se ha multiplicado por 22 en el periodo 2000-2013, y el año pasado ya alcanzó los 215.600 millones de euros.

Y para redondear el asunto chino, tenemos no sólo el conflicto nuclear de la península coreana, donde Pekín y Seúl son partidarios de un diálogo que Donald Trump no valora, además de la situación en torno a la estrategia de las islas del mar de China Meridional y mar de China Oriental, pero está claro que Xi Jinping, que podría estar en la órbita del poder hasta 2022, busca que China sea la primera potencia mundial en 2050.

Juan de Castro Pita

Juan de Castro Pita

ex consultor de Naciones Unidas

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