China avanza en la reforma del hukou

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Madrid. Desde su puesta en vigor el siglo pasado, en 1958, por el régimen de Mao Zedong, el hukou o permiso de residencia chino continúa ejerciendo la segregación geográfica entre los ciudadanos rurales y urbanos del país, en función del lugar de nacimiento, con restricciones en cuanto a libre circulación y mejores servicios sociales, como el acceso a la educación, la sanidad y la seguridad social.

Análogo al método propiska impuesto por la URSS en 1932, este sistema de encuadre nacional se encuentra a su vez presente, con características similares, en Taiwán, Japón, Vietnam, Corea del Norte y, hasta el año 2008, en Corea del Sur, donde se declaró incompatible en relación a su Constitución.

Después de su introducción, las encarcelaciones y repatriaciones al punto de origen de los detenidos estuvieron a la orden del día. Para contemplar las primeras distensiones hay que retrotraerse a finales de siglo, cuando afloraron claros indicios de que el engranaje de la maquinaria del ‘’gigante asiático’’ pasaba por una masiva producción industrial en las grandes metrópolis del país, necesitadas de mano de obra.

La problemática, en la actualidad, muestra un importante progreso en comparación con décadas anteriores, cambiando la tendencia a favor del éxodo rural de manera paulatina, lo que ha incrementado notablemente el número de emigrantes campesinos en las ciudades, donde residen el 55 por ciento de los chinos, si bien sólo el 36 por ciento posee el hukou urbano, con el propósito marcado de alcanzar el 45 por ciento en 2020.

Nota de ello es la política implantada por el Ejecutivo de Xi Jinping, más proclive a las reformas que sus antecesores, que, entre otras medidas, anunció en diciembre la concesión de registro a 13 millones de personas, una población no registrada que representa el 1 por ciento del total 1.400 millones—, según el Censo Nacional de Población emitido en 2010, aunque estudios externos auguran que la cifra oficial es superada con creces.

En su mayoría, niños huérfanos o carentes de registro por la política del hijo único, suprimida el pasado mes de octubre, tras tres décadas desde su implantación en 1980, permitiendo a las parejas del “gigante asiático” concebir hasta dos hijos en su lucha contra el envejecimiento de la población, que actualmente se sitúa en el 10 por ciento de sus habitantes con una edad superior a los 65 años, señala el Banco Mundial (BM).

Para la transformación del sistema, uno de los aspectos de mayor trascendencia reside en la urbanización de las ciudades, cuando se dispone a entrar en funcionamiento el 13º Plan Quinquenal (2016-2020) trazado por el Partido Comunista Chino (PCCh), que para el nuevo año prioriza el ámbito urbanístico dentro de sus materias claves, siempre y cuando mantenga una correlación con el permiso de residencia que salde beneficios para ambas partes.

Desde años atrás, expertos en economía vinculan la necesaria reforma del hukou a una mejor diversificación de la mano de obra urbana, más ahora de un cierto frenazo de la actividad industrial, tras retroceder el PIB de la segunda potencia mundial a un crecimiento del 6,9 por ciento este curso, luego de cotas no inferiores al 7 por ciento desde 2009.

La primera medida aprobada para este año ha sido el traslado progresivo a la ciudad de 100 millones de agricultores, con el objetivo prioritario de que adquieren apartamentos urbanos como oposición al exceso de inventario que asola el país, anunció Xu Shaoshi, director de la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma.

Aunque los movimientos estarán supervisados al milímetro por el Gobierno, pues el permiso de residencia estructura la geografía del país dependiendo del tamaño e importancia de la urbe en cuestión, no siendo equivalente el número de desplazamientos hacia las mayores metrópolis, como Pekín, Shanghái o Guangzhou, al del resto de medianas y pequeñas ciudades.

No obstante, sin una reducción de los precios fijados por el mercado inmobiliario, que rondan los 10.000 yuanes —1.400 euros— por metro cuadrado, tras dos años de descenso del sector, la disposición resultará difícil de culminar, teniendo en cuenta los bajos salarios de 2.800 yuanes —400 euros— recibidos de media mensualmente por los emigrantes.

El Partido Comunista Chino (PCCh), por el momento, centra sus esfuerzos en convertir gradualmente a los emigrantes rurales en ciudadanos urbanos, apelando, en palabras del propio Xi Jinping, a que resultará productivo para ‘’la oferta de mano de obra, la demanda de consumo, la estabilización del mercado de la vivienda y la expansión de la inversión en infraestructura urbana’’.

Porque más allá de las disputas territoriales en los mares de China Meridional y Oriental con sus vecinos asiáticos, aliados en mayor o menor grado con los Estados Unidos, también presente en diversos altercados acontecidos en la zona, y la pugna contra la contaminación atmosférica del país, el hukou continúa prolongando la frustración de una parte de la población china, anhelante de ser partícipe, pero en la ciudad, de la transformación del ‘’gigante asiático’’ como la gran potencia emergente del adolescente siglo XXI.

Sergio Perea Martínez

Sergio Perea Martínez

Estudiante de Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid.

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