China compite con Occidente por la influencia en el Tercer Mundo

Xi Jinping y el expresidente sudafricano, Jacob Zuma, en una cumbre de los BRICS. | Kremlin

Madrid. China ha emprendido un ambicioso proyecto político hacia Latinoamérica, Oriente Medio y África con el fin de fortalecer su presencia, proyectarse como potencia, establecer una amplia red de infraestructuras y comunicaciones.

Actores internacionales califican esta “Nueva Ruta de la Seda” como una forma de colonialismo y expansionismo, y temen que la deuda pueda ser un factor que debilite la soberanía nacional de cada Estado y permita una intervención comercial, política y militar de China.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) está preocupado en particular por el caso de Yibuti (este), un pequeño país africano, cuya deuda pública pasó del 50% al 85% del Producto Interior Bruto (PIB) en solo dos años a causa de los créditos contraídos con el Exim Bank, un banco público chino.

La última edición del Foro de Cooperación África-China (FOCAC), celebrada este mes en Pekín, ha servido para que Estados Unidos y otros países viertan críticas sobre el presidente chino, Xi Jinping, que se ha limitado a solicitar respeto hacia la soberanía de los pueblos africanos.

Durante el foro, Xi ha defendido que las relaciones que mantienen con el continente no conllevan ningún compromiso político, sino que responden a la búsqueda de un “beneficio mutuo”.

Tras varias reuniones con diversos líderes, Xi Jinping ha alcanzado algunos acuerdos que sirven para fortalecer las alianzas económicas, políticas y militares, caso de la Declaración de Pekín, que reforzará la cooperación en áreas claves como el comercio, la sanidad o la lucha contra el cambio climático.

Además, ha conseguido que Mauricio (sureste) firme un tratado de libre comercio (TLC) con China, convirtiéndose en el primer país africano en firmar un acuerdo de este tipo.

Xi ha incidido en que China quiere contribuir a la paz y al desarrollo de África y demostrar que puede hacerlo mejor que Occidente. Por ello, ha prometido ayudas millonarias para apoyar su progreso. En concreto, la implicación del “gigante asiático” se materializará en 60.000 millones de dólares (unos 52.000 millones de euros).

13.000 millones de euros irán destinados a préstamos sin intereses, 17.280 millones en líneas de crédito, 8.640 millones en fondos para el desarrollo y 4.320 millones para financiar las importaciones africanas. Asimismo, Pekín incentivará con 8.640 millones a las empresas chinas que decidan invertir en África.

Xi Jinping quiere demostrar que puede hacerlo mejor que Occidente en África, donde las ayudas estadounidenses y europeas no han cosechados éxitos destacados.

China es el principal socio comercial de África, con una balanza de 146.000 millones de euros anuales. La inversión china en el continente africano ha permitido crear infraestructuras y cerca de un millón de puestos de trabajo, según el Ministerio de Comercio chino.

El FOCAC, desde su creación hace dieciocho años, ha ido ganando importancia hasta convertirse en una cumbre prioritaria para el régimen chino y los países africanos.

Esta influencia también está empezando a hacer mella en Latinoamérica, donde República Dominicana, El Salvador y Panamá han roto este año relaciones con Taiwán para estrechar lazos diplomáticos con China.

Ángel Carreño Arias

Ángel Carreño Arias

Estudiante de Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid (UCM)

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